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La inminente muerte del Río Doce

"¿Ahora qué vamos a hacer? Han acabado con el río"/Imagen: Notimex

viernes 20 de noviembre de 2015

El Río Doce, uno de los ríos más importantes al sureste de Brasil fue gravemente afectado por el vertido minero ocurrido hace dos semanas.

Ciudad de México.- El pasado 5 de noviembre, un accidente cambió por completo la vida de varios brasileños. La ruptura de los diques de dos depósitos de agua y residuos minerales de un complejo minero de la empresa Samarco desató un gran caos.

La riada destruyó el poblado Bento Rodrigues, causando cuantiosos daños en otros seis pueblos, donde dejó al menos once muertos y doce desaparecido, dañó una gran extensión de tierras fértiles y finalmente desaguó en el Río Doce.

Según Samarco, la avalancha contenía unos 62 millones de metros cúbicos de agua, hierro, tierra, arcilla, arena y otros residuos minerales.

El lodo ha causado daños incalculables a la fauna del río, además de crear un problema de abastecimiento de agua en las ciudades ribereñas. La muerte de la fauna ha causado que cientos de familias se quedaran sin el alimento y sin el sustento, ya que la mayoría se dedican a la pesca.

Las medidas de recuperación

Recientemente la presidenta de Brasil, Dilma Roussef, anunció una serie de medidas para recuperar el ecosistema del Río Doce, uno de los más importantes al sureste de Brasil.

Roussef, quien encabezó una reunión para coordinar el plan de acción tras el accidente minero, afirmó que Brasil tiene que “dar un ejemplo” y devolver el río a sus condiciones previas a la llegada del ser humano. La mandataria señaló que en la ribera del Río Doce se encuentra “la mayor concentración de mineras y siderúrgicas de Brasil”, en el también llamado Valle de Acero.

Por su parte, la ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, calificó el accidente como la “catástrofe ambiental más grave” ocurrida en aquel país, admitió que la recuperación de río se prolongará por lo menos una década.

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Imagen: Leonardo Merçon/Instituto Últimos Refúgios

Una guerra justa

Armados con palos y con el cuerpo pintado, un grupo de 150 indígenas de la etnia brasileña krenak bloqueó durante cuatro días una línea de tren estratégica para la exportación de mineral de hierro a Asia, como represalia por la severa contaminación del Río Doce provocada por uno de los peores accidentes mineros de los últimos años en Brasil.

Al llegar a la Vila Krenak, a 20 kilómetros de la ciudad de Resplendor por una desierta carretera de arena y piedra que avanza en paralelo a la ferrovía, dos docenas de nativos cortan el paso:

«No puede pasar nadie por aquí”, dicen, en tono desafiador.

Sólo los periodistas y los camiones cargados con agua para abastecer las ciudades donde el suministro fue cortado por la contaminación en el río pueden cruzar el territorio, donde decenas de tiendas de campaña fueron instaladas en las inmediaciones de la línea férrea Vitoria-Minas, propiedad de la compañía minera brasileña Vale.

Shirley Krenak, una de las líderes del movimiento, explica:

Estamos llevando a cabo una guerra justa. Hemos logrado un acuerdo temporal para permitir el paso de trenes, pero si Vale incumple lo acordado volveremos”.

Los indígenas protestan porque el derrame tóxico ha “acabado con su forma de subsistencia, con su área de recreo y con su recurso sagrado para llevar a cabo cultos religiosos”, detalla Shirley, en referencia al río Dulce (Río Doce, en portugués), donde se asienta esta comunidad de unas 750 personas.

«Vivimos de la pesca, nadamos en el río, bebemos su agua y honoramos a nuestros antepasados. ¿Ahora qué vamos a hacer? Han acabado con el río”, explica, mientras muestra junto a otros nativos la muerte de cientos de peces y camarones por la contaminación, perceptible por un fuerte hedor y por el agua turbia.

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