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Devuelve mediación rostro humano al sistema jurídico

proceso de mediación

Mauricio Jalife Daher


Encerrado en un Círculo

Imagen: fortunylegal.com.

viernes 22 de marzo de 2019

Manuel llegó a la cita totalmente escéptico y de mal humor. Había atendido a la recomendación de su abogado, quien tampoco vislumbraba nada bueno derivado de la reunión, que no fuese conseguir información sobre las posibles acciones de la contraparte. Para los dos, Manuel y su abogado, un proceso de mediación en un caso de la gravedad y confrontación como éste, no admitía ya posibilidad alguna de éxito. Demasiados agravios, demasiados gastos, demasiada intransigencia.

Para Ricardo, la situación tampoco era grata. No sólo no creía en la opción planteada por su abogado de intentar mediar con la contraparte, sino que no le apetecía sentarse en la misma mesa con Manuel, a quien desde la ruptura como socios no había vuelto a ver. Desde su visión, el ejercicio resultaría inútil, y sólo daría una nueva oportunidad al adversario para recalcar, desde su arrogancia y prepotencia, sus absurdas e injustas pretensiones. Tres años de enconado litigio le había mostrado la peor cara de su antiguo socio.

Luego de una apertura general por parte del mediador, explicando las reglas y los alcances del proceso, cada parte podría exponer brevemente su postura. Nada de lo dicho en la mediación podría usarse o salir de ese cuarto; cualquier parte podría retirarse del proceso en algún momento; correspondía a las partes construir cierto acuerdo; y si se lograba un acuerdo, éste se plasmaba en un convenio que equivalía a la sentencia de un juez.

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Cuando tocó a Ricardo explicar sus pretensiones, súbitamente rompió en llanto. Entre sollozos narraba la forma en que su confianza había sido traicionada por su amigo, cómo se había sentido utilizado y la forma miserable en que consideraba que fue tratado, al no haberle Manuel, nunca más, dado la cara. Manuel, en cambio, contaba una historia muy diferente, en la que Ricardo habría pretendido apoderarse de la empresa realizando una asamblea a sus espaldas.

Después de que cada parte había expresado en forma directa su sentir, sin intervención de sus abogados, el mediador tomó la palabra y trató de poner las cosas en contexto, reduciendo las verdaderas pretensiones de Ricardo a un solo postulado que parecía sobresalir de sus reclamos: “Manuel no le reconocía el esfuerzo dedicado a la empresa, en tiempo y dedicación totales, por más de dos años”. En su momento, Ricardo no pretendía, siquiera, más acciones o dinero, necesitaba ser reconocido. Por eso, siguiendo el consejo de su abogado, había citado a asamblea cuando sabía que los demás socios no podían asistir. Desde ese momento, Ricardo y Manuel no volvieron a platicar más y los litigios se iniciaron, generando una turbulencia hacia el interior de la empresa que sufría ya los efectos del pleito entre sus socios, con demandas y contrademandas que, en el mejor de los casos, tomaría al menos tres años más concluir.

Cuando Manuel volvió a tomar la palabra en la reunión, pareció recuperar la actitud y presencia de siempre, aquella que Ricardo tanto apreciaba como la de un amigo carismático y cariñoso. La explicación de Manuel fue simple: “Ricardo, como sabes, yo estaba en esa época pasando por un divorcio muy complicado, que consumía mi tiempo y mi energía, y no tuve la oportunidad ni de comentártelo, ni tampoco tuve el tacto como para decirte lo mucho que apreciaba tu trabajo y tu talento. Lo lamento mucho”.

Como abogados siempre anhelamos vehementemente el momento glorioso en el que, después de pelear por años en un litigio, se recibe la sentencia final dando la razón a nuestro cliente. Pero ni esa magnífica sensación se comparaba a la que se respiró en el cuarto de la mediación en el momento en el que Ricardo se levantó para ofrecerle disculpas a Manuel y estrecharle la mano, y de ahí pasar a darse un largo, apretado y cálido abrazo.

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Imagen: edomex.quadratin.com.mx.

La eficacia de la mediación como medio alternativo de solución de controversias, en nuestro país, se demuestra por su crecimiento exponencial en los 15 años que tiene de haberse iniciado la implantación de su plataforma en la legislación procesal de las diversas entidades federativas. De hecho, los recursos e infraestructura para responder a la demanda, al menos en la Ciudad de México, empiezan a parecer insuficientes.

Una primera barrera, y probablemente la más alta, estaba dada en la resistencia de los abogados para acudir a este tipo de instancias. Acostumbrados y entrenados para el litigio, los profesionales del derecho, en algunos casos, miraban a este tipo de mecanismos como formas menores de solución de conflictos. Este criterio ha gradualmente cambiado. A diferencia de los largos juicios que suelen desgastar la paciencia y el patrimonio de los contendientes, la mediación aparece como un mecanismo más humano, económicamente accesible y mucho más expedito. Menor costo para los mediados, y desde luego menor costo para el erario público, que debe sostener la operación de cientos de tribunales para dar cauce a los miles de reclamaciones que año con año reciben.

A diferencia de los juicios, en los que la solución deviene impuesta por un tercero en forma imperativa, legal pero usualmente injusta, en la mediación el acuerdo lo construyen las partes, desde sus propias posibilidades, a la medida de sus reclamos y pretensiones. La mediación devuelve su poder a los que tienen el conflicto, a las partes. Es la forma más tolerante de incorporar a “ciudadanos” en la compleja trama de la administración de justicia “entre ciudadanos”, restando por primera vez obligaciones y facultades que el Estado ha detentado como patrimonio exclusivo.

Otro de los grandes avances de la mediación es la apertura hacia áreas del quehacer jurídico, diversas al tradicional derecho civil y mercantil, para abarcar una nutrida variedad de materias. En particular, en áreas tan sensibles como las controversias familiares y penales, este mecanismo se erige como una forma civilizada de resolver las disputas sin atropellar la sensibilidad personal de los contendientes.

Los efectos de la mediación van más allá de la solución de un conflicto en particular. Es una nueva forma de abordar el conflicto jurídico, no ya desde la posición de un intrincado protocolo de formas y sofismas, sino desde la realidad misma de la colisión de intereses entre personas que de buena fe son convocadas a una mesa para resolver sus diferencias. Esperemos que los medios alternativos de solución de disputas, en general en el país, sigan creciendo en uso y alcances; y que se conviertan en una opción de regresar a las formas simples del derecho.

Hoy Manuel y Ricardo han vuelto a unir esfuerzos para sacar a la empresa adelante. Superadas las diferencias, muy pronto los agravios quedaron olvidados y ambos recordaron las razones que los condujeron a construir un proyecto exitoso juntos. Hoy, Ricardo, sigue sin dar crédito que en dos horas de verse las caras y hablar, de encontrar la paz dejando a un lado “quien tenía la razón”, fue posible alcanzar un acuerdo. Fue posible, contra todos los pronósticos, resolver el conflicto.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

7 comentarios

  1. Antonio M. Prida

    Espléndido artículo de mi colega Jalife que pone de manifiesto las bondades de la mediación como el método mas civilizado para resolver conflictos de cualquier naturaleza. Permítaseme aclarar que éste mecanismo puede ser utilizado por las partes en cualquier momento: al inicio de un desencuentro a efecto de prevenir una controversia, o bien cuando ésta ya haya surgido, y aún durante un procedimiento judicial o arbitral en curso. Nunca es tarde para utilizar los buenos oficios de un tercero neutral que permita a las propias partes construir el acuerdo que ponga fin a su controversia, logrando mantener y aún mejorar la relación entre ellas.

  2. Mauricio Jalife, extraordinario abogado y ser humano, explica la mediación con enorme facilidad y elegancia. La mediación es la mejor forma de resolución de conflictos que existe, siin demeritar a los demás medios alternativos y la legítima, sobretodo, que las partes son las que proponen la solución y no la impone un tercero ajeno al conflicto. Mi experiencia, como mediadora familiar, es altamente satisfactoria por qué en este tipo de conflictos las pasiones dominan sobre la razón. Mauricio lo dice con mucha claridad, con la mediación, es posible contra todo pronóstico , resolver el conflicto.

  3. mauricio jalife

    Muchas gracias por sus comentarios.

  4. Algunas preguntas: ¿en nuestro país dónde se puede uno certificar como mediador?, ¿es requisito ser abogado?. Gracias

  5. mauricio jalife

    En el Centro de Justicia Alternativa del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX. No es necesario ser abogado.

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Sobre Mauricio Jalife Daher

Mauricio Jalife Daher
Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, Especialista en Propiedad Intelectual por la Universidad Panamericana, Catedrático de la materia en la Universidad Panamericana, IPIDEC, ITAM, TEC de Monterrey y UNAM; socio fundador de Jalife-Caballero, firma especializada en Marcas y Derechos de Autor desde hace 28 años, autor de 6 libros y más de 300 artículos, Árbitro por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, columnista de El Financiero desde 1992, Mundo Ejecutivo, Pymes y diversas revistas de México y el extranjero. Mentor Endeavor y consejero editorial de la revista Mundo del Abogado.