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Metáforas futboleras para entender la ciencia y tecnología

Candidatos presidenciales-ciencia y tecnología

Marcela Amaro Rosales


Ciencia y tecnología para todos


jueves 14 de junio de 2018

El ansiado quinto partido

La finalidad de esta columna es mostrar algunos ejemplos de cómo la ciencia, la tecnología y la innovación contribuyen a la solución de problemáticas muy específicas en diversos ámbitos de nuestra vida diaria. El objetivo es acercar a nuestra cotidianeidad aspectos que creemos alejados y que sólo le corresponden a especialistas o interesados en el tema. El día de hoy saldré un poco del esquema habitual porque me parece fundamental hablar sobre las elecciones próximas en el país y las decisiones que como ciudadanos debemos tomar.

El martes pasado se llevó a cabo el tercer debate organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) entre los cuatro candidatos presidenciales, me interesaba verlo porque precisamente uno de los temas a debatir era el de la “ciencia y la tecnología”. Quisiera decir que me sorprendió el nivel tan bajo de los candidatos, pero la verdad es que no es así. El debate estuvo a la misma altura de lo que han discutido o tratado de discutir en otras ocasiones. Es decepcionante que sólo se hayan repetido frases como: “invertir en educación y ciencia” y “educación de calidad”, entre otras conocidas.  En el caso de Ricardo Anaya, hablar de ciencia y tecnología sólo lo remite a pensar en internet, infraestructura y acceso. Para Jaime Rodríguez, lo más relevante es aumentar al 1.5 o 2% el gasto en este rubro. López Obrador propuso destinar el 1% del Producto Interno Bruto (PIB), aumentar las becas y fortalecer al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) a través del nombramiento de la Dra. Álvarez-Buylla como directora del Consejo. Finalmente, para Meade es importante apostar a la tecnología aplicada.

candidatos presidenciales

En síntesis, uno de los candidatos confunde acceso a la tecnología con el desarrollo mismo de la tecnología, otros dos consideran que es una cuestión de aumentar los recursos y el otro de apostar. Bueno, no me congratulo con lo que dijo ninguno de ellos. Me parece que no se dan cuenta de que están tratando un tema toral que implica mucho más que lugares comunes y buenos deseos. Además, considero que la dirección de un órgano como el CONACYT debería de quedar en manos no de científicos reconocidos, sino de conocedores de políticas públicas de ciencia, tecnología e innovación. Y no es por demeritar la actividad científica de la propuesta, pero para conducir el tema se requieren habilidades y capacidades que me parece van más allá de la alta calidad que podamos tener en nuestras áreas de investigación científica.

En México llevamos ya varios años tratando de cumplir la meta del 1% del PIB destinado al Gasto en Investigación y Desarrollo Experimental (GIDE). Es algo así como el tan deseado quinto partido, algo a lo que aspiramos, pero que en definitiva no nos asegura ser de los que lleguen a la final y mucho menos ser ganadores. Sólo para situarnos en nuestro contexto, durante 2016[1] el GIDE decreció en 3.55% respecto al 2015 y la participación del sector público en su financiamiento representó el 67.35% del total. Con relación al PIB, el GIDE fue del 0.50% situándose por debajo de Brasil (1.14%), Argentina (0.63%) y Costa Rica (0.57%), para hablar de los países latinoamericanos. Pero en el caso de los países del OCDE, la comparación es aún más penosa: Corea 4.23%, Japón 3.29% y Alemania 2.93% (datos correspondientes a 2015). Sin embargo, me gustaría destacar que, en el caso de los países de la OCDE, la aportación del GIDE privado es significativamente mayor que el público, a diferencia de México.

Lo anterior expresa varias cosas; la primera es que las empresas mexicanas invierten poco en investigación y desarrollo experimental, lo cual habla de la poca cultura innovadora y a su vez implica la implementación de estrategias de política publica que incentive y fomente este rubro y, por otro lado, la baja inversión por parte del Estado mexicano. En ambos casos, se requiere de una política agresiva y contundente que motive a los agentes a creer en la ciencia y la tecnología. No se trata sólo de dar más becas, porque si bien es un tema relevante, vamos a seguir formando maestros y doctores que enfrentan un panorama laboral incierto y poco exitoso. Pensar en la formación de recursos humanos significa eslabonar una estrategia que les permita desarrollarse en las actividades que se han formado, no únicamente vivir de las becas; significa crear empresas, crear mercados, fortalecer el mercado interno, pero también explorar mercados externos. Significa conectividad, pero no hablamos de infraestructura sino de identificación de necesidades, de direccionar recursos escasos y definir prioridades.

Me preocupa que nadie esté pensando en cómo emplear a esos maestros y doctores, cómo insertarnos en tecnologías importantes a nivel mundial, cómo eslabonarnos a mercados internacionales y generar mayor valor agregado. De esto también se trata la ciencia y la tecnología, no únicamente de celulares y tabletas. Se trata de ver a la ciencia y la tecnología como un motor fundamental de la vida económica y social, de culturizarnos acerca de la importancia que tiene la investigación, el desarrollo y la innovación. Tomarlo en serio, no sólo aspirar al 1% del PIB, sino en generar un verdadero plan de ciencia, tecnología e innovación que nos conduzca por un mejor camino, pensando en el desarrollo de capacidades y habilidades que nos sitúen competitivamente en la sociedad global. Es importante que se aumente el gasto federal, no tengo la menor duda, pero es más importante que se escuche a los expertos y que no se olvide que es una cuestión que no sólo atañe a científicos, involucra a empresarios, sociedad civil y diversos organismos públicos y privados. Pensemos en el futuro cercano y reflexionemos sobre las verdaderas necesidades en este tema, no ideologicemos ni nos conformemos con menos de lo que merecemos como país.

[1] Datos tomados del Informe General del Estado de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación 2016, CONACYT.
El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Marcela Amaro Rosales

Marcela Amaro Rosales
Egresada de la Licenciatura en Economía de la UNAM, maestra y doctora por la UAM-X en el área de Economía de la Innovación. Ha impartido cátedra en el ITESM sobre políticas de ciencia y tecnología, en la UAM-X y la UNAM sobre empresas e innovación. Actualmente labora en el Posgrado de Economía de la UNAM y en el Instituto de Investigaciones Sociales de la misma universidad. Sus temas de interés son la innovación, las tecnologías emergentes, las políticas públicas y la transferencia de conocimiento. Aunque su verdadera obsesión es la biotecnología, ama a los perros, las caminatas largas, la música y el cine.