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Conduce sin alcohol @CDMX, 2ª Parte

Conduce sin alcohol.

Roberto Arriola García


En Perspectiva

Fotografía: Diario de México.

lunes 5 de agosto de 2019

Parte II: El Horror de la Realidad

A los que se perdieron la Parte I: “Del Espíritu de la Ley”, de esta misma columna publicada la semana pasada bajo el título “Conduce sin alcohol” @CDMX”, les recomiendo la consulten. A los que ya siguen esta historia desde la semana pasada, pues no esperen más, continúen leyendo para conocer la Parte II: “El Horror de la Realidad”.

La realidad es que nuestro México sobrevive con un marco jurídico aspiracional y con recursos institucionales propios de un país subdesarrollado. Como diría un maestro de derecho, “En lo que respecta al texto de la Ley, México es una potencia mundial; en lo correspondiente a los recursos institucionales para hacerlas cumplir, somos una vergüenza”. Y el programa “Conduce sin alcohol” de la Ciudad de México no es una excepción.

Aquí viene la realidad:

El Programa Conduce Sin Alcohol es en la práctica un “retén policíaco” que filtra uno a uno los automóviles que transitan a través de más de 50 puntos distribuidos en la Ciudad de México. Puntos seleccionados estratégicamente para captar a los ciudadanos que salen de restaurantes y bares, operando de jueves a domingo normalmente; y en días festivos toda la semana. La corrupción se asoma entre líneas a lo largo de todo el proceso, insinuada, nunca abiertamente: “Si te quieres chispar del alcoholímetro, tiene que ser ahora. Después de la medición ya no te puedo ayudar”, dice el oficial de nuestra historia.

Punto de alcoholimetro.

Fotografía: El Universal.

No transiges a la corrupción y te sometes a la medición. Resultado, por mínimo que haya sido tu consumo de alcohol (una cerveza, una copa de vino) estarás arriba de los 0.40 miligramos de alcohol en sangre que admite el Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México. En consecuencia, eres arrestado desde ese momento; encerrado en una patrulla hasta que completen el máximo cupo de ciudadanos capturados con resultado “positivo” en el alcoholímetro. Y seis puntos de un total de doce (el 50%) son restados a tu licencia de conducir. Ya dentro de la patrulla escuchas a los mandos presionar a los oficiales a cargo para cumplir con la cuota de arrestos que les han marcado, “en caso contrario serán reasignados a tareas más peligrosas”, declara confidencialmente un oficial.

En contraste para los policías el alcoholímetro es casi un premio. Una faena cómoda, divertida y potencialmente hasta lucrativa, capturando ciudadanos alcoholizados, que en su mayoría rebasan el límite por menos de 0.1 miligramos de alcohol en sangre. Es decir, poco son los casos que acumulan 0.5 o más en la métrica de referencia.

El abuso de la fuerza policíaca emerge a la menor provocación. Bien saben los policías que la ley los respalda al autorizarlos a usar la fuerza si el ciudadano se resiste o no obedece puntualmente sus indicaciones. Incluso el uso de los “Candados de Mano”, conocidos coloquialmente como “esposas”, está permitido según el Protocolo de Actuación Policial de la CDMX, si y sólo si el ciudadano desobedece o se resiste a las indicaciones de la autoridad. Cuando esto ocurre la situación jurídica del ciudadano pasa de Infractor (Falta Administrativa) a Delincuente, situación que es muy posible en el contexto de la aplicación del alcoholímetro y abre la puerta a toda clase de abusos por parte de los policías en el terreno. La lectura de los derechos del ciudadano, prescrita por el propio Protocolo de Actuación Policial, es letra muerta en puntos clave como el derecho a: guardar silencio; ser asistido por un abogado o defensor público de su elección; presentársele sin demora ante un Juzgado Cívico; y a ser asistido, en caso de ser necesario, por un traductor o intérprete.

Bueno, pero hasta ahora todo muy bien. ¿No es así? Una sanción para un comportamiento potencialmente peligroso, no sólo para el infractor sino para las personas que se encuentre en su camino.

Punto de alcoholímetro.

Fotografía: Noticias en la Mira.

Sin embargo, lejos quedó el propósito original del Programa Conduce Sin Alcohol que iniciara el Dr. Manuel Mondragón y Kalb hace más de 15 años. Se buscaba cambiar la percepción de la sociedad con respecto a la policía. Mostrando a la ciudadanía al oficial policíaco como un agente de prevención y protección de las personas. Pero no, en definitiva, eso no se ha logrado.

Según fuentes oficiales –Encuesta Nacional de Impacto Gubernamental (INEGI 2017)–, actualmente sólo uno de cada tres ciudadanos cree que la policía está dispuesta a ayudarle ante cualquier eventualidad; sólo 19% de los ciudadanos de la CDMX afirman que la policía ayuda a que el ciudadano se sienta seguro; sólo 15% de los ciudadanos se sienten muy satisfechos o satisfechos con el servicio que brinda la policía. Lo anterior es sólo una muestra que explica por qué la Ciudad de México es la segunda entidad federativa donde menos se confía en la policía; y donde la causa que más víctimas de actos de corrupción aglutina es el contacto con las autoridades de Seguridad Ciudadana, con 61 mil 661 víctimas por cada 100 mil habitantes.

Ahora, si a la efectividad nos vamos, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI 2018, el porcentaje de la ciudadanía que considera Muy Efectivo el desempeño de la Policía de Tránsito, alcanza con dificultad el 5%, frente a la percepción de la Marina y Armada de México que sobrepasa el 50%.

Si hablamos de victimización, a partir de cifras de la Organización Panamericana de la Salud, sabemos que 200 mil conductores en todo México se movilizan bajo el influjo del alcohol cada semana (10 millones 400 mil anuales); lo que ocasiona 461 fallecimientos por esta causa en el mismo periodo (24 mil anuales). Esto significa que menos de 0.23% de los conductores alcoholizados fallecen en accidentes de tránsito, ocasionados previsiblemente por su estado de embriaguez.

Graffitti.

Imagen: Vivir México.

En consecuencia, si trasladamos estas cifras proporcionalmente a la población de la Ciudad de México, tenemos que la habitan 8 millones 918 mil 653 personas. Esto es 7.43% del total de la población del país estimada en 119 millones 938 mil 473 habitantes, según la Encuesta Intercensal de INEGI 2015.

A partir de lo anterior, ante la ausencia de cifras oficiales de defunciones por accidentes de tránsito en los que está involucrado el alcohol para la Ciudad de México, podemos inferir que, en proporción directa, 14 mil 860 conductores se movilizan bajo el influjo del alcohol cada semana (772 mil 720 anuales); ocasionando 34 fallecimientos por esta causa en el mismo periodo (1,768 anuales).

Ahora bien, no desestimamos el valor de cada una de las vidas que caen a manos de estos comportamientos y el dolor que esto ocasiona a las familias de estos, pero la pregunta que la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y el Secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta Martínez deben responder es si: ¿el Programa “Conduce Sin Alcohol” atiende los principios de eficiencia y efectividad que deben regir toda política pública?

Consideremos que al programa se asigna un mínimo de 300 oficiales, con sus vehículos y armas. Esto significa 1,200 elementos semanalmente y 62,400 elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana dedicados a salvar 34 vidas semanalmente. Esto sin considerar el personal de los juzgados cívicos y del “Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social”, conocido coloquialmente como “El Torito”.

Choque.

Fotografía: Infobae.

Sólo a manera de ejemplo: ¿acaso usted ciudadano no preferiría a estos 62,400 elementos policiales investigando y capturando a los responsables de los 1,367 homicidios sucedidos en la CDMX en 2018? ¿O a los 786 homicidios acumulados a junio de 2019, ya bajo la responsabilidad de la actual administración de la Ciudad de México? Que si el personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana no es responsable de la investigación de ese tipo de delitos, pues reasígnenlos, para eso fue electa, para tomar decisiones de fondo. ¿Acaso no es ése el sello de Morena como partido gobernante? ¿Acaso la promesa de la Cuarta Transformación no es lograr un cambio profundo y un efectivo y austero uso de los recursos públicos?

Aquí, Señora Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, tiene una oportunidad para transformar con sentido en uno de los temas que más nos preocupan y lastima a los ciudadanos. ¡Enfóquese en lo verdaderamente prioritario! ¡Como ciudadanos se lo demandamos! Y, de ser el caso, ¡Se lo reconoceremos!

A ti mi estimado lector, como siempre te agradezco tu tiempo y atención, y te ofrezco la próxima semana contarte un poco de lo que es la vida en el “Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social”, conocido coloquialmente como “El Torito”. No te pierdas la Parte III, de esta trilogía.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Roberto Arriola García

Roberto Arriola García
Roberto Arriola estudió en la Universidad Iberoamericana la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, institución donde también completó sus estudios de Maestría en Comunicación y ha impartido cátedra en diversas materias. Es miembro de la Asociación Nacional de Profesionales del Cabildeo, y del Instituto Nacional de Administración Pública. Asimismo, fundó la Sociedad Mexicana de Estudios de Calidad de Vida S.C., iniciativa pionera en desarrollo humano multidimensional. Actualmente preside la Asociación de Egresados de los Posgrados en Comunicación de la Universidad Iberoamericana; preside el Comité de Comunicación de la Asociación de Egresados de toda la IBERO; e impulsa proyectos inmobiliarios con altos estándares de sustentabilidad. Durante su trayectoria ha asesorado a organizaciones en materia de relaciones público–privadas, asuntos corporativos, atracción de inversiones y sustentabilidad.