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¿Cómo nos vestimos para ir al trabajo, hoy?

Uniforme en el trabajo.

Octavio Aguilar


Hazlo sencillo

Fotografía: Alfileri Uniformes by Emporium.

martes 25 de junio de 2019

Uno de los tantos asuntos que tienen que ver con el área de recursos humanos tiene que ver con la vestimenta de los colaboradores de las empresas u organizaciones.

Y empiezo comentando, a partir de mi experiencia, el mito de que los empleados odian llevar uniformes. Sinceramente, creo que sucede lo contrario, por muchas razones. Al unificar en vestimenta al personal se les quitan “dolores de cabeza” por aquello de qué me pongo o que dirán de mí si uso tal o cual cosa, obviamente mucho más problema es para las mujeres que para los hombres, en casi todos los escenarios. También la cultura e imagen de la empresa se ve beneficiada hacia afuera y fortalecida hacia adentro, al transmitir un mensaje implícito.

Hay varios motivos para que se sientan mejor vistiendo igual y que no decaiga la productividad. Uno es el propio ahorro: que la compañía absorba este costo no cae mal a nadie. He visto muchas encuestas de clima y cultura organizacional donde este indicador siempre sale bastante bien calificado, lo cual es una muestra de que los empleados aprecian el que las empresas les otorguen uniformes.

Otro asunto es que se diluyen las diferencias socioeconómicas que no tienen que ver con el trabajo per se, se minimizan las diferencias de puestos y estatus: “todos somos iguales”.

Obviamente el uniforme tiene que ver mucho con el negocio en el que estamos, la imagen que queremos proyectar y el lugar físico donde está nuestra empresa.

Uniforme empresarial.

Fotografía: Meicy.

Así que tener un uniforme no es que todos los empleados o funcionarios tengan que usar traje y corbata, como a muchos “veteranos o Baby Boomers” hablando de generaciones, lo quisieran: usar trajes y corbatas para muchos puede resultar molesto, anticuado y además caro, en especial para los jóvenes, tan ajenos ellos a formalismos, por eso qué bien que haya un atuendo para unificarlos y les permita andar cómodos. En el caso de las damas, de paso se resuelve el añejo problema de “qué me pongo, qué me pongo…”.

En mi propia experiencia ‒en el sector privado, el gubernamental, y en mi propia consultora‒ luego de muchos años de hacer aplicar la política de uso o no uso de código de vestir, he comprobado que la gente valora el hecho de estar uniformada en su atuendo o bien tener una política o código de vestir.

Recuerdo que, en mi paso por el Banco del Atlántico, donde tuve la oportunidad de ser Director de Recursos Humanos luego de la compra por parte de GBM, tuvimos reclamos de quienes no estaban obligados a usar uniforme. Los niveles gerenciales preguntaron cuándo les íbamos a dotar de esta ropa. Ellos querían ser incluidos, querían sentirse “parte de…”. Deseaban reafirmar su pertenencia a la organización y ahorrar dinero. Así que hicimos extensiva la política a ciertos niveles hacia arriba con mucho éxito.

Por supuesto, estoy hablando de prendas de buena calidad en diseño, colores y materiales. En México hablamos de “ponerse la camiseta” como una forma de involucrarse con algo, de sentir el orgullo, como en este caso su empresa. Qué mejor forma de hacerlo que, literalmente, portando el uniforme: camiseta, blusa, pantalones, vestido, etc., que da la empresa.

Uniforme a la medida.

Fotografía: Telas Águila.

Para mí, inclusive, resulta más fácil y conveniente en muchas ocasiones usar una camisa o camisola de la empresa donde daré un curso, taller o conferencia. En mi calidad de embajador Coca-Cola, porto con gusto la camisa de la empresa y estoy seguro de que es un distractor menos para los que atienden a los eventos. Además, creo que se manda un mensaje muy positivo. No hace mucho di un taller para uno de los Grupos Financieros más grandes de Guatemala y me dieron mi camisa con su logo y la gente, en algún receso y durante la comida, me lo reconoció mucho.

Sin duda, el tema de los códigos de vestir es de gran relevancia para las organizaciones y tiene efectos significativos en el ánimo y productividad de las personas que trabajan en cualquier organización, y creo que cada día será más relevante. Las nuevas generaciones no sólo no quieren usar traje y corbata, tampoco quieren usar uniforme. En mi paso por Santander implementamos quitar el saco y corbata para ciertas áreas del Grupo Financiero con resultados maravillosos. En la Secretaría de Pesca adecuamos las telas de acuerdo a los lugares donde teníamos colaboradores; en Sedesol hicimos también cambios muy importantes y positivos.

Estoy convencido que siempre deben existir reglas de vestimenta, aunque sean muy relajadas. Di una asesoría a una microempresa de emprendedores donde había ocho colaboradores, donde la más grande tenía 35 años y quisieron tener un código de vestimenta con una docena de reglas.

En él, la regla es la libertad en el atuendo de trabajo, de acuerdo con su cultura organizacional, donde la gente aprecia la posibilidad de vestir a su gusto, con las referidas excepciones para evitar abusos que, por desgracia, nunca faltan.

Uniforme.

Fotografía: Innovo Staffing.

En algunos casos se prohíbe ir con calzado deportivo (tenis), chanclas, camisetas de equipos deportivos, camisetas tipo “T-shirts”, bermudas, etc.

Hoy adicionalmente tenemos que ser mucho más abiertos a los temas de los bigotes, barbas, piercings, tatuajes, color del pelo, y este tipo de cosas, que, hasta hace poco tiempo, eran absolutos tabúes, como cuando en muchos restaurantes no permitían que los hombres usaran bigote o barba. Bueno, en tiendas departamentales como Liverpool, era norma.

Una pasada por un We Work o un Público, o cualquiera de estas oficinas de “Co Working” te dan una idea de los códigos de vestimenta en las empresas que hoy se están gestando. Es maravilloso ver la diversidad, desde la gente que va de corbata y traje, y que sólo les falta el bombín, hasta los que van de bermudas, camiseta con agujeros y sandalias. También los hay quienes únicamente usan su anillo de matrimonio, hasta los que traen una buena dosis de tatuajes y un par de piercings.

Parte de este artículo fue publicado en mi libro Políticamente incorrecto, notas de viaje en 2016.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

4 comentarios

  1. Mi experiencia fue de traje de tres piezas obligatorio iniciando en Moctezuma,veo a mi hijo de jeans, polo y tenis en días importantes y aun no lo puedo digerir muy bien … la edad de seguro.En general estoy de acuerdo que los uniformes son bien vistos por la mayoría de los empleados muy buen análisis felicidades.

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Sobre Octavio Aguilar

Octavio Aguilar
Autor del libro “Políticamente incorrecto, notas de viaje” y creador de la metodología “hazlo sencillo”. Ha impartido conferencias y talleres en más de veinte países. Ha ocupado cargos directivos en la Secretaría de Pesca, Condumex, GBM Atlántico y en el Grupo Financiero Santander. Se desempeñó como Oficial Mayor de la Secretaría de Desarrollo Social y como Director Corporativo de Administración en Petróleos Mexicanos durante la administración del presidente Vicente Fox. Fue Director General Global de Genommalab y luego vicepresidente de nuevos negocios. Es Socio-presidente de AFAN, firma de consultoría con 27 años en el mercado. Ha sido catedrático en la Universidad Iberoamericana y el IPADE. Es licenciado en Relaciones Industriales por la Universidad Iberoamericana. Tiene estudios de postgrado por la Universidad de California en Berkeley, de Cornell, del Instituto de Empresas y de la Chicago Booth School of Business. Hace más de treinta años es coleccionista de arte y desde 2010 es presidente de X Espacio, un sitio de promoción cultural y artística. Ha visitado 73 países, terminado 13 maratones, padre de tres hijos y abuelo de cuatro nietos, y es activo participante en las redes sociales.