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Plan de Rescate a Pemex, las dudas y el milagro esperado

Reforma fiscal (Pemex).

miércoles 17 de julio de 2019

El tratamiento de rescate que el gobierno de López Obrador busca aplicar a Pemex es incierto. Las gráficas mostradas hablan de la situación de la petrolera y lo que se busca reparar e impulsar; revelan el diagnóstico general del paciente, pero dan poca claridad en cómo se va a solucionar.

 

El paciente ha sido desahuciado, padece desde hace varios años una enfermedad que no fue debidamente atendida y ahora los especialistas lo han declarado enfermo terminal, sin posibilidades de sanidad; sin embargo, la esperanza es lo último que sus allegados están dispuestos a perder y plantean someterlo a tratamientos alternativos con lo que esperan un milagro, con todo y las dudas científicas que implica.

La escena se duplica en ámbitos empresariales. La situación de Petróleos Mexicanos (Pemex), una empresa ordeñada no sólo en su producción sino fuertemente lacerada en sus finanzas y que por décadas representó a la gallina de los huevos de oro de las finanzas públicas, se convierte en el desahuciado paciente.

La gallina enfermó, llegó a su límite y mientras muchos piden que la dejen morir en paz, el actual gobierno federal insiste en reanimarla y busca sanear desde sus finanzas hasta sus procesos productivos. Un reto que de alcanzarlo regresaría al país su soberanía energética, pero que visto desde la perspectiva analítica es casi imposible de lograr.

El tratamiento de rescate que el gobierno de López Obrador busca aplicar a Pemex es incierto. Las gráficas mostradas hablan de la situación de la petrolera y lo que se busca reparar e impulsar; revelan el diagnóstico general del paciente, pero dan poca claridad en cómo se va a solucionar.

Se sabe que entre 2020 y 2022 el Gobierno inyectará capital por un monto de 141 mil millones de pesos y en 2019 recibirá 66 mil millones de pesos que en 2021 se incrementarán en 38 mil millones; esto con la intención de que la producción diaria sea de un millón 823 mil barriles a finales de este año y sumen un millón más al final del sexenio.

El plan de negocio se ve ambicioso, pero incierto. Mientras Romero Oropeza insiste en que la inversión pública será completada con capital privado, no se han dado a conocer los incentivos para los empresarios que, partiendo de la postura marcada claramente en Palacio Nacional, Pemex buscará esquemas de negocios basados en “acuerdos justos y transparentes.”

El tratamiento incluye frenar la ordeña fiscal a Pemex y, a pesar de que la meta es reducir la tasa de Derechos por la Utilidad Compartida (DUC) del 65 por ciento actual al 54 por ciento en 2021, el que la petrolera deje de pagar 128 mil millones de pesos por carga fiscal, los tiempos necesarios para implementar los cambios legislativos y las medidas para que Hacienda sustituya esos ingresos, podrían representar un obstáculo para los anhelados resultados.

Como todo tratamiento alternativo desafía la ciencia médica, así el Plan de Negocios de Pemex reta a los mercados y siembra la duda sobre la calificación no sólo de la petrolera, sino incluso del país. El discurso del combate a la corrupción, que se ha colocado como la herramienta principal en el gobierno de López Obrador, podría no alcanzar ni de manera remota para costear los objetivos y una reducción de gasto no sería más opción para el ya castigado presupuesto.

Pero mientras la empresa dejará de invertir en aguas profundas para concentrarse en aguas someras y campos terrestres para garantizar en tres años una palanca de desarrollo que cumpla con la promesa sexenal de AMLO, los analistas no dejan de levantar la ceja y cuestionar la estrategia.

La duda existe, la falta de claridad de cómo funciona el tratamiento no logra sofocarla y el riesgo de que el remedio en lugar de ser efectivo acelere la muerte, es inminente.

Tal vez el tratamiento sea eficiente y el optimismo inyectado por el presidente logre contagiar a inversionistas dispuestos a castigar utilidades ambiciosas a la espera de la resurrección del paciente; pero tal vez también la realidad sea peor de lo que AMLO quiere aceptar y sólo un milagro podría realmente salvar a Pemex.

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Sobre Adriana Murillo

Adriana Murillo
Economista por la UNAM, coordinadora editorial de noticias en medios digitales, amante del café y con un profundo amor por México.