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Manual de supervivencia de la Propiedad Intelectual

Copyright.

Mauricio Jalife Daher


Encerrado en un Círculo

Imagen: Entrepreneur Handbook.

viernes 31 de mayo de 2019

Podemos sostener que, en materia de Derechos de Autor, se están presentando las manifestaciones de mayor oposición al rol que tradicionalmente la Propiedad Intelectual ha venido cumpliendo. Buena parte de la crítica parte de la base más joven de la población, que ha crecido en contacto con los entornos digitales que promueven el libre intercambio de ideas que se presencia en Internet. Sin embargo, las controversias han surgido cuando la labor de fiscalización y restricción recae sobre sitios que trafican con obras protegidas, como música y películas, que grupos organizados de usuarios de Internet han interpretado como medidas injustificadas de control de la red.

Es claro que los movimientos orientados a acceso a información, como Creative Commons en el área de los derechos de autor, y I-MAK (Initiative for Medicines, Access & Knowledge) en el rubro de acceso a medicamentos, en el campo de las patentes, los que lideran los contrapesos que los derechos de Propiedad Intelectual enfrentan en su regulación, reconocimiento y protección, y de la forma en que se solucionen estas confrontaciones derivará, en las próximas décadas, la forma y alcance que estos sistemas puedan seguir cumpliendo en las cadenas de valor que permiten poner productos y soluciones nuevas en manos de los consumidores.

Este grupo de parámetros de protección, desde hace una década, Estados Unidos lo empujó en el contexto de los acuerdos de la OMC (Organización Mundial del Comercio), sin haberlo podido concretar en ese ámbito más extendido y combativo; recientemente, como parte del TPP, estas mismas obligaciones formaban parte del texto que la administración Trump abandonó el inicio de su administración; es ahora, en el contexto del nuevo T-MEC que las disposiciones encuentran lugar para tener vigencia entre los tres países.

Derechos de autor.

Imagen: WPBeginner.

La pregunta esencial que se formula cuando se adoptan esta clase de decisiones regulatorias es la orientada al balance general resultante, que señala quiénes ganan y quiénes pierden. Lo normal es decir que los países con empresas dueñas de tecnología son los ganadores, en la medida en la que su innovación logra mejores niveles de exclusividad y eficacia en el ejercicio de sus derechos. Sin embargo, México ha capitalizado bien sus cambios normativos que en el pasado se han dado en estos temas, a través de inversión extranjera que es atraída por un mejor ambiente de negocios.

Más allá de la inevitable resistencia que las modificaciones auspiciadas por el tratado enfrentarán, resulta preocupante constatar que las banderas de la disidencia se basen en argumentos abolicionistas y descontextualizados. En mi opinión, resulta urgente y deseable que se impulse una dinámica de intercambio de ideas que pueda trascender a los foros de especialistas, en la que se redimensione el rol que estas leyes cumplen en sociedades como la nuestra. El gran peligro de dejar que el deterioro de la credibilidad siga su curso, es el inevitable incremento en el consumo de productos falsificados, la reducción de los niveles de patentamiento de mexicanos, y en general, el desapego de los sistemas de protección de bienes intangibles.

Por varias décadas, el discurso oficial se ha enfocado en resaltar los daños que causa la piratería. Hoy resulta necesario cambiar la ruta para mostrar a amplios sectores de la sociedad la forma en que todos nos beneficiamos cotidianamente de la eficacia de estos sistemas regulatorios. El arquitecto que diseña nuevas construcciones vende capital intelectual; el programador que desarrolla sitios de Internet en realidad moldea bienes intangibles protegidos por derechos de autor; y hasta el que maneja un Uber debe agradecer que la distintividad de la marca de la aplicación en un teléfono celular garantice la identidad para la prestación del servicio. Todos, beneficiarios “ocultos” de los derechos de Propiedad Intelectual, que suelen ignorar los mecanismos subrepticios sobre los que se mueven estas normas para permitir la eficacia de los mercados.

Patentes.

Imagen: Galante & Martins.

El advenimiento del libre mercado mundial, en los albores de los años noventa, pareció desvanecer toda sombra de duda sobre las ventajas que la protección intensiva de estos derechos genera en las sociedades, no sólo en sus manifestaciones comerciales, sino especialmente en la producción de tecnología y en la construcción de una cultura solidaria con los autores. Es posible, visto en retrospectiva, que la discusión sostenida en el seno de la OMC, con relación a la validez de las patentes contra VIH y cáncer, como hemos señalado, haya iniciado una polarización cuyos efectos se extienden hasta nuestros días, y que empiezan a tomar la forma de argumentos contraculturales.

La diferencia sustancial que hoy se percibe, es que la resistencia se gesta desde la base, desde cada persona que como beneficiaria del tránsito de obras de manera libre por la red, se manifiesta ahora en la postura de que la situación se mantenga sin cambios, abrazando argumentos de libertad de expresión que edifican una paradoja siniestra; si una regulación ha tenido impacto en la conformación de la libertad de expresión es precisamente el derecho de autor, del que éste es fundamento; entender al uno sin el otro es un ejercicio estéril.

Por este motivo, poner hoy al derecho de la Propiedad Intelectual en la encrucijada de definir sus alcances y posibilidades, desde el banquillo de los acusados, es paradójico cuando su contribución histórica al bagaje de la civilización resulta indisputable. Aun así, el sistema tendrá que gestar su reconciliación con la sociedad, que es la única a la que debe servir y que le explica y dimensiona.

El primer punto que debe recordarse es que, a pesar de las grandes contribuciones que la disciplina ha realizado a lo largo de la historia como bastión del desarrollo tecnológico y cultural –que no resulta regateable–, no por eso la Propiedad Intelectual tiene garantizada su continuidad bajo las formas y modelos que le han caracterizado en los últimos dos siglos.  Si en la sociedad empieza a germinar la idea de que esta regulación inhibe el crecimiento a través del supuesto apoderamiento del conocimiento, o su contraposición a la libertad de expresión, o el derecho a la información, su rol en el futuro podría verse estrechado de manera significativa.

Piratería.

Imagen: Animal Político.

La respuesta que los detractores siguen sin responder, es la de los efectos desestimulantes que la erosión de la propiedad inmediatamente provoca en la producción de nuevas obras y tecnología. Este elemento no parece discutible, ante la evidencia que la piratería ha generado en industrias como la editorial, la discográfica y la cinematográfica, en las que las inversiones han venido descendiendo en ritmos acelerados, ante la imposibilidad de alcanzar, o al menos recuperar, legítimas ganancias.

Quienes cuestionan el sistema de Propiedad Intelectual, parten de la ingenua suposición de que las obras estarán a la disposición como lo están hoy, pero no es así. Nuestra sociedad demanda y consume obras y nueva tecnología, en volúmenes nunca antes vistos; cualquier creación, desde las independientes hasta las empresariales, seguirán esperando que la exclusividad propia de los sistemas de exclusión, les garanticen una tasa de retorno suficiente, no sólo para recuperar lo invertido, sino para estimular la cadena de generación que se requiere para alimentar el mercado.

En el camino de la reconciliación, es cierto que los titulares de derechos sobre obras deberán asumir que nuevas tecnologías, como la nube, abaratan sensiblemente los costos de distribución y disfrute de obras, y deberán alinearse para trasladar esos beneficios a los consumidores; pero quienes pretenden desconocer la Propiedad Intelectual, deberán entender que el argumento de la no reproducción de obras como forma de eludir el pago por derechos de autor –bajo la falacia de que solamente se comparten archivos‒, sólo desorienta al gran público y alimenta la controversia por ignorancia.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Mauricio Jalife Daher

Mauricio Jalife Daher
Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, Especialista en Propiedad Intelectual por la Universidad Panamericana, Catedrático de la materia en la Universidad Panamericana, IPIDEC, ITAM, TEC de Monterrey y UNAM; socio fundador de Jalife-Caballero, firma especializada en Marcas y Derechos de Autor desde hace 28 años, autor de 6 libros y más de 300 artículos, Árbitro por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, columnista de El Financiero desde 1992, Mundo Ejecutivo, Pymes y diversas revistas de México y el extranjero. Mentor Endeavor y consejero editorial de la revista Mundo del Abogado.