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El traje, la mona y la seda

Colaboraciones y reflexiones de Gastón T. Melo-Medina en El Semanario

lunes 12 de diciembre de 2016

Leí hace unos días una nota descriptiva que buscaba construir un perfil del próximo Presidente de la República. Una suerte de carta a Santa Klaus, para pedir por lo mejor posible en el gobierno: Me mueve a reflexiones.

 

Estamos, de modo real pero imperceptible, en el cotidiano, viviendo una era significativa de cambios sustantivos. Para percibirlos es quizá necesario cambiar de tiempo o de contexto

 

Desde lo alto de mi sexto piso etario, puedo imaginar que, si hubiese vivido en el país, hace doscientos años, por ejemplo, entre 1820 y 1880, habría podido asistir quizá tomado de la mano de mis padres, a la llegada a la ciudad de México del Ejército tri-garante (unión, independencia, religión), comandado por Agustín de Iturbide, tal vez incluso, con un padre funcionario y criollo, a su coronación. Posteriormente habría visto la llegada de Santa Anna al poder (varias veces, por cierto). Con tristeza, también visto ondear la bandera norteamericana en Palacio Nacional en 1947, aplaudido probablemente las presidencias de Juárez en la década de los 50, admirado la solemne y fasta llegada de Maximiliano y me habría inquietado su fusilamiento, habría visto también varias veces los honores rendidos al presidente Porfirio Díaz desde 1876.

 

En poco más de medio siglo, los acontecimientos se agolpan y a la distancia cobran sentido.  En México viví de niño, estudié y me contaron mis padres, de un Ruiz Cortines, caballero, que promovió el voto de las mujeres y que hizo gala de transparencia como no se ha vuelto a ver, el primero en exigir declaraciones patrimoniales a sus funcionarios,  vi las tanquetas en los tiempos preolímpicos en 68, cerca de mi casa en Coyoacán y viví momentos significativos del movimiento, acompañé a Echeverría a la UNAM el día de su pedrada, cuando llamo jóvenes fascistas a un grupo que le reclamaba su participación en los crímenes de Tlatelolco, desde mis años franceses en la universidad seguí  a un dispendioso, López Portillo, en México sufrí un ineficiente Fox, seguí sin convicción al iracundo Calderón, representantes ambos de la transición fallida; reconozco en el denostado Peña sus esfuerzos reformistas, le critico su falta de visión para concretarlos y su afán para asegurar una transición con o sin alternancia ideológica pero sin quema de brujas.

 

Hemos visto en televisión y en vivo las Guerras del Golfo, la emergencia del poder chino, la vuelta del fascismo populista en Europa, la golosa y folclórica presidencia de Chávez y Maduro en Venezuela, y la moda de intentar heredar el poder en Argentina, Cuba, Los Estados Unidos, Filipinas, México, la reciente Trumpada al mundo con la elección norteamericana, el crecimiento de movimientos de alta identidad (Islam) y la emergencia de grupos con reclamos históricos cuya solución implica una revisión profunda del orden de las cosas. (ISIS, Marcos, Boko Haram)

 

Es mucho para digerir y sin embargo, todo esto es la antesala para considerar el perfil de esa o ese nuevo dirigente de la Nación que no termina de definirse, que no termina de existir: México.

 

En sus menos de doscientos años, México fue leal a la corona de España con Iturbide, entregado a los Estados Unidos con Santa Anna y con Juárez, afrancesado con Maximiliano y con Díaz, tercermundista con Echeverría y obediente con las instituciones internacionales desde Salinas.

 

La nación mexicana ha dejado que se le califique desde el exterior, porque ha visto siempre el poder venir desde afuera y ese es precisamente el reto que a mi juicio pudiera imponerse a la nueva figura de gobierno.

 

Es en este sentido que la idea de un México con “Identidad e Imaginario” emerge con pertinencia. ¿Quiénes somos los mexicanos, filosófica, social y psicológicamente? Tener conciencia de identidad es un poco renunciar al idealismo engañoso y supremacista que pondera la etnicidad por encima de todo o la condición europeizante que aboga por la superioridad del conquistador civilizatorio. Desde tiempos de Iturbide de manera retórica quizá pero evidente también se abogó por la unidad de criollos, mestizos e indígenas, pero se hizo poco por ella.

 

En varios momentos esta reflexión ha ocupado a los gobernantes del país, dese Cortés que valoró el mestizaje de sus hijos nacidos en territorio mexicano a partir de 1523, ocupó a frailes y virreyes, a emperadores y presidentes, pero nadie como Vasconcelos supo teorizar sobre el problema y nadie como Samuel Ramos, ponerlo en el candelero de las discusiones centrales en torno a la identidad. Lombardo Toledano, Uranga y Zea, siguieron esta línea de pensamiento y contribuyen a dar sentido a la reflexión. Justo Sierra quiso sentar desde el último cuarto del S.XIX, las bases institucionales en que pudiera basarse la Educación Nacional, pero le interrumpió el destierro de Díaz.

 

La identidad es central, ya Fernando Benítez se duele en Los indios de México, por el hecho que las luchas libertarias en el país, no tienen un carácter de reivindicación étnico, sino que son sólo luchas europeas hechas por indios mexicanos. Es decir, pura teoría de la liberación sin una práctica de imaginario propio.

 

Esto ha enquistado en el mexicano, factores de una psicología  que se resuelve irracionalmente en condiciones como la rabia ciega y mesiánica que apuesta por un líder emancipador con soluciones radicales, la estridencia kitsch de luchadores (o diputados) enmascarados, con sus consecuencia de  abandono de la seducción por una vía más violenta, la ceguera que blinda percepciones, segrega y zonifica en cárceles de cristal, jardineadas y refractarias al contacto (y a la percepción), privadas les llaman vaya que lo son “del contacto” que mueve a reflexiones,  el alcoholismo o la drogadicción (la clase y la geografía definen) embrutecedoras,  como alternativa para escapar de una abrumadora realidad que se impone como yugo sin brindar opciones para igualar posiciones y alcanzar la meritocracia que refleja la igualdad de oportunidades.

 

Gobernar en este contexto no es asunto fácil, en la última elección la población se manifestó por una narrativa de promesas y un cuento de hadas, antes se eligió a un joven travieso, el adelantado Calderón que hizo a la michoacana una campaña promovida por su cuate y casi paisano, a quien hizo secretario de gobernación y posteriormente embajador en España, antes, se eligió a un histrión decepcionante un poco vaquero y agringado, Vicente Fox. Clasemediero y sin mucha visión, pero bien formado, por azar, llego a la presidencia, Zedillo, mas pillo que caudillo resultó Salinas y antes, los tres compadres Echeverría, López Portillo y Miguel de la Madrid que gobernaron desde el poder personal y sin reflexiones sustantivas. Echeverría intuitivo, aprovechó la coyuntura mundial para posicionarse con un liderazgo en el hasta entonces llamado tercer mundo, quiso reivindicarse, sin lograrlo, de un 68 que le cuesta hasta hoy para definir a modo su posición en la historia, López Portillo abusó de su condición y se hizo de recursos personales ilegítimos venidos de la venta de petróleo en el mercado spot y Miguel de la Madrid, comenzó (sin que le quedara de otra) a hacer las tareas que le dictaban las instituciones internacionales.

 

Esta escena local se ve envuelta en un marco internacional donde Rusia está ganando importantes batallas políticas, (véase el resultado en Siria, donde tras la recuperación de Alepo para el gobierno den Al Asad, parece reconocerse un acuerdo discreto con los Estados Unidos, en un momento en que el poder de este país, transita), China reservada, aguarda con acciones puntuales su momento-lobo (Pareto), Europa por su parte, se ensimisma en batallas internas y buscando su modelo de especificidad, de excepción, América latina de nuevo en pausa, le apuesta a un “más de lo mismo”, un poco de crecimiento, una democracia retórica en Colombia y Chile, un populismo de facto en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, corrupción insultante en Guatemala, Honduras, Salvador, Brasil y México un caribe de nuevo a la hora de Cuba, Haití doliente pobre y fragmentado, Argentina y Perú más Oligarcas y alineados con el mundo del crédito internacional.

 

Los tigres asiáticos no son hoy más ejemplares, las historias de corrupción en Corea y Japón están en el “ocho columnas” de sus diarios todos los días.

 

¿Quiénes entonces aquí para lo mejor posible?  buenos narradores, estudiosos de la historia, con un imaginario de país realista, positivo, sensible, incluyente, con tolerancia cero a la corrupción, guerreros para incidir en las carteras fundamentales: Educación/Cultura, Economía/Salud, Finanzas/Cancillería, personajes con formación y mundo (Weltanschauung) con perfecto inglés y otro idioma, pero con arraigo, mestizos los más, orgullosos todos, que conozcan el país  todo y algunas de sus entrañas, inacabados pero seguros de sí mismos, mas con estilo que elegancia, abiertos, valientes, que reconozcan y promueva la alta identidad de las personas con compromiso para reconocer la meritocracia, promover la igualdad de posiciones y trabajar por la igualdad de oportunidades, que conozcan y respeten a las instituciones internacionales pero que sepan dialogar con ellas y negociar con afán de resultados, con republicana sobriedad en sus vidas. Este es el zapatito de cristal de los personajes que reclama la buena gobernanza. Construirlos es tarea de Estado.

 

La Escuela de estos funcionarios debe crearse, el modelo de la ENA (Ecole Nationale d’Administration), es un ejemplo a tropicalizar. Una especie de combinación del Matías Romero, CIDE e INAP. Se requiere reforzar el Politécnico, un Conacyt menos político y más CONSEJO plural e incluyente, escuelas de élite dese la primaria, meritoctáticas. Fomentarlas es indispensable ya, si queremos tener funcionarios aceptables en 2030.

 

La iniciativa para la formación de este perfil de escuelas de servidores públicos, debe provenir de un Consejo de Estado en que se incluyan, nuevos y mejores representantes, actores sin vocación de poder, pero con visión de país, un poco viejos, un poco sabios, jóvenes también, empresarios, representantes de comunidades, apartidista: Con ellos se puede imaginar un porvenir de luz, un imaginario/país.

 

El México que viene, ese que vio Paz en sus últimos días, el México del Nuevo Sol, es un México serio, un México que promueve ideas claras, que se reconoce en la unidad de la lengua con otras identidades en la región. Asume su rol de promotor de la humanidad moderna, única, mestiza, sin muros. Un país de personas respetuosos y activas, competitiva y compasiva, ejemplares.

 

El reto en el fondo del mejor gobernante, es el de construir mejores ciudadanos. La lista de tareas es enorme, comencemos por las primeras. Busquemos la seda, que tenemos monas, monos y sabemos cómo queremos el traje.

 

Por Gastón T. Melo-Medina

 

 

 

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).