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Feminismos en la cotidianeidad

feministas y luchas contemporáneas
Imagen: Sinpermiso.info

jueves 29 de noviembre de 2018

¿Cómo mirar los propios privilegios y tomar una postura crítica frente a las desventajas de otras mujeres que no son nosotras? Por la construcción de feminismos críticos, empáticos y cotidianos.

 

Asumiendo el feminismo como posición política e ideológica, es necesario reflexionar sobre lo que damos por sentado en nuestras vivencias cotidianas y que, si pretendemos ser feministas con amplio espectro, no debemos dejar de examinar.

Si partimos desde el análisis de nuestros privilegios, considerando como privilegio aquello que, aunque nos pueda parecer un derecho elemental, no lo ha conseguido la mayoría de la población femenina, podremos observar lo que forma parte de nuestra realidad y que nos diferencia de las mujeres que no viven lo mismo. Usaré como ejemplo algo muy cotidiano para mí, las labores domésticas. En un artículo publicado en El País en febrero de este año, se expone cómo las mujeres dedican más horas a la semana a labores no remuneradas, es decir, trabajo doméstico (veintiséis y media horas semanales, en el caso de ellas, frente a catorce horas para ellos). Los números solo se equiparan cuando se trata de hombres solteros, lo que indica que hombres con pareja dedican muchas menos horas al hogar que las mujeres.

Mi caso particular dista mucho de esa realidad, mi pareja cocina, lava la ropa y, en general, se ocupa de casi todas las labores de la casa, en mucha mayor medida que yo. Mi horario laboral es más extenso que el de él y esto le permite pasar más tiempo en el hogar, pero aún antes de que fuera así, por un acuerdo que se fue estableciendo entre nosotros, él pasó a ocuparse de la cocina y de hacer la lavandería, mientras yo me ocupaba de asuntos de limpieza y orden de nuestra recámara. Cuando he comentado esto en reuniones, o con compañeras de trabajo, la reacción es de sorpresa, en su mayoría terminan concluyendo que soy muy afortunada por estar con un hombre así.

tareas del hogar, equidad de género

Imagen: Conclusión AR.

A partir de aquí podemos establecer que no vivir determinadas situaciones de desventaja no debe apartarnos de la realidad que indica que la mayoría sí las vive. ¿Es necesario padecer en carne propia una desventaja para entenderla? Yo creo que no, de hecho, me molesta que se asuma esto, pues me parece que la empatía no surge exclusivamente de haber experimentado exactamente lo mismo; ser empáticas es una cualidad que tiene que ver con poder entender a la otra, al otro, y ponernos en su lugar, más allá de lo que somos o hemos experimentado.

En agosto del año pasado escribí un texto al que titulé Feminismo de supermercado, donde reflexioné sobre lo necesario de tener una postura feminista en la actualidad, a pesar de los logros conquistados por muchas mujeres profesionistas o de alto perfil que, aunque han hecho más visibles distintos caminos para todas, no necesariamente son más alcanzables para la mayoría. Este feminismo, entendido desde mi punto de vista, es uno donde la empatía es necesaria y se debe compartir en una postura cotidiana. Cada derecho ganado para las mujeres costó muchas luchas y, en diversos casos, sacrificios por parte de muchas mujeres. Es así como, en la actualidad, el derecho al voto, tener una cuenta bancaria sin autorización de ningún varón o poder matricularse en la universidad son parte de nuestra vida diaria gracias a las batallas que mujeres dieron en el pasado.

Por el contrario, cuando hablo de feminismo de supermercado me refiero a una postura donde algunas mujeres se alegran por los derechos ya conseguidos por el género femenino -y que nos resultan obvios en la actualidad-, escogiendo aquello que resulta conveniente para su manera de vivir, y dejan de lado aquellas luchas que aún se están dando y que mejorarían la calidad de vida de muchas mujeres, por ejemplo, el derecho al aborto en cualquier circunstancia.

feminismo y activismo cotidiano

Movilización en Guadalajara, Jal., Méx., a favor del aborto libre, seguro y gratuito, 2018 (Tomada de: Página de FB Yovoy8demarzo).

Así como desde los feminismos suele pedirse a los hombres que examinen sus propios privilegios, más en el caso de los hombres blancos, heterosexuales y de clase media o alta, nosotras como mujeres, en las distintas esferas, debemos también observar nuestros privilegios, por mínimos que parezcan, y así cuestionarnos cómo es ser mujer en diversas latitudes, realidades y posibilidades, de acuerdo con el entorno en que se vive. El acceso a educación universitaria, tecnología o información, así como contar con recursos económicos son algunos de los privilegios que me vienen a la mente.

Asumirnos privilegiadas, quienes lo seamos por una u otra razón, ya sea expuesta aquí o no, es una obligación si de lograr verdadera empatía con todas las mujeres se trata, esto nos llevará a posicionarnos críticamente, a observar distintas realidades a la nuestra, a entender con profundidad que aunque tengamos un empleo bien remunerado y ganemos a la par que nuestros colegas masculinos en nuestro trabajo, que aunque contemos con educación sexual y acceso a anticonceptivos o que aunque podamos repartir de forma equitativa las labores del hogar con nuestra pareja, estas situaciones no son una realidad para muchas mujeres aún y hay que pelear por ello, hay que exponerlo en nuestros espacios y hacerlo parte de un diálogo cotidiano, para hacer visible esta problemática y que las voces que tantas veces son calladas, encuentren cada vez más lugar y puedan sonar más fuerte.

Finalmente, lo que logrará cambios para todas nosotras será no rendirse, no claudicar en una lucha que ante todo tiene que ser colectiva. No dejemos que el pensamiento neoliberal se imponga, ese que predica la individualidad y los méritos personales como cúspide, sabemos que si de feminismos se trata, la clave es permanecer unidas, pelear por las causas de las otras tanto como por las propias, hasta que dejemos de hablar de privilegios para algunas porque esas situaciones han comenzado a ser la norma para todas.

 

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Sobre Inés M. Michel

Inés M. Michel
Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre) y de Estudios Literarios (Universidad Iberoamericana, Campus Ciudad de México). Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. Casiopea es mi guía y confidente.