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La Cuarta Transformación de México

nuevo gobierno
Andrés Manuel López Obrador (Foto: Rodrigo Arangua/AFP).

miércoles 17 de octubre de 2018

La llamada Cuarta Transformación de México intenta colocarse en los anales de nuestra historia de manera precipitada y todavía sin mérito alguno. Es cierto, todavía ni siquiera ha entrado en vigor el nuevo régimen, pero se le ha anunciado tanto que el desgaste ha sido de igual magnitud. La grandilocuencia con que se le refiere, desproporcionada, por cierto, con relación a lo alcanzado, provoca alta curiosidad por saber qué significa en realidad.

Comparar el proyecto que se pretende ahora con el movimiento de la Reforma del presidente Juárez, el cual estableció el México de instituciones que hoy gozamos, proponerlo como continuador de la aspiración democrática del presidente Madero o al nivel nacionalista y social como lo fuera el del presidente Cárdenas, pareciera una misión casi imposible, pues para lograrlo el gobierno que entrará en vigor el próximo primero de diciembre tendrá que confrontar los intereses de las élites que siempre han decidido en este país.

El reto no es cosa menor, sino todo lo contrario, pues es arduo y reclama la virtud más alta de aquellos que pretenden llevarlo a cabo. Esta transformación exige cambios de paradigmas a nivel legal, por un lado, y a nivel moral, por otro lado.

Los cambios legales tendrían que enfocarse en impedir la concentración del poder y la riqueza.  El cambio moral sólo se alcanzaría al garantizar satisfactores básicos que mantengan estable a la sociedad, como la generación de empleos, servicios de salud, seguridad y educación, todos estos de calidad para el total de la población en necesidad de ellos, además de garantizar también la sana convivencia familiar, pues la educación pública y familiar cerrarían la pinza en la transmisión de valores morales a las nuevas generaciones.

Andrés Manuel López Obrador

López Obrador durante su cierre de campaña en el Estadio Azteca, 2018 (Foto: AFP).

Impedir la concentración del poder y la riqueza significaría terminar con los privilegios de las élites (que de facto son las que gobiernan este país) que se ven beneficiadas de ellos y que harán todo lo que esté en sus manos para mantener el statu quo.

Sólo dos veces en la historia de nuestro país se ha combatido a esas voraces élites. Precisamente, la primera a mediados del siglo XIX, por obra de un puñado de liberales liderados por Benito Juárez, quienes enfrentaron a la iglesia católica para quitarle el yugo que tenía sobre la población. La segunda, en la década de los años 30 del siglo pasado, con Lázaro Cárdenas, al gestarse las reformas estructurales que permitieron el desarrollo económico y social de las masas populares. En el caso del efímero periodo maderista, no hubo en realidad un cambio sustancial que se reflejara en beneficio de la población, sobre todo campesina y trabajadora, quienes eran los más en aquellos años.

La aspiración del próximo gobierno como paladín del cambio que requiere México es muestra, por lo menos, de voluntad política, sólo con el paso del tiempo podremos dar cuenta si efectivamente se logró. La vara con la que se quieren medir es muy alta, pues la talla, sobre todo de hombres como Juárez y Cárdenas, no parece fácil de abarcar.

Hay que darle tiempo y otorgar el beneficio de la duda, pero las primeras muestras de esa buena voluntad podrían ser que nos dijeran quiénes serán los que invertirían en la construcción del nuevo aeropuerto internacional o en la del tren del sureste y cuáles serían sus ganancias; quiénes van a comprar los terrenos aledaños a esas construcciones y en cuánto; quiénes, por ejemplo, se van a quedar con el negocio de la venta de la mariguana una vez legalizada. Tendrían que sancionar a los responsables del caso Odebrecht, la Casa Blanca o la llamada estafa maestra. Con esas muestras podríamos creer en la Cuarta Transformación de México.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

3 comentarios

  1. Antonio M. Prida

    La muestra de voluntad política para el cambio que mas impacto tendría, estimado Maecial Manuel, sería procesar penalmente al primero de los suyos que cometa tropelías, no como un chivo expiatorio, sino como el primero de todos y cada uno de los casos en que miembros del nuevo régimen cometa delitos. Si se quiere acabar con la impunidad, no hay otra que poner el ejemplo.

    • Muchas gracias Antonio por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo. La ley no está sujeta a excepciones, salvo aquellas que ella misma contemple.

  2. Tras los anuncios se perciben, elocuentes, las reales intenciones. No hay que ahondar demasiado en la historia. Es evidente que tras el escudo de los próceres se esconde la perfidia.
    La apropiación del poder de manera absoluta evitará el ndispensable equilibrio. La fiebre de los astutos aparecerá inmediata.
    Obligada la ecualización por la vía social. La auditoría ciudadana y la exigencia de cuentas desde hoy.
    Los que pretenden gobernar dan ya cuenta de su estilo y predisposición.
    Un gato pardo. Que cambie todo para que nada cambie.

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Sobre Marcial Manuel Cruz Vázquez

Marcial Manuel Cruz Vázquez
Licenciado, maestro y postulante a doctor en derecho. Funcionario público y profesor de la UNAM de filosofía del derecho.