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Virgilio

Dante y Virgilio

viernes 12 de enero de 2018

A mi querido amigo Samuel Podolsky

Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido en la mente del hombre agradecido”.   

Fue el divino Virgilio quien guio a Dante por los infiernos y el purgatorio. Es él quien tuvo la titánica tarea de conducir a un hombre que no supo controlar sus pasiones. Virgilio logró darle valor a un joven desdichado que tuvo el atrevimiento de pensar. Es bien sabido que la odisea que le esperaba al enamorado de Beatriz sólo pudo ser superada por la presencia del poeta romano. Virgilio es para Dante más que un acompañante, él custodia sus pasos y le da explicación de las abominaciones a las que se tendrán que enfrentar, Virgilio le entiende, consuela y ama; se vuelve su amigo.

El infierno descrito en La divina comedia está lleno de aberraciones, lamentos y mentiras. Solo aquellos que se aventuran a cruzarlo acompañados logran la bienaventuranza de compartir el paraíso. Tras cada paso que los adentra en el infierno, Dante siente temor; le aterra la idea de no volver a amar, de que su estancia en los círculos se torne de forma perpetua. Sin embargo, Virgilio sabe a la perfección que Dante esta destinado a llegar al paraíso, que no hay otro camino hacia la trascendencia que descender por los nueve infiernos y subir por las espaldas del demonio que devora con gusto la traición de Judas, un recordatorio para aquellos que tienen la osadía de ser desleal a un amigo.

Tras superar juntos la lujuria, la gula, la avaricia, la ira, la pereza, la violencia, el fraude y la traición; Virgilio y Dante se encuentran con un nuevo reto, subir el inclinado purgatorio que se torna a cada paso un calvario. Una empinada montaña transmuta en el peor enemigo para alumno y maestro, ambos deben alentarse para poder llegar al esplendor armonioso que les espera en los cielos.

Tras finalmente llegar a la cima de la montaña y encontrase frente a frente con la puerta dorada del paraíso, Dante y Virgilio deben separarse, pues la temporalidad, el espacio e incluso la religión impiden al poeta romano tocar el paraíso dibujado específicamente para Dante.

La separación es la más cruel de las sensaciones humanas, desprenderse del ser amado es un padecimiento perpetuo que va desmoronando el alma. Sin embargo, Dante y Virgilio saben que su andar no ha concluido, que la memoria siempre los tendrá unidos, que el paraíso no es el destino que los hermana, pues Dante no ha muerto.

Al despedirse Dante de Virgilio, pronunció estas palabras: “Es un solo amor el que me mueve al sol y las demás estrellas”. Es realmente dichoso en cuerpo y alma quien tiene el privilegio de ser acompañado en el tortuoso camino de la existencia. De manera súbita, el destino avienta los dados y el azar favorece a los incautos. De pronto, dos almas ajenas se unen en comunión para darle cabida a una experiencia agridulce que entre otros sabores nos deleita con alegría, risa, llanto, enfado y amor. La amistad, es quizás, el regalo más dichoso del que puede participar el hombre. El otro se torna parte de la esencia que define el camino que se tomará en el futuro. El amigo guía, custodia y corrige.

Carlos Ramírez

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