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Se busca oposición

Marcha de oposición AMLO.

Rodrigo Peña González


Más Maquiavelo

Fotografía: Cuarto Oscuro.

jueves 25 de julio de 2019

Apenas hace un año, la clase política que hoy gobierna en México era la oposición. De hecho, lo había sido por décadas. Esta oposición partidista compartió la función con un rango amplio de actores y sectores sociales sin militancia partidista pero con convicción de protesta. Vale la pena reconocerlo: México desarrolló una oposición con gran tenacidad y profesionalismo producto de décadas de despojo, corrupción, violencia, autoritarismo y agravio. La victoria electoral de Morena el año pasado no podría entenderse sin el trabajo de este bloque amplio. López Obrador ya es un líder histórico de la oposición, pero no es el único ni representa a toda las corrientes. El contexto cambió hace un año, cuando parte de esa oposición profesional se convirtió en gobierno, y el dilema de los otros sectores giró en torno a cómo sumarse o no, cómo apoyar o no al nuevo gobierno.

El EZLN fue una excepción. Desde el inicio, decidieron desmarcarse y ser críticos con el proyecto de Morena en general y del presidente en particular. Más de lo mismo, argumentaron. Restaba observar si la Cuarta Transformación sería capaz de generar un consenso más o menos amplio entre el resto de los actores políticos que solían ser oposición, y entre los que figuran líderes cívicos, académicos, periodistas, etcétera. A un año de la elección, gobernar ha provocado una ampliación relativa del disenso entre estos sectores. Sin embargo, sigue sin ser claro en qué medida se podría configurar una posible oposición desde este flanco, además de que el gobierno federal a través del ejecutivo ha sido hábil en dirigir y concentrar la narrativa, particularmente en temas sensibles como la relación con Estados Unidos o la implementación de la Guardia Nacional.

Guardia Nacional.

Fotografía: Cuarto Oscuro.

Por otro lado, quienes nunca simpatizaron ni apoyaron al actual gobierno, hoy son oposición por descarte. Enfrentan un reto mayúsculo, pues en general carecen de sofisticación en métodos y argumentos. Además, se enfrentan a viejos lobos de mar que construyeron su habilidad justamente desde la oposición. Esto es particularmente claro en el caso de los partidos políticos. Víctimas de sí mismos, llegan a la cita desgastados, deslegitimados y desmantelados política y socialmente producto de una basta cantidad de casos de corrupción, complicidad e impunidad. Se lo han ganado a pulso. Además, enfrentan mayorías avasalladoras de Morena en los congresos federales y locales así como en los planos municipales y estatales, donde Morena ha logrado condensar las bases sociales que alguna vez pertenecían al PRI y/u otros partidos.

Salvo algunos individuos concretos, los partidos políticos en la oposición son una serie de impresentables incapaces de llamarse entidades de interés público. Esto ha provocado que en México exista una crisis de oposición. Por un lado los aliados reales o potenciales se discuten entre continuar o retirar el apoyo. Por el otro, aquellos quienes nunca fueron partidarios del actual gobierno no cuentan con experiencia ni argumentos. El escenario es negativo para la democracia mexicana. En primer lugar, porque la carencia de contrapesos no significa consenso. En segundo, y más importante, porque una oposición sofisticada funciona como válvula de escape de tensiones. Produce exigencia de rendición de cuentas, reinventa el debate y orienta el disenso.

Ying-Yang mexicano.

Ilustración: Jayme Sifuentes.

El riesgo de una oposición débil o ausente puede derivar en la llegada o búsqueda de un ultraconservador en el mediano o largo plazo. En buena medida, la victoria de Trump, Bolsonaro y el Brexit son producto de contextos en los que partidos políticos conservadores capitalizaron el descontento de votantes descontentos que confundieron la defensa de privilegios con la exigencia de derechos. México no está exento de experimentar la desgracia del ultra conservadurismo. A menos de un año desde que López Obrador tomara posesión, parte de las clases altas y medias practican la misma premisa de confundir defensa de privilegios como si fuesen derechos. Las intenciones de Felipe Calderón de ser líder de oposición (incluyendo la propuesta de formar un partido político) es otro síntoma de crisis. Se busca oposición, pero no cualquiera. México no necesita un partido político que capitalice odios y resentimiento de ciudadanos más o menos conservadores.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Un comentario

  1. JOSE ANTONIO TREJO

    Totalmente de acuerdo, urge un sector opositor que haga contrapeso a las decisiones erráticas de cualquier gobierno, pero una oposición muy diferente a la que teníamos como escaparate en los sexenios pasados, fue una oposición manipulada y manejada por unos cuantos con la herramienta de los medios de comunicación, unas televisora y prensa bien controladas por los sectores corruptos, tanto politicos, empresariales, sindicales y la hermandad entre el narcotráfico y quienes tenían el deber de combatirlo; las personas que veíamos en las calles eran manejados por algún sector inconforme, porque afectaban sus intereses, pero muy pocas marchas para exigir a todos los lideres un mejor rumbo a este país tan rico de costa a costa y con un clima privilegiado; aun hay mucho de eso, es un sueño que los de MORENA nos quieren hacer creer que realmente se avanza contra la corrupción e impunidad, efectivamente urge un oposición real, que busque realmente exigir a el gobierno y a quienes lo representan, que se combata realmente ese cancer que es la corrupción, como es posible que un juez tenga tanto poder, como para proteger a quienes todo el país sabemos que se han enriquecido atraves de erario, si no aparece esa oposición anhelada, nuestro gobierno solo tiene dos aristas, encaminarse a una dictadura que lo veo muy improbable por estar tan cerca de USA o seguir con las simulaciones y estos maleantes de cuello blanco seguirán en lo suyo, urge una oposición de una sociedad bien organizada, con caras nuevas, nada de los politicos que tuvieron su oportunidad y solo saquearon el país, ni lideres sindicales, cómplices de malos empresarios que les gusta el dinero fácil.
    se requiere buenos periodistas, (hoy por hoy, los buenos están sin empleo o desaparecidos o en el mejor de los casos fuera del país) buenos medios de comunicación, (que se conduzcan con imparcialidad y no se dejen seducir por el dinero fácil) buenos lideres sindicales, buenos lideres empresariales; buenos lideres religiosos, es en estos sectores donde podría existir la esperanza de esa oposición que se requiere; en pocas palabras lo que necesitamos son lideres con alto patrimonio moral, hoy tan escaso en los que tenemos.

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Sobre Rodrigo Peña González

Rodrigo Peña González
Doctorante e investigador en el Instituto de Historia de la Universidad de Leiden, Países Bajos. Obtuvo el grado de licenciatura en Relaciones Internacionales y de maestría en Estudios Políticos y Sociales, ambos en la UNAM. Es miembro del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE). Ha desarrollado investigaciones sobre teoría y antropología del Estado, sociedad civil y violencia, de las cuales han resultado publicaciones académicas como el Atlas de la seguridad y violencia en Morelos, “La cultura de la legalidad en contextos de violencia. El fenómeno de Hagámoslo Bien en Monterrey” y “Confianza en juego: las Fuerzas Armadas Mexicanas en la opinión pública de la transición”.