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Monsanto: modelo de negocio basado en investigación y desarrollo

Imagen: cuartoscuro.com

viernes 31 de julio de 2015

Si buscas desarrollar un modelo de negocio donde investigar y desarrollar sean los objetivos de tu concepto, y la plantilla laboral sean profesionistas con posgrado, debes de leer esta historia.

Ciudad de México.- En la siguiente entrevista a Manuel Bravo Pereyra, presidente y director general de Monsanto Latinoamérica, descubrimos a una firma cuyo modelo de negocio se fundamenta en la investigación y el desarrollo. Monsanto Latinoamérica tiene retos planteados a plazos de hasta por 40 años, goza de un presupuesto de inversión de cinco millones de dólares diarios y tiene el mayor número de empleados con grado de doctorado, tan sólo después de la NASA.

Esta es la historia de una empresa que ha hecho de los alimentos y la ciencia, dos pilares de un modelo de negocio de tamaño mundial.

EL SEMANARIO (ES).- Monsanto tiene una presencia global, polémica en ciertas ocasiones, pero indudablemente con sello ligado al desarrollo humano.

Manuel Bravo Pereyra (MBP).- Monsanto tiene una larga historia, de más de cien años; como una compañía dedicada completamente a la agricultura (15 años) y sus trabajos en innovación tecnológica para la agricultura tienen entre 30 y 35 años.

Queda muy claro que uno de los retos más grandes del mundo es la alimentación, no sólo por las más de 870 millones de personas que están por debajo de la línea de pobreza, personas que terriblemente amanecen con hambre y al final del día duermen otra vez con hambre.

Este crecimiento de población que tenemos claro desde hace muchos años y que la FAO ha indicado que vamos a ser entre nueve mil y nueve mil 500 millones de personas en 2050 y que nuestros cambios de dieta de cereales a más proteínas, nos forzará como humanidad a producir únicamente dentro de 35 años, el doble de alimentos de lo que producimos hoy.

Es un reto gigantesco que sumado al tema del agua, cambio climático, la tierra, el crecimiento de las ciudades y a evitar en lo posible la deforestación, el reto se hace cada vez más grande. Monsanto entró al reto, vio en la agricultura una forma de solucionar la alimentación. Tenemos que trabajar en que cada metro cuadrado de tierra produzca lo más posible, también actuar en la distribución de alimentos, en ser capaces de llevar el cultivo correcto en cada metro de tierra, hacer producciones locales, entre otros.

Se entró a este reto con el tema de la innovación, de ser capaces de ofrecer soluciones tecnológicas y en el entendido de que para obtener resultados diferentes, para poder duplicar la producción por metro cuadrado, para ser capaces de reducir el uso del agua, de energía, de suelo; para llegar a una mejor producción de alimentos, se tiene que hacer basado en ciencia y tecnología, para eso, desde el inicio Monsanto decidió invertir fuertemente en investigación y desarrollo, esa es la base del éxito, en Monsanto cada año invertimos el 10% de nuestras ventas a nivel global en investigación y desarrollo, tan sólo el año pasado invertimos mil 735 millones de dólares a nivel global, que equivale a aproximadamente cinco millones de dólares diarios, una cantidad muy relevante.

Básicamente el 25% de nuestros empleados se dedican a investigación y desarrollo, así como el 40% de nuestras localidades.

Monsanto es una compañía cuyo ADN es la investigación. Después de la NASA, Monsanto es la compañía con mayor número de empleados con doctorado, eso indica que la ciencia es lo nuestro.

Muchas veces cuando se hace ciencia se genera controversia, y es ahí donde probablemente tenemos la oportunidad de comunicar mejor las cosas y en ello estamos trabajando, en poder contar nuestra historia.

La agricultura es una práctica y a la vez una ciencia muy local, en Monsanto, a diferencia de otras industrias u otras compañías, tenemos el área de investigación y desarrollo en muchas partes del mundo.

En México específicamente tenemos ocho centros de investigación, invertimos en 2014 400 millones de pesos en investigación y desarrollo y este año invertiremos 500 millones de pesos muy enfocados a maíz, algodón, sorgo y hortalizas como tomate, cebolla y chile; por no tener aún los permisos de biotecnología, toda esta investigación es de mejoramiento convencional, que se hace desde diez mil años, desde que nació la agricultura.

Nos dedicamos a probar durante ocho años maíces mejorados y al acabar este tiempo hemos visto muchas condiciones de clima diferentes, muchas condiciones de plagas diferentes que el agricultor va a vivir.

ES.- ¿Ante estos desarrollos en los que Monsanto ha tomado la delantera en cualquier lugar del mundo, qué opinión le merece la práctica que promueve esquemas de alimentos orgánicos y su tendencia?

MBP.- Debe haber respeto para todas las opiniones, hay gente que prefiere lo orgánico por sus características, por la manera en que es sembrado, considero que es un porcentaje de la población muy pequeño el que tiene la capacidad de pagar productos donde el rendimiento por hectárea en lugar de aumentar se reduce y va a resultar más caro, pero si eso le da tranquilidad al consumidor está bien.

Hay otros consumidores que se van a sentir cómodos con lo convencional, lo que se ha hecho y que hacemos hoy en México, que lleva miles de años haciéndose. Hay grupos en los países más desarrollados en la producción de cereales como el maíz y soya, que simpatizan con la biotecnología que permite las cosas de manera más sustentable, porque con ella no se necesita hacer aplicaciones de productos como insecticidas, herbicidas mucho más fuertes y dan más producción en un mismo terreno; pero las tres técnicas pueden coexistir y con las tres tenemos que ver la manera de que se trabajen juntos para lograr vencer ese reto que tenemos hacia adelante.

ES.- ¿En México la dieta afecta en los desarrollos de Monsanto, qué opinión le merece la dieta de los mexicanos?

MBP.- Toda la investigación que hacemos en México está desarrollada a la luz de lo que necesita el productor mexicano y el consumidor, al final de cuentas, los materiales que mayormente se adaptan al país, son materiales que se han usado en territorio nacional por más de cincuenta años, ese mejoramiento se va dando con los mismos materiales, probablemente pueda traer materiales de otros países como Brasil, Tailandia, Europa o Estados Unidos, que tengan características especiales, que le ayuden al productor local a ser más eficiente.

ES.- ¿En Monsanto han analizado la dieta del mexicano, han llegado a conclusiones de ella?

MBP.- Sí, históricamente hacemos análisis del grano que producen los agricultores desde el punto de vista científico y bromatológico. En México se consumen entre 30 y 33 millones de toneladas de maíz, de esos 33 millones de toneladas, aproximadamente 23 millones se producen en México y  10 o 12 millones de estas se importan principalmente de los Estados Unidos, que es entre un 90 y un 95 por ciento (semillas) con biotecnología.

Los 23 millones de toneladas que se producen en México; a pesar de que en el 25% de la superficie se siembre con semilla mejorada, ese 25% de la superficie en México da arriba del 50% de la producción, porque las semillas mejoradas rinden en promedio ocho o nueve toneladas, todo lo que se da probablemente en Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, el Bajío y Jalisco hay una penetración más alta de semillas mejoradas y por otro lado, en el restante 75% se usan más variedades o criollos.

Entonces, para este 50 o 60%  de la producción con semillas mejoradas, es en el mercado en el que Monsanto participa, para nosotros es muy claro y muy importante el entendimiento del agricultor mexicano y por otro lado cómo va a poder vender el grano ese productor, que se lo vende a Maseca, Minsa y Nixtamaleros del centro o de cualquier parte del país; básicamente si todo ese grano que sale de semillas mejoradas es mucho más efectivo o rendidor en los procesos que le continúan, ya sea para la producción de harina del maíz, de tortilla directamente con nixtamal, a final de cuentas no se puede disociar la investigación con el consumidor final.

ES.- ¿Cuáles son las recomendaciones que una compañía internacional como Monsanto puede darle a estas pequeñas empresas, estos emprendedores que en su modelo de negocio quieren hacer una apuesta por la sustentabilidad, qué lecciones muy breves puede compartir?

MBP.- En México, afortunadamente, hay muchas compañías dedicadas a la agricultura. De maíz, solamente hay cerca de 160 marcas en el mercado. Por ser la agricultura tan regional, se permite el crecimiento de esas compañías conforme vayan realmente invirtiendo y trayendo nuevas soluciones, eso es algo muy poderoso, de hecho trabajamos mucho con las compañías regionales, buscamos la manera de licenciar tecnologías, ya sea biotecnología fuera de México, germoplasma o material de maíz en otros países que permiten a estas compañías llegar todavía más fuertes al mercado, ellas deciden si quieren participar o no, pero nosotros trabajamos muy de la mano, transfiriendo tecnología ya sea a través de las mismas semillas o prácticas agronómicas, que junto con otras entidades como Fundación Produce o el INIFAP permiten la llegada de manera eficiente a los agricultores.

Los modelos que hemos visto que funcionan, ya sea en México, Estados Unidos o en Europa, son modelos de colaboración público–privados, para lograr el gran reto del que hablo.

Hay unas nuevas plataformas que también son muy interesantes que se están lanzando en algunos países como Brasil, Argentina y Estados Unidos, que son el futuro de la agricultura: uso de datos, big data, proporcionar información del clima, de suelos, lluvias, que se tiene por los últimos 80 a 100 años, combinada con información específica del agricultor, de sus condiciones, su suelo, con información específica de las semillas mejoradas que pueden utilizar, se da asesoría al agricultor para que de esas 60 o 70 decisiones que debe tomar durante el ciclo agrícola, no nada más las tome con base en su experiencia anual, sino que tenga la oportunidad de usar la ciencia, a eso se le llama agricultura de precisión, que ayuda al agricultor a tener una prescripción en cuanto a cómo ser más eficiente en el uso del agua, cómo poderse cambiar de riegos de canal a goteo, para reducir el uso de agua de entre 60 y 70%; igualmente el uso de fertilizantes, cómo a través del uso de fotografías satelitales se puede saber la calidad del suelo del agricultor y realmente en qué proporciones de tierra se necesita más fósforo, más nitrógeno o más potasio, de esa manera le permite (al agricultor) hacer una fertilización variable y le permite ahorrar entre un 40 y 50%  del fertilizante que hubiera utilizado.

La tecnología de precisión agrícola es una tecnología que nos permite ayudar a producir el doble y utilizar menos agua, menos energía, menos suelo, es un área en la que Monsanto está invirtiendo de forma importante.

La última área donde Monsanto está invirtiendo también de forma importante y que probablemente son tecnologías que llegarán al mercado en el 2025 o 2023, es cómo usamos los microorganismos, que es una manera muy sustentable de manejar plagas y hongos que siguen afectando a la agricultura; esta es también una ola que viene y que se está empezando a desarrollar y que realmente va a ser fuerte en su penetración probablemente de aquí a ocho o diez años.

Por Octavio N. Cervantes.

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