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Acento en la libertad de expresión

Libertad de expresión.

Rodrigo Peña González


Más Maquiavelo

Fotografía: Sopitas.com.

jueves 30 de mayo de 2019

Los primeros dos años son fundamentales. Es en este periodo en que, en los últimos gobiernos, se han definido los ejes narrativos sobre los cuales se basa la discusión pública en las administraciones presidenciales de México. A principios de siglo, con Vicente Fox, a la ansiosa esperanza de cambio le tomó aproximadamente este tiempo frustrarse. Además, fue cuestión de meses para que las luces del debate se centraran sobre la decepción de un cambio que cada vez cambiaba menos cosas. Seis años después, cuando el debate estaba centrado en las hipótesis de fraude electoral, Felipe Calderón lanzó la declaratoria de guerra contra las drogas a días de tomar la presidencia, en diciembre de 2006. Un par de meses después, para febrero de 2007, ya se habían lanzado los primeros operativos conjuntos.

Sin embargo, fue cuestión de tiempo para que la espiral de violencia fuera tan evidente como pesada. Esto definió con justificadas razones el rumbo de la discusión pública del resto del sexenio. Posteriormente, cuando Enrique Peña Nieto asumió el cargo, los primeros meses asombraron a propios y extraños por la consecución del llamado ‘Pacto por México’ y su uso en la promoción y aprobación de las llamadas reformas estructurales. Sin embargo, antes de que la administración cumpliera dos años, la discusión giró hacia los escándalos de corrupción encabezados por casos como la casa blanca, sumados a la continuación de casos de violencia en donde Ayotzinapa se configuró como un poderoso símbolo lleno de tragedia, pero también legitimidad y dignidad. El resto del sexenio no puede entenderse sin discutir el peso de la corrupción.

Ayotzinapa.

Fotografía: Expansión.

Estos ejes narrativos son eso, grandes líneas que orientan con mayor o menor influencia el resto de la agenda pública. Son temas que concentran atención y que se definen por la congregación compleja de unos y otros. En otras palabras, no sólo los define el gobierno, sino quienes participan de la vida pública del país y, dentro de los cuales, el gobierno federal ciertamente ocupa un lugar preponderante. ¿Cómo pinta el sexenio de Andrés Manuel López Obrador en este sentido? ¿Cuál será el principal eje narrativo durante este gobierno? El actual gobierno ejerció de facto no desde diciembre, sino apenas se anunciaron los resultados electorales del año pasado. Sin embargo, sí fue a partir de diciembre cuando se pusieron en marcha prácticas de gobierno que llevan el sello particular de esta nueva etapa. En ese contexto, existen elementos para considerar que el eje narrativo de este sexenio será la libertad de expresión.

La suma de elementos es sugerente. Por un lado, ésta es una coyuntura especial por su interés en hacer las cosas de forma diferente respecto al pasado, así como marcar un antes y después. Esto supone la construcción de un discurso diferente, basado en una nueva idea de comunicación gubernamental así como nuevas formas de relacionarse con los intermediarios de esa comunicación –especialmente los periodistas, aunque no exclusivamente–. Como parte del intento por construir esta nueva forma comunicativa, el gobierno federal ha producido elementos diferentes que van desde las conferencias mañaneras y sus polémicas, así como las confrontaciones y descalificación de prensa crítica en general (esto con independencia de la calidad de la crítica). Incluso, y más recientemente, la ley para regular la publicidad oficial es el último ingrediente en la mezcladora.

Jorge Ramos y AMLO.

Fotografía: El Txoro Matutino.

El contexto es sumamente interesante. Así como el sexenio de Peña Nieto arrastró con lógicas de violencia que tenían relativo origen en la administración anterior, así también el nuevo gobierno lidia con ese problema más lo que se suma en asuntos de corrupción heredados del sexenio anterior. Sin embargo, a la insistente necesidad del presidente y su gobierno por marcar una diferencia respecto a otros gobiernos, también se suman indicadores de que no sugieren cambio sino continuidad. En medio, la disputa por cómo se narra ese proceso es feroz. El mismo evento noticioso tiene aristas que jalen la cuerda hacia cualquiera de los dos lados, es decir, que la crisis es herencia o que el gobierno la genera o reproduce. Eso pone el acento sobre la libertad de expresión, pues ya no sólo se trata de cómo se reporta, sino de que existan, permanezcan o se creen las condiciones de reportarlo según sea el caso. México ya era un polvorín en temas de libertad de expresión, ahora hay pólvora añadida.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Rodrigo Peña González

Rodrigo Peña González
Doctorante e investigador en el Instituto de Historia de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Obtuvo el grado de licenciatura en Relaciones Internacionales y de maestría en Estudios Políticos y Sociales, ambos en la UNAM. Es miembro del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE). Ha desarrollado investigaciones sobre teoría y antropología del Estado, sociedad civil y violencia, de las cuales han resultado publicaciones académicas como el Atlas de la seguridad y violencia en Morelos, “La cultura de la legalidad en contextos de violencia. El fenómeno de Hagámoslo Bien en Monterrey” y “Confianza en juego: las Fuerzas Armadas Mexicanas en la opinión pública de la transición”.