Home || Hasta el momento || El miserable

El miserable

El miserable

jueves 12 de octubre de 2017

Es curioso como las estructuras materiales y sociales del hombre lo han llevado a un sin sentido de la existencia presente y futura. Hace algunos ayeres, en una época donde el idealismo romántico permeaba las venas de la nacionalidad mexicana e hispanoamericana, José Vasconcelos, acuño el denominado Día de la Raza. La utópica hipótesis vasconcelista devenía de su obra La raza cósmica, un tratado sobre la posibilidad de la unificación de las diversas etnias del orbe, lo anterior, desde un punto de vista armónico y estético.

Pese a que la idea de Vasconcelos tiene una motivante filosófica, su utópica nueva raza arrastraba consigo la miseria del hombre, un defecto que, pese a la armonía, se encuentra arraigado en la carne humana. No obstante, si se pudiera llegar al clímax de una casta que dejará atrás los preceptos morales, religiosos, étnicos, entre otros, como pretendía Vasconcelos; la cualidad del hombre de ser miserable y hacer miserable a los otros no podrá desvanecerse.

Aunque diría José Ortega y Gasset: “yo soy yo y mis circunstancias”, la raza de un hombre no es la determinante de su precaria condición. El hombre es ese ser caníbal que disfruta de corroer la piel, entrañas y huesos del que mal llama su semejante. Este ser ha traicionado su vocación de persona por un cumulo de leyes que lo absorben, orientan y sitúan.

La miseria es tan evidente, que el hombre desea volverla un acto de caridad. Al ver a un ser similar por las avenidas de cualquier ciudad del mundo en condiciones precarias, un ser abandonado a las inclemencias de la calle y el hambre, ese ser que resulta repulsivo para aquellos que decidieron permanecer estáticos en el mundo; el hombre en su beata condición de vanidad y auto-vanagloria se ve en la necesidad de arrojar unas cuantas monedas a los pies del miserable.

Es tras este acto que Narciso sale de su escondite; el hombre se enorgullece de su imagen caritativa, el hombre se ufana de haber ayudado a un ente frágil e inmundo, a un ser despojado de moral, religión y leyes, ¡vaya! Un ser libre. Paralelamente, y, sumergido en la miopía, el hombre ofrece regalarle un trozo de comida, el ente lo toma arrebatadamente, síntoma de hambre; acción que satisface la imagen del espejo.

El espejo solo refleja la miseria del hombre, aunque este tiene techo, ropajes y comida, lo miserable le deviene de su acto frívolo y lleno de vanidad. La compasión no es más que la repulsión de sí mismo, no existen los actos misericordiosos, existe la imagen del hombre siendo caritativo. ¡Alaben a los falso ídolos de carne y hueso!

¿La humanidad no está acaso lo bastante retorcida como para hacer de un ser humano, un objeto de la avaricia del hombre? El miserable, ese hombre vanidoso que goza de su imagen misericordiosa, el miserable, ese hombre que aborrece la libertad, que desea a toda costa condicionar al ente a su decadente pernoctar.

Es curioso que la opinión popular posicione el Día de la Raza como la fecha del quebranto de la autonomía cultural. La miseria del hombre no es una cuestión de transculturalidad, la conquista del nuevo mundo no influye en la actualidad precaria de nuestra sociedad, el hombre se ha esforzado por ser miserable. Tal parece que Jean-Paul Sartre tenía razón. “Hay dos tipos de personas pobres, aquellos que son pobres juntos y aquellos que son pobres solos. Los primeros son los verdaderos pobres, los otros son gente rica sin suerte”.

Carlos Ramírez

 

Tu opinión es importante

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

x

Check Also

Como parte de un experimento piden voluntarios para beber cerveza por 56 días

Como parte de un experimento piden voluntarios para beber cerveza por 56 días

Con la intención de examinar la eficacia de un antioxidante, que contiene ...