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“Wicked”: Conjuros color Esmeralda


jueves 31 de octubre de 2013

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La canción más memorable de “Wicked” suena cuando Elphaba, una joven rechazada por su aspecto verde y pensamiento revolucionario, decide no seguir al máximo líder de su región: el Mago de Oz. Ella, al cantar “Defying gravity”, se declara fuera del sistema y reafirma su posición de lucha para acabar con el creciente fascismo de Ciudad Esmeralda.

            Este momento es indeleble en la memoria de los espectadores. La escena representa mejor que ninguna otra el lado oscuro y perverso de esta precuela del conocido cuento de “El Mago de Oz” escrito por Frank Baum. Se aleja de la inocencia infantil para trazar anécdotas y relaciones adultas.

            Por otro lado, “Defying gravity” compuesta por Stephen Shwartz es una de las canciones más entrañables de toda la historia del teatro musical. A la altura de “Maybe this time” de “Cabaret” o “I don´t know how to love him” de “Jesucristo Superestrella”, la pieza impacta el oído y las emociones del espectador.

            El aparato escénico hace que una mujer de color verde vuele sobre un escenario repleto de los habitantes de Ciudad Esmeralda. Todo el artificio es preciso y sofisticado para generar la ilusión de estar dentro de una realidad alucinante y alejada de nuestra cotidianidad.

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            Cuando este momento se reproduce en el Teatro Telcel se comprueba que “Wicked” es el mejor musical escrito en los últimos quince años. Tiene personajes complejos, una efectiva estructura dramática pero, sobre todo, conflictos reconocibles. El arquetipo del “héroe” funciona porque se proyecta en una mujer ordinaria con un don capaz de vencer un conflicto extraordinario. Esto, para cualquiera, es emocionante.

            El montaje mexicano no tiene falla. La supervisión de los creadores originales y el equipo de producción de Broadway hizo un ejercicio escénico riguroso y un artificio de producción preciso. El trabajo en escena y detrás de telones es como un reloj suizo; hacer la función cada noche necesita de una efectividad extrema para que el público pueda creer esta convención.

            La franquicia funciona. Cuando se compra un boleto para “Wicked” se compra una experiencia Broadway. El mayor éxito de la producción radica en los detalles; las texturas de los vestuarios, la calidad de los prostéticos, las sutilezas de iluminación y los explosivos efectos especiales forman un espectáculo donde todo mundo saldrá complacido de cierta forma.

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            El trabajo de traducción y adaptación de la obra, hecho por Marco Villafán, logra un 75% de sentido al pasar del inglés al español. Se pudo tropicalizar una historia, hasta el tuétano estadounidense, sin caer en localismos baratos o salidas fáciles de lenguaje. En algunas ocasiones se pierden palabras o se fuerzan versos para encuadrarlos en la melodía pero nada agrede al oído.

            La obra depende de la fuerza y precisión técnica de las dos actrices que interpretan a Elphaba, la bruja mala del Oeste, y Glinda, la bruja buena del Norte; toda la anécdota se sostiene en su amistad y rivalidad ideológica. A mí me tocó ver a Danna Paola y Cecilia de la Cueva interpretar estos papeles (porque existen alternantes).

            Su trabajo en escena convence y conmueve. Para Cecilia de la Cueva es el papel de toda su carrera después de una larga trayectoria de trabajar para OCESA; su destreza vocal y corporal hacen una Glinda más encantadora que la escrita en el libreto.

            Danna Paola, como Elphaba, es todo un descubrimiento para el teatro musical. A pesar de la polémica por dudar de sus capacidades histriónicas y entrenamiento teatral, ella defiende su lugar en la obra con una disciplina notable. Cada movimiento, cada nota, cada gesto está perfectamente medido; hace un desempeño calculado de principio a fin sin torpeza.

            Sorprende que, al tener sólo 18 años,  logra un nivel que  tendría una actriz con más horas de vuelo. Danna Paola trabajó como nunca para armar y construir a Elphaba, no obstante, su carisma (natural) en el escenario la vuelve entrañable para el público.

            El trabajo de todo el ensamble merece una ovación. Hacer dos funciones (cada una de tres horas) requiere de una resistencia que pocos tienen. Convencen por su minuciosa caracterización para darle vida al espectáculo. El juego con sus voces es extraordinario. El manejo de energía es el necesario para mantener el interés y conmocionar.

            “Wicked” es un triunfo para el teatro musical en México. La pregunta es: ¿la gente llenará el recién inaugurado Teatro Telcel (en la Plaza Carso) a pesar de ofrecer los boletos más caros de la cartelera mexicana? La producción lo vale y esos $1500 que cuesta la mejor sección de la sala están justificados; sin embargo, para la economía mexicana están fuera del rango.

            Estoy seguro que los primeros seis meses la temporada se sostendrá con el público asiduo a los musicales y los fanáticos de “Wicked”. ¿Y después? ¿Después de pasar toda la campaña publicitaria de lanzamiento la gente estará interesada en ir y gastar tanto dinero? Supongo que la ubicación del teatro en las inmediaciones de Polanco es una estrategia para atacar a un público con un perfil apto para mantener a flote la taquilla. ¿En serio? ¿Será una buena estrategia?

            De todo corazón les deseo una larga temporada. El espectáculo debe estar en la cartelera mínimo dos años. “Wicked” conmueve en todos sentidos; pocos musicales tienen alma como éste al combinar la pirotecnia y una historia que conecta con los asistentes a través de la valentía de creer quiénes somos.

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“Wicked”

Libreto: Winnie Holzman

Música: Stephen Shuwartz

Dirección: Lisa Leguillou

Teatro Telcel (Lago Zurich 245, colonia Ampliación Granada)

Jueves 20:00 hrs., viernes y sábados 17:00 y 20:30 hrs., domingos 13:00 y 17:00 hrs. 

Sobre Mauricio Montesinos

Mauricio Montesinos
Estudia comunicación en la Universidad La Salle y al mismo tiempo comienza sus estudios de actuación. Debuta como actor profesional al protagonizar “Los dos Hidalgos de Verona” de William Shakespeare en el CENART; le siguieron “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde, “Tal vez ella, tal vez yo” de Luly Garza, “Los Persas” de Esquilo, “Mudarse por mejorarse” de Juan Ruiz de Alarcón, “Tres Hermanas” de Anton Chéjov y “La Tempestad” de William Shakespeare. Escribe y dirige su primera obra llamada “El Regalo” con temporada en el Teatro Cuauhtémoc; dirige también la lectura dramatizada de “Una visita inoportuna” de Copi. Actualmente preside su grupo de teatro “Errante” y participa en LEA (Laboratorio Experimental de Actores). En el 2015 presentó su siguiente obra de teatro que escribió y dirigió llamada “La Boca de la Oscuridad” en el Foro 37. En 2016 trabaja como escritor y director en “Intentos para deshacerse del dolor” en MicroTeatro México. Cuenta con una columna de reseña teatral de la Ciudad de México llamada “Pez de Oro”.