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Mitos y realidades sobre el Tren Maya; El sueño “americano” del sureste mexicano

Ruta del Tren Maya
Notimex

martes 19 de febrero de 2019

El Tren Maya, la joya en infraestructura del gobierno de López Obrador, guarda retos, mitos y realidades que marcan los claroscuros del proyecto que busca concretar un sueño “americano” en el sureste mexicano.

 

De acuerdo a los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), México cuenta con más de 9 millones de personas en extrema pobreza en su mayoría concentrados en los estados de Chiapas y Oaxaca, situación que se ha mantenido por décadas ante la polarización de inversión en infraestructura y desarrollo en las zonas sur y norte del país.

Por extraño que parezca, el sureste mexicano es la región con mayor riqueza natural de México, y con los atractivos turísticos más emblemáticos del país; sin embargo, su nivel de desarrollo económico ha quedado marginado y no refleja el potencial que esconde.

Bajo este contexto, se levanta como una estela de esperanza un proyecto ambicioso que busca conectar los cinco estados del sureste que contienen la mayor riqueza milenaria de la cultura Maya. De la mano del presidente López Obrador, el Tren Maya promete ser un proyecto detonante para el desarrollo turístico, económico y cultural que enmarque a Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas; lugares que cobijan las emblemáticas arqueológicas de Tulum, Calakmul, Palenque y Chichen Itzá.

Si bien pareciera que es una propuesta visionaria, clara, objetiva y viable, levantó un tsunami de críticas sobre los alcances reales del proyecto en materia de crecimiento económico y rentabilidad.

El primer factor en tela de juicio fue la inversión.

De acuerdo a estimaciones del gobierno mexicano, el objetivo es terminar la ruta del Tren Maya a más tardar en 4 años, con una inversión de hasta 150 mil millones de pesos. Un financiamiento que se prevé lograr utilizando los fondos recaudados a través del Impuesto al Turismo (estimado en 370 millones de dólares anuales) y el resto de la inversión se buscará a través de la iniciativa privada a través de licitaciones públicas y el presunto lanzamiento de Fibra E para adquirir financiamiento.

La rentabilidad del Tren Maya

La propuesta de López Obrador se defiende al asegurar que el Tren Maya beneficiará en el corto plazo con la generación de empleos y en el mediano y largo plazo por el desarrollo potencial de lugares comerciales de turismo y transporte de mercancías; derrama económica que, según el doctor Cesar Armando Salazar López, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sólo serán benéficas a la región si son completadas con otro tipo de proyectos.

En un artículo sobre el tema, Efraín Gala, director del Centro de Evaluación de Proyectos del ITAM, hace mención sobre las dudas en los beneficios económicos que generarán los 1500 kilómetros que trazarán la ruta del tren.

Destaca que el gobierno de Enrique Peña Nieto abortó un proyecto similar que buscaba unir dos ciudades principales de la región – Mérida y la Rivera Maya con Cancún- , debido a los requerimientos mínimos de operación para hacer rentable la inversión. El entonces gobierno federal señaló que se requerirían alrededor de 60 millones de pasajeros y transportar 14 millones de toneladas de carga y aumentar la estancia turística extranjera a un promedio de 30 noches.

“Para que el tren pudiera llevar 60 millones de pasajeros al año, tendría que desplazar a 1.5 millones de autobuses al año, en una zona donde, de acuerdo con las cifras de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para el año 2017, la máxima cantidad de autobuses que circulan anualmente es de poco más de 50 mil,” objeta.

Hasta el momento el gobierno no ha revelado si trabaja en la creación de propuestas que impulsen la producción y distribución de los mercados locales. Se habla de un fideicomiso en la región con lo que el gobierno buscará proteger a las comunidades indígenas, pero hasta ahora, todo es especulación.

Si bien el proyecto cuenta con el 89.9 por ciento de la aceptación de la población para su desarrollo, quedan innumerables temas sin resolver en la mesa. Con la información que se tiene hasta el momento, es inviable medir el costo-beneficio de esta inversión.

Costos ambientales y culturales

La ruta por la que ha sido trazado el Tren Maya resguarda la mayor cantidad de especies de vida silvestre, según el Fondo Regional para la Cultura y las Artes de la Zona Sur, y para su desarrollo debe cumplir con la Manifestación de Impacto Ambiental.

Los vestigios arqueológicos de la civilización maya más importantes se encuentran en la península de Yucatán y el Istmo de Tehuantepec, mismas que están protegidas por la ley federal sobre monumentos y zonas arqueológicas, artísticas e históricas.

El incremento de afluencia de turismo demandará servicios restringidos que ameriten modificaciones a la legislación que hasta ahora obliga a modificar los proyectos en caso de que existan riesgos de daño al patrimonio arqueológico de la nación.  Además, el cambio radical en la región obligará a la fauna a movilizarse y esto a su vez causará modificaciones de fauna.

El riesgo de un sueño fallido

La idea del Tren Maya si es ambiciosa, si es detonante para el desarrollo del país y es una apuesta a la infraestructura de la que se ha carecido por sexenios; sin embargo, si se parte de la información que hasta el día de hoy se tiene, los objetivos de detonar la economía, mejorar la calidad de vida de los habitantes, desincentivar la migración y proteger el medio ambiente, podrían quedar dibujados al estilo del “sueño americano.”

El gobierno de López Obrador, deberá revelar mayores detalles de su estrategia a la brevedad o el tiempo empezará a pisarle los talones.  Los inversionistas privados estarían a la espera de saber las condiciones de su participación y los incentivos, además de que el tema de la inclusión de nuevas tecnologías y energías ecológicas queda pendiente por resolver.

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Sobre Adriana Murillo

Adriana Murillo
Economista por la UNAM, coordinadora editorial de noticias en medios digitales, amante del café y con un profundo amor por México.