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Los inmorales, según Mikel

Just Say No Reagan

Rodrigo Peña González


Más Maquiavelo


jueves 24 de mayo de 2018

A mediados de los ochenta del siglo pasado, en Estados Unidos se construyó un episodio más en la trayectoria de las guerras contra las drogas. Con Ronald Reagan como presidente en la Casa Blanca, el gobierno estadounidense lanzó la campaña Just Say No (Sólo di que no), dirigida a inhibir el consumo de drogas entre la población juvenil de aquel país. Se trataba de una campaña publicitaria cuya cara visible era Nancy Reagan. La entonces primera dama visitaba escuelas y aparecía en comerciales de televisión explicando moralmente sobre los riesgos de consumir estas sustancias. Al inicio, la estrategia sorprendió, pues parecía privilegiar un enfoque de salud sobre uno punitivo. En efecto, era sólo lo que parecía. Lo cierto es que Just Say No era la cara amable y mínima de una estrategia más grande, más violenta y que alimentó el discurso punitivo del narcotráfico.

El tono de Just Say No era el de un juicio moral pero sensible: “Di sí a la vida, y no a las drogas y el alcohol”, decía Nancy. Sin embargo, lo cierto es que funcionaba como una estrategia para legitimar el otro lado de la moneda: las políticas de seguridad que tejían una guerra que, aunque se construía desde el discurso, se vivía como una guerra real. Mientras Nancy hablaba con los jóvenes, Ronald comandaba acciones profundamente violentas, sobre todo fuera de Estados Unidos. Pocos años después, en 1989, el gobierno mexicano consideró por primera vez al narcotráfico como un problema de seguridad nacional, aunque sin especificar ni poner en marcha ninguna medida clara que acompañara esa decisión. A pesar de todo, la influencia del vecino del norte había tomado forma, y se condensaría en la guerra que declarara Felipe Calderón a unos días de haber tomado posesión como presidente, en diciembre de 2006.

Más de treinta años después, en el país donde se originó Just Say No, ocho de los cincuenta estados que lo conforman ya han legalizado el consumo de la marihuana, y en 29 más se permite el uso de la marihuana medicinal. En varios de estos casos, el apoyo a la medida se basa en una aceptación social a través de referéndums y consultas de otro tipo. Mientras tanto, en plena campaña para gobernar la Ciudad de México, uno de los candidatos publica un spot de campaña moralizando el problema de las drogas. En un spot de treinta segundos, Mikel Arriola, del Partido Revolucionario Institucional, culpa a MORENA y al PRD de que un joven esté internado en un centro de rehabilitación porque “primero estaba consumiendo mota y luego todo lo demás”.

“Todo por querer legalizar la mota, y que por su culpa los menores la consuman”, dicen sobre los mencionados partidos políticos. Son unos “inmorales” y “sin valores familiares”, concluyen un sobreactuado Mikel y su supuesto interlocutor. Aun cuando sólo fuese un mensaje en tiempos de campaña, Mikel debe hacerse responsable de que una moralidad de esa naturaleza vaya acompaña por el otro lado de la moneda, es decir, estrategias punitivas. Detrás de la supuesta moralidad con la que Mikel o Nancy juzgan el consumo de drogas, suelen acompañarse políticas de combate al narcotráfico que generan más violencia. Ha ocurrido una y otra vez y, de hecho, en México no ha dejado de ocurrir. Quizás por eso sorprende todavía más el mensaje de Mikel. Las campañas suelen funcionar como hipérboles: extienden el discurso hacia destinos insospechados. A veces nuevas ideas, a veces disparates. Ya sea mochar manos o moralizar el consumo de drogas, lo mínimo que se espera es que quienes los digan se hagan cargo de sus propios disparates.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Un comentario

  1. Lamento comentar hasta ahora este interesante artículo. Mikel Arriola, ya no es candidato a la jefatura de gobierno de la CDMX; perdió ante la científica (licenciada en física, maestra y doctora en ingeniería energética) Claudia Sheinbaum. Cuando Mikel hacía campaña por la vida y valores morales, sus yerros como director del IMSS (2016-2017) condenaban a más de 2000 mil pacientes con cáncer a perder la atención médica, tras eliminar el turno vespertino de Oncología en el Hospital de Zona No. 72. Mientras el humanista posgraduado en Administración Pública por la London School of Economics, pedía el voto a millones de citadinos, dejaba a un IMSS que sólo dispone de 1 (UNA) la plaza de oncólogo en Hospitales de Zona, que para los 10 mil pacientes semanales que ahí se atienden, significa que sólo 1 por ciento de pacientes con cáncer recibe diagnóstico oportuno y tratamiento. Mikel seguirá voceando por el derecho a la salud y a la vida y nosotros constataremos que las contradicciones dialécticas de los moralistas siempre salen a la luz.

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Sobre Rodrigo Peña González

Rodrigo Peña González
Doctorante e investigador en el Instituto de Historia de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Obtuvo el grado de licenciatura en Relaciones Internacionales y de maestría en Estudios Políticos y Sociales, ambos en la UNAM. Es miembro del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE). Ha desarrollado investigaciones sobre teoría y antropología del Estado, sociedad civil y violencia, de las cuales han resultado publicaciones académicas como el Atlas de la seguridad y violencia en Morelos, “La cultura de la legalidad en contextos de violencia. El fenómeno de Hagámoslo Bien en Monterrey” y “Confianza en juego: las Fuerzas Armadas Mexicanas en la opinión pública de la transición”.