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Horror de la guerra, obligada en literatura


miércoles 13 de noviembre de 2013

Deborah Ellis, autora de más de 20 libros para niños y jóvenes explicó su metodología de trabajo: investigar antes de realizar un viaje, contactar con las personalidades de escuelas, organizaciones y centros comunitarios del lugar, viajar sola y reunirse con la gente.

Ciudad de México.- La guerra es algo que tiene emociones, olores, sentimientos, cosas que ver y escuchar y aquí es cuando la literatura, sobre todo la infantil, tiene la labor de: presentar y retratar la guerra como el verdadero horror que es, reflexionó la escritora y activista política canadiense Deborah Ellis al impartir su conferencia magistral La infancia, la guerra y el poder de las historias.

La charla se realizó este 11 de noviembre en el Seminario Internacional de Fomento a la Lectura. Palabras que zurcen. La lectura y la escritura en la recomposición del tejido social, en el contexto de la 33 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil.

La autora de más de 20 libros para niños y jóvenes, entre los que destacan El pan de la guerra, nominado como el libro del año por la Asociación de Bibliotecarios Canadienses, explicó su metodología de trabajo: investigar antes de realizar un viaje, contactar con las personalidades de escuelas, organizaciones y centros comunitarios del lugar, viajar sola y reunirse con la gente.

“Estando ahí, les platico lo que hago y ellos suelen decirme quién más me puede ayudar. Cuando escribo una novela uso el método de un texto común, pero en el libro añado siempre algo que cuente una historia real detrás de las situaciones ficticias, por ejemplo, contar a través de un personaje una historia real y particular del país”.

La escritora compartió el impacto de su literatura en el mundo, que ha permitido dar a conocer aspectos desconocidos de la guerra o qué tan complejas son las situaciones que viven los niños afectados por ella, además de despertar entre los menores un proceso de identificación y compañerismo.

“Un niño es una vida muy pequeñita: su hogar, su familia, su escuela si tiene suerte, su comunidad, sus vecinos y dentro de ese mundito pequeño llega un mundo más grande que se impone sobre él. Así que cuando un niño lee en mi obra sobre una niña que está en una situación parecida se identifica con ella ya que también tiene una familia o cosas con las que se puede relacionar e identificar, porque al final los niños son similares en todo el mundo”.

La activista política destacó la importancia de escribir y retratar la historia, aunque ésta sea caótica, porque refleja la toma de decisiones que afectan el presente, el futuro y proyecta qué tipo de mundo se dejará a los niños.

La ganadora del premio Governor General’s Award y el Jane Addams Children´s Book Award comentó cómo se involucró en la vida y situación de niños que habitan en zonas de riesgo o en conflictos armados.

“Decidí involucrarme porque no podía imaginar cómo permanecería cuerda si viviera en un país donde mi gobierno me restringiera simplemente por ser mujer. En Afganistán me interesé porque las mujeres no pueden trabajar fuera de sus hogares y a las niñas y mujeres las expulsan del colegio. Pase meses conviviendo con la gente, aprendiendo sobre sus vidas, escuchando historias de gran dolor y sufrimiento, pero también de gran valentía y gentileza”.

Deborah Ellis destacó que sus libros muestran cómo los seres humanos son una especie compleja con la capacidad de ser absolutamente horribles, y la habilidad de ser gentiles y de levantarse triunfantes en los momentos más difíciles.

Comentó la historia de un niño de su libro Children of war, quien tenía una biblioteca personal la cual, añadió la especialista, le ayudaba a resolver todos sus problemas. Y pensé: exacto, qué razón tiene, los libros pueden levantar y trasformar una comunidad.

La gran enseñanza que ha obtenido como activista social, comprometida con la justicia económica, los movimientos pacifistas y los derechos de la mujer es la importancia de llevar bibliotecas a lugares marginales, como en una prisión juvenil en Afganistán, que para los jóvenes representó una esperanza, una oportunidad de descubrir que existen otros mundos.

Explicó que la literatura puede y debe mostrar la realidad; cómo en la guerra hay gente que vive sin saber si verá el siguiente amanecer, con el temor de ver explotar la casa de sus vecinos y no verla como un videojuego, hecho que sucede con frecuencia en Estados Unidos.

“Podemos seguir viendo la guerra como si fuera un videojuego o podemos decidir comprender el impacto completo de ir a ella. Nosotros los escritores debemos mostrar, con nuestros libros, la posibilidad de vivir en este planeta sin estarnos bombardeando los unos a los otros”.