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Cumplimos 30 años del terremoto de 1985

El terremoto de 1985 dejó muchas lecciones para los habitantes de la capital del país; dejó recuerdos, historias e imágenes que se han fijado en el imaginario ciudadano como uno de los momentos en que, sin otra cosa que perder y sin apoyo de otra índole, ellos mismos buscaron organizarse para “echarse la mano”/Imágenes: cuartoscuro.com

sábado 19 de septiembre de 2015

A tres décadas de lo sucedido en 1985, ¿qué recordamos de la tragedia? Sin duda, la ciudad se reconstruyó desde aquella catástrofe, podría decirse, renació y con ello también se construyó la idea, sobre todo en la colectividad, de la fuerza que puede adquirir la comunidad en torno al dolor ajeno para ayudar al otro.

Ciudad de México (elsemanario.com).- El día de hoy se cumplen 30 años de aquel movimiento sísmico que devastó a la Ciudad de México, dejando muerte y destrucción, además de evidenciar la nula respuesta por parte de las autoridades en turno.

El terremoto de 1985 dejó muchas lecciones para los habitantes de la capital del país; dejó recuerdos, historias e imágenes fijadas en el imaginario ciudadano como uno de los momentos en que, sin otra cosa que perder y sin apoyo de otra índole, ellos mismos buscaron organizarse para “echarse la mano”.

Aún con 30 años de lo sucedido, algunos seguimos pensando en la brutalidad del movimiento; en como de la nada, una mañana común mientras la gente caminaba a sus trabajos, o escuelas, mientras alguien tomaba el primer café del día o salía apresurado de su casa; un día normal, antes de las 7:20 de la mañana, cuando la ciudad apenas despertaba y comenzaba la fiera rutina diaria, la tierra se sacudió por espacio de dos minutos en que, literalmente, la metrópoli colapsó.

El fenómeno de 8.1 grados en la famosa escala de Richter tomó desprevenidos a todos; posterior a ese, la réplica de 7.9 grados.

A estas alturas, ¿usted sabría qué hacer ante una cosa de este tamaño? Es decir, aunque la mayoría de los habitantes del DF en aquel entonces sabían qué era un movimiento telúrico y posiblemente cómo actuar ante él, fue una mañana en que no pasó por la cabeza de nadie que a la hora reportada se presentaría uno de los eventos más desastrosos, no sólo de la capital, sino del país entero, refiriéndonos a los fenómenos naturales.

Muchos habrán perecido de inmediato; algunos otros sobrevievieron y fueron encontrados días después; otros resultaron heridos y algunos más ilesos. Aún así, la proporción de la tragedia era ampliamente resentida por la población local y nacional.

Me imagino, pues desconozco los protocolos oficiales de cada nación, que en algún otro país las autoridades gubernamentales responderían de manera -casi- inmediata. Aquí no sucedió. El Presidente de la República dio su primer mensaje de lo sucedido casi tres días después.

Pese a esto, la solidaridad -esa palabra que después se apropiaron las cúpulas para hablar del bienestar social- de los mexicanos y la ayuda internacional aparecieron de forma inmediata. Ahí, nacieron Los Topos (por ejemplo) y desde luego, una nueva concepción de cómo actuar ante estas cosas.

Así, el ciudadano de a pie, la ciudadanía, el pueblo, la gente o cómo quiera llamársele; aquellos que no pertenecían a ninguna asociación o grupo político, por pura empatía, comenzaron a levantar piedras, con palas, picos y ayudados por su oído y su vista; sin más.

La unión y empatía de los habitantes de la ciudad fueron elementos fundamentales para ayudar a los más afectados.

La unión y empatía de los habitantes de la ciudad, fueron elementos fundamentales para ayudar a los más afectados.

Esa es la percepción aún de la ciudadanía actual; si uno sale a la calle y pregunta a los grandes sobre lo que pasó responderán lo mismo: fue la gente.

Elena Poniatowska fue una de tantas que se dedicó a recopilar muestras, sentimientos y distintas voces resultado de la trágica mañana del 19 de septiembre de 1985:

Se salvaron sólo unas cuántas vidas porque no se actuó rápido. Tanto en el General, como en el Juárez, en la Roma, en Tepito, En Tlatelolco, en el Centro, nunca vi dónde estaban las agrupaciones obreras, los partidos políticos, la organización priísta -tan eficiente en campañas-, la organización delegacional, la militar, la policíaca, las religiosas ¿Dónde estaba toda esa gente?, ¿dónde? No la había. Lo único que hubo fue organización civil, en grupitos, cada quien como podía. El rescate de los siete bebes a los siete días del temblor fue un milagro; no hay otra explicación, médica no la hay”.

Y así es como, en parte, también surgiría el mito de la Participación Ciudadana; es clara la participación desinteresada, la organización vecinal y de las personas movidas por el mismo sentimiento. Claro, algunos llegaron más tarde y se colgaron la medalla para institucionalizar el esfuerzo de abajo, la organización empática que nada tiene que ver con lo que actualmente se reconoce como tal, en una escueta Ley con lagunas interminables.

Los discursos oficiales se desbordaban haciendo énfasis en la capacidad de los mexicanos para sobrellevar el problema, que íbamos a salir adelante y que todo estaba bien.

Otro desgarrador suceso lo capta Poniatowska, de la voz de un brigadista de la UNAM:

Imaginé que la familia que estaba rescatando: un matrimonio con dos niños eran mi familia; eran los míos los que estaban allí sepultados, eran mis hijos, mi esposa y yo mismo. La impresión duró las cinco noches en que permanecí con el pico y la pala dándole a la losa. Dada la posición en que murieron se notó la solidaridad de este núcleo; la mujer abrazaba a uno de los hijos, el marido los cobijaba a los tres. Murió aplastado encima de ellos, sus brazos extendidos cubriendo los tres cuerpos. “Al irlos sacando, entendí el significado de la familia: dar protección, dar la propia vida”.

Así es como la familia mexicana -sin tintes demagógicos como muchas veces puede utilizarse esa categorización- conformada por un brutal golpe de la naturaleza, se lanzó contra todo pronóstico para ayudar a desconocidos. Cualquiera, ciudadanos cualquiera; estudiantes, pasantes, chicos marginados, mujeres, jóvenes, mayores. Todos y todas, personas de lo que también se conoce como sociedad civil. Todos o casi todos encarnaban el fatal destino de los agraviados en sí mismos; todas pensaban en sus familias, en sus hijos, hermanos, padres, familiares en general. Y ese sentimiento fue el que pudo más que cualquier discurso de superación desde la comodidad de una silla.

Ese día no sólo apareció la ineptitud de las cúpulas, o la grandes muestras de colaboración entre los de abajo, entre los trabajadores y demás; también, con el paso de los días, los mexicanos se enterarían de las pésimas construcciones y de las violaciones a las normas para llevarlas a cabo. Ese día también hizo su aparición la corrupción inmobiliaria. Y sin embargo, hasta donde se sabe, los responsables de tanta muerte y destrucción, resultaron ilesos.

Mientras el Parque del Seguro Social, campo de béisbol, servía como morgue, quienes se atascaron los bolsillos con el dinero de los que murieron, posiblemente abandonaron el país o simplemente esquivaron cualquier perjuicio.

El Parque del Seguro Social se convirtió en una gigantesca morgue. Se usaba hielo para retrasar la descomposición de los cuerpos.

El Parque del Seguro Social se convirtió en una gigantesca morgue. Se usaba hielo para retrasar la descomposición de los cuerpos.

Aunado a eso, la ciudad quedó incomunicada; el servicio eléctrico también tardó en restablecerse; el Metro y 32 de sus estaciones resultarían afectados.

Y después de 30 años, ¿gobierno y habitantes del Distrito Federal estamos preparados para lo que pueda ocurrir?

Las dependencias locales dicen que sí; como es el caso de Fausto Lugo García, secretario de Protección Civil del DF, quien asegura que la Ciudad de México está preparada para enfrentar un sismo como el de 1985; tanto en políticas de prevención como en construcción de inmuebles.

Por su parte, Xyoli Pérez Campos, cabeza del Servicio Sismológico Nacional, asegura que por las características del terremoto de 1985, el periodo de retorno de un sismo como ése puede ser de entre 50 y 100 años; claro, según sus palabras, eso no significa que no pueda darse otro similar antes de ese lapso.

Ahora, recapacitemos nuevamente, ¿cree usted que estemos listos para un sismo similar al que padeció la ciudad en 1985 o un fenómeno de esa magnitud también nos tomaría por sorpresa una mañana cualquiera, mientras tomamos café o nos dirigimos al trabajo?

Cuando uno voltea a ver el paisaje capitalino, con sus segundos pisos que a veces también se inundan o con las distintas construcciones que van en progreso, sean edificios, supervías o desniveles que prometen maravillas de movilidad, uno se pregunta: ¿realmente esas construcciones estarán hechas bajo las normas requeridas para su aprobación? ¿Soportarán un desastre como el de hace tres décadas?

No es paranoia ni negatividad, uno lo hace como medida mental precautoria. Es necesario pensar en ello cuando miles de personas nos atoramos en cualquier vialidad o punto de la ciudad por las mañanas, tardes y noches. Es necesario, si realmente tenemos consciencia sobre lo que pasó hace 30 años.

Por otro lado, ¿hacemos caso de todas esas recomendaciones preventivas para una catástrofe natural de esa magnitud? ¿Cuántos de nosotros tenemos, sólo por mencionar algunas de ellas, los documentos importantes y víveres en una mochila?

Sólo una cosa es clara, la naturaleza es imparable. Lleva una delantera de varios millones de años. Nos conviene, exigir lo que nos corresponde como ciudadanos; transparencia en este tipo de cuestiones para no padecer lo que padecieron quienes vivieron este momento de la historia capitalina. También, claro está, nos corresponde, en la medida de lo posible, actuar preventivamente para mitigar cualquier evento de esa magnitud. No se trata de delegarle responsabilidades a quien las tiene; se trata de recordar y reflexionar lo que sucedió el 19 de septiembre de 1985. ¿O usted qué piensa?

Por Alberto Cedeño.

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Sobre Alberto Cedeño

Alberto Cedeño
Con estudios en Sociología por la FCPyS/UNAM, se especializa en Sociología de la Cultura y procesos de participación ciudadana en el Distrito Federal.