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Los otros datos del presidente; la controversia sobre crecimiento y recesión en México

Andrés Manuel López Obrador
Presidente de México Andrés Manuel López Obrador

martes 23 de julio de 2019

Organismos internacionales, agencias calificadoras e instituciones gubernamentales son los llamados tecnócratas que el presidente López Obrador descalifica cuando de cuestionar sus cifras se trata y les responde siempre con la misma letanía: “Yo tengo otros datos,” una controversia que ronda las cifras macroeconómicas de México, sus proyecciones de crecimiento y los riesgos de caer en recesión.

El debilitamiento de la producción industrial, la caída en las cifras de empleo formal y otros indicadores, apuntan a que en el primer trimestre del 2019 México no va tan bien como lo dice el presidente. Mientras Andrés Manuel López Obrador (AMLO) insiste en hacer referencia al fortalecimiento del peso mexicano, la generación de empleos a través de programas de gobierno en zonas marginadas, el apoyo económico para jóvenes y adultos mayores a través de becas y pensiones de bienestar y la inversión en proyectos de infraestructura para recuperar la soberanía de energéticos y el despegue de la zona sureste del país; los analistas observan otro panorama menos alentador para la economía mexicana y apuntan a un marginado  e incluso negativo crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

Y es que pareciera que se está jugando a las vencidas y cada una de las posturas se encuentra jalando su extremo de la cuerda. Por un lado, entidades de la talla del Bank of America Merril Lynch (BofA) ubican a México en un periodo de recesión durante la primera mitad del 2019, con una contracción del PIB del 0.2 por ciento en el primer trimestre y estima un panorama similar para entre abril y junio. Así mismo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aplicó un fuerte recorte a las estimaciones de crecimiento para México y, en julio, apunta a un enfriamiento de la actividad económica con dinamismo marginal del 0.9 por ciento para el cierre del año, una reducción del 0.7 por ciento en su estimación.

En el otro extremo de la cuerda, se ubica AMLO y sus otros datos. El primer mandatario mexicano, conocido por su alta aceptación entre la población menos desfavorecida del país y el grueso del electorado, se mantiene en su dicho de logar un crecimiento del 2.0 por ciento al final de su primer año de gobierno y alcanzar hasta el 4.0 por ciento al cierre de su administración.

Pero, aquí bien valdría la pena hacer una revisión no sólo a las cifras oficiales y extraoficiales de las variables macroeconómicas, sino también a los riesgos de tomar decisiones con base en datos, si no irreales, si más populares y mediblemente cuestionables.

Mientras no esté claro el criterio para medir los “otros datos del presidente,” poco son de utilidad para las proyecciones técnicas que respalda la teoría económica. Para el BofAm, la recesión en México es inminente dado que parte de la definición de una acumulación de dos trimestres constantes con caídas, respecto al trimestre anterior. Sin embargo, para otros, la economía mexicana no podría ser catalogada como recesiva al no registrar una declinación significativa en la actividad productiva por varios meses con efectos visibles en el PIB, el ingreso, el empleo, la producción industrial y las ventas minoristas.

Para Marco Oviedo, economista en jefe para América Latina del banco británico Barclays, la relevancia de definir y reconocer si México está o no en recesión es de imperante relevancia para las decisiones de política económica, ya que si el gobierno considera que hay peligro de estancamiento y decrecimiento podría “aplicar políticas contracíclicas, para impulsar un poco la economía, o el banco de México podría recortar la tasa de interés”, estima.

En tanto el gobierno federal no reconozca los efectos arriesgados de su llamada “cuarta transformación” (4T) y mantenga su postura de catalogar a los analistas como “tecnócratas conservaduristas a favor del sistema neoliberal y opositores de la transformación del país,” poco tomará en cuenta sus observaciones.

En su más reciente debate interno, la Junta de Gobierno del Banco de México mencionó en reiteradas ocasiones la posibilidad de caer en recesión; sin embargo, uno de sus cinco miembros, reconocido como fiel partidario de López Obrador, desestima la afirmación de que las débiles tasas de crecimiento en el cuarto trimestre de 2018 y el primero de 2019, en conjunto con otros indicadores adelantados que permiten anticipar el desempeño del segundo trimestre, sugieren la posibilidad de una “ligera” recesión.

“No les tengo mucha confianza a esos organismos, con todo respeto. Esos organismos fueron los que impusieron la política neoliberal que causó muchas desgracias en México” – López Obrador.

Pero, a pesar de que las proyecciones de crecimiento del presidente fueran certeras y México alcanzara una expansión del PIB del 4.0 por ciento en 2024 en reacción a la reestructuración de la economía interna, el nivel de desarrollo social y el rescate de la industria petrolera; la actual tensión perentoria de la cuerda económica fomenta la incertidumbre de los inversionistas y la desconfianza de las calificadoras, referentes innegables para conocer ciertamente la salud económica del país.

Tal vez si haya sorpresas en diciembre de 2019, la pregunta es ¿quién se las llevará? Los “tecnócratas” o el presidente.

 

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Sobre Adriana Murillo

Adriana Murillo
Economista por la UNAM, coordinadora editorial de noticias en medios digitales, amante del café y con un profundo amor por México.