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Destruimos lo único que nos salvaría: inteligencia cívica

conciencia cívica

Miguel Ángel Pérez Álvarez


Educación y Tecnología


viernes 5 de julio de 2019

A manera de introducción

Recientemente Douglas Schuler,[1] profesor de Evergreen State College (en Olympia, Washington), me ha compartido un artículo publicado en el diario en línea Common Dreams,[2] el cual considero de enorme importancia para los lectores de El Semanario Sin Límites. En mi opinión, es fundamental reflexionar sobre las formas que la participación ciudadana debe asumir en estos tiempos tormentosos. Hoy se imponen los liderazgos políticos cuestionables que fijan decisiones extra constitucionales, ignoran el efecto pernicioso de nuestro estilo de vida destructor del ambiente, y basan su influencia en el desconocimiento de la gestión pública entre los miembros de nuestras comunidades. Schuler nos presenta una alternativa esperanzadora y llega a una conclusión esencial: necesitamos fortalecer y contribuir al desarrollo de la inteligencia colectiva, “la inteligencia cívica”.

Espero que mi traducción no traicione el texto original. Dejo la dirección electrónica del artículo original para que lectores avezados en la lengua inglesa puedan acceder a la versión original, en todo caso.

Miguel Angel Pérez Álvarez.

Estamos destruyendo lo único que podría salvarnos: la inteligencia cívica

Sin inteligencia cívica, nuestra capacidad para abordar los problemas

de manera efectiva y equitativa, no tiene futuro.

 Douglas Schuler (trad. Miguel Angel Pérez Álvarez).

Muchos fundamentalistas religiosos concuerdan: ¡el mundo está próximo a su fin!

Algunos (¿los más?) creen que acabará bajo un baño de fuego. Otros piensan que una glaciación será la culpable.

Después de contemplar el cielo lleno de humo que esperamos para este verano, estoy con quienes auguran la lluvia de fuego.

En verdad estamos literalmente en apuros. Pandemias. Las guerras del agua. Los niños en jaulas. Cultura basura. Inundaciones bíblicas. Extinción…

El mundo peligroso, explotador, e impredecible que hemos creado se dirige al olvido.

La tecnología no nos salvará. Ni mantras inteligentes, ni las gorras de MAGA,[3] o los vehículos sin conductor. No seremos rescatados por la infantería de marina, los multimillonarios, o los superhéroes procesados digitalmente. Ni siquiera la última pata de conejo de la suerte puede ayudarnos.

Estamos destruyendo nuestro recurso vital más valioso.

Sin una inteligencia cívica (civic intelligence) y nuestra capacidad para resolver problemas de manera eficaz y equitativa, no tendremos futuro.

Trump gorras MAGA

Foto: Emol.

A nadie le importa. Probablemente porque preocuparse supondría modificar cómo pensamos y cómo actuamos.

Muchos lamentaron su decadencia y publicitaron ampliamente su importancia, pero sin una expresión comúnmente aceptada no podremos pensar o hablar acerca de ello.

Para John Dewey la “inteligencia compartida” (pooled intelligence) es la que se construye con las contribuciones de todos: no progresaremos en la lucha contra el racismo, la desigualdad económica, la degradación ambiental, o contra la guerra sin nuestra creatividad colectiva, compasión, y dedicación.

La inteligencia cívica es amplia, pero no ambigua. El cambio social es un proceso de aprendizaje que se adapta a situaciones específicas. Los grupos humanos trabajan independiente y cooperativamente de manera simultánea: tanto en la protesta y la teorización, como en la enseñanza y el aprendizaje, la jardinería, la construcción, firmando cheques, en la programación, el análisis de datos, y en la creación de la música y el arte.

La inteligencia cívica es más fácil de destruir que de crear. Países que ahora han lanzado reformas democráticas se deslizan hacia el fascismo. Lamentablemente esto tiene sentido: cualquier tonto puede quemar un establo.

Por otra parte, David, el personaje bíblico, despliega con éxito su honda contra el gigante Goliat. En otras palabras: David a veces gana. Y no por suerte.

Practicas la inteligencia cívica con una combinación de pensamiento y acción, nunca uno sin el otro. Está dirigida hacia extremos positivos en lo social y en lo ambiental. Es crítica, no dogmática y es provisional.

conciencia cívica

Imagen: Public Sphere Project.

La inteligencia cívica requiere del compromiso ciudadano. Uno puede empezar por la lectura y la discusión. Unirse a proyectos, grupos, o movimientos existentes o comenzar algo nuevo. Hacer preguntas: ¿por qué esta comunidad es pobre? ¿Puede la atención sanitaria ser más asequible? ¿Cómo se pueden abordar los objetivos ambientales y sociales, simultáneamente?

La inteligencia cívica se jacta de que existen caminos para mejorar las situaciones, aun cuando el camino no sea fácil. Resulta complicado ver cómo un curso de acción resuelve un problema, pero algunas acciones ayudan a desarrollar nuevas ideas y oportunidades.

La inteligencia cívica no sataniza grupos de personas ni promueve la violencia. Los lemas dudosos alrededor de la “pureza» o un pasado de “grandeza» desvían la atención de cuestiones reales y promueve la ignorancia cívica.

La inteligencia cívica no pide autorización ni un título. Greta Thunberg, una activista sueca de 16 años, demuestra que la edad no es una barrera. Ella nos ha mostrado que el poder electo destruye el futuro de la gente vulnerable que supuestamente debe proteger.

Greta Thunberg

Foto: Greta Thunberg (fuente: rfi.fr).

La inteligencia cívica no es un concepto nuevo. Antes de 1874, en los Estados Unidos de Norteamérica era ilegal golpear a tu perro, pero legal golpear a tu hijo. Después de un episodio escalofriante, la cuestión del bienestar infantil se impulsó en la esfera pública y aparecieron leyes para evitar la crueldad contra los niños.

El genocidio no fue considerado un crimen hasta que el abogado polaco, Raphael Lemkin, acuñó el término e impulsó en 1948, en la ONU, a adoptar leyes en contra del genocidio.

Cuando los medios se centran en dirigentes dinámicos y en sus acciones dramáticas, ignoran el trabajo diario, que es la parte crucial sumergida del iceberg de la inteligencia cívica, y que aún es invisible y menospreciada. Las acciones de la inteligencia cívica emergen en la vida diaria.

Los ciudadanos marchan por la ciencia y por las mujeres. Diseñan casas para personas sin hogar y leen el informe de Mueller para informarse acerca de las irregularidades en la campaña presidencial de 2016. Ciudadanos mayores de los Países Bajos se reúnen y reparan electrodomésticos ya desechados. Los kenianos han plantado 51 millones de árboles para ayudar a reforestar su país. En el mundo hay personas que llevan a cabo investigaciones científicas ciudadanas. Hay iniciativas ciudadanas para contar nidos, hacer pruebas en el agua para detectar sustancias tóxicas, y se da seguimiento a las fábricas.

Los gobiernos también pueden participar. En 2015, casi todas las naciones del mundo firmaron un tratado para atender y contrarrestar el cambio climático, y cuando en la Casa Blanca un opositor al cambio climático desapareció a muchos de los responsables de las políticas públicas y a las autoridades expertas en la materia, entonces se crearon gobiernos locales y estatales, fundaciones y organizaciones sin fines de lucro que permitieran reconfigurar las redes establecidas para continuar con su labor originaria.

protestas en Casa Blanca por rechazo al acuerdo de París

Protestas frente a la Casa Blanca, como rechazo a la decisión de Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, por el cambio climático (Foto: AFP, por Diario EL COMERCIO https://www.elcomercio.com/tendencias/protestas-casablanca-donaldtrump-retiro-acuerdodeparis.html).

Muchos de nosotros nos planteamos que resolver los problemas del mundo no es nuestro asunto. Esto significa pasar dichos problemas a líderes que pocos creen que sean de confianza.

La gente cívicamente ignorante no puede cambiar de opinión, hacer preguntas críticas, ver otras perspectivas, confrontar la ambigüedad, cuestionar sus premisas, o ser escéptico ante afirmaciones dudosas. Ellos culpan a la víctima y temen a las personas que no ven, actúan, o piensan como ellos. Eligen al “hombre fuerte” para que los guíe, siguen a los aspirantes a dictadores que les prometen resolver todos sus problemas, generalmente al “verse rudos” a través de la brutalidad y marginación de otros. Por eso, la ignorancia cívica engendra ignorancia cívica.

La gente está genuinamente preocupada por su propia vida y es presa de sus hábitos de pensamiento, lo que impide una acción significativa. Les han enseñado a no a pensar o a cuestionar sobre ciertos temas, de tal manera que son impotentes y creen que la situación ya no tiene esperanza. Están ansiosos, deprimidos y paralizados.

Pero si bien la inteligencia cívica se encuentra a menudo peligrosamente reducida, nunca llega a cero. Y no existe un máximo: siempre puede ser más.

destruccion del planeta

Imagen: posta portenia.

Se han hecho avances positivos a través de la historia, incluso en los momentos más sombríos, y no todas las acciones están destinadas al fracaso. La inteligencia cívica requiere valor. A menudo, la lucha se verá prolongada y encontrará una oposición bien armada.

Cualquiera puede jugar un papel activo en nuestra inteligencia cívica dinámica y en evolución. Las personas verán los signos de esperanza si los buscan. Uno de los momentos más memorables para mí como profesor, fue cuando un estudiante me comentó que su madre estaba también estudiando acerca de la inteligencia cívica. Afortunadamente discutían estas ideas después de clase.

No tenemos que matarnos a nosotros mismos; un mundo justo y sostenible es posible. Pero debemos decidir si vamos a seguir jugando mientras el mundo arde. Si es que, en efecto, no es una glaciación la que baja el telón en el último acto.

Referencias:
[1] Douglas Schuler es profesor emérito de Evergreen State College donde imparte la cátedra sobre “Inteligencia cívica” desde hace 20 años. Su investigación en torno a temas de tecnología en el colectivo Computer Professionals for Social Responsibility y otros grupos, tiene más de 30 años.
[2] Se publicó originalmente en Common Dreams el 19 de junio de 2019, https://www.commondreams.org/views/2019/06/19/we-are-destroying-one-thing-could-save-us-civic-intelligence?cd-origin=rss
[3] Las gorras de MAGA son las gorras rojas que usan los partidarios de Trump. MAGA = Make America Great Again.
El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Un comentario

  1. MARCO ANTONIO TÉLLEZ

    MUY INTERESANTE SU ARTÍCULO, EL TEMA SE PUEDE COMPLEMENTAR CON EL TÓPICO LLAMADO «EDUCACIÓN CÍVICA Y CONSTRUCCIÓN DE CULTURA DEMOCRÁTICA». FELICIDADES POR PLANTEAR POSTURAS «PROPOSITIVAS», ALGO ESCASO EN NUESTRA ACTUAL ÉPOCA.

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Sobre Miguel Ángel Pérez Álvarez

Miguel Ángel Pérez Álvarez
Licenciado y Maestro en Filosofía por la UNAM. Estudios de especialización en educación a distancia en el Fitchburg State College y en diversas universidades latinoamericanas. Profesor de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM desde 1990. Su trabajo sobre ética de la información, aprendizaje y tecnologías de la información ha sido publicado en diversos números de las revistas "International Review of Information Ethics" e "Información Científica y Tecnológica" del CONACYT. Autor de Ética Multicultural y Sociedad den Red (Ed. Ariel- Fundación Telefónica). Premio a Mejores Prácticas en Educación a Distancia de IBERVIRTUAL en el 2015. Ha impartido decenas de conferencias sobre los temas de su especialidad y fue keyspeaker en el Seminario Internacional sobre Identidad y Desarrollo organizado por el organismo del Registro de Identidad Nacional del Perú (RENIEC) celebrado en Lima en agosto de 2016 y del Tercer Congreso Internacional de Ingeniería Informática “Retos y perspectivas del mundo digital” en 2017. Es autor de Ética Multicultural y Sociedad en Red (Ed. Ariel-Fund. Telefónica). Profesor del Colegio de Pedagogía de la UNAM.