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Teatro Isauro Martínez, emblema cultural de nuestro país

Teatro Isauro Martínez, Torreón, Coahuila / Foto: Yarazai Simbrón

viernes 19 de abril de 2019

En la ciudad de Torreón, Coahuila, se encuentra el Teatro Isauro Martínez, inmueble que no sólo da muestra de la historia de la vida cultural de la ciudad, sino que representa el esfuerzo que se ha hecho y se sigue haciendo para generar vínculos entre la comunidad y las artes.

 

La ciudad de Torreón, Coahuila, conserva uno de los teatros cuya historia es ejemplo de la resistencia del arte frente a la masificación de la cultura del siglo XX. En la calle Galeana número 73, se ubica el Teatro Isauro Martínez, recinto que sorprende por su particular arquitectura de los años 30 y que ofrece una diversa cantidad de actividades; características que lo convierten en algo más que un teatro, se trata de centro cultural que llena de vida al corazón de la Comarca Lagunera.

Isauro Martínez: precursor de las salas de cine y los teatros en Torreón

 

Isauro Martínez (Zacatecas, 1876 – Torreón, 1956) llegó a la Comarca Lagunera en 1898. Durante sus primeros años de estancia, se dedicó al comercio de materia prima para construcciones. Ya que siempre tuvo un interés particular por el cine y el teatro, en 1910 decide fundar una sociedad llamada Compañía Cinematográfica de Torreón S.A. y acondicionar una carpa para proyectar películas, la cual se llamó Pathé.

Al estallar la Revolución Mexicana, era difícil que compañías de teatro y música realizaran giras al norte del país, por lo que en la carpa fungía principalmente como cine y ocasionalmente, se presentaban funciones de circo. La Carpa Pathé prosperó los siguientes años, por lo que en 1917, Isauro decidió dar el siguiente paso y adquirir una fracción de la manzana 111, muy cerca del centro de la ciudad. En este espacio se fundó el cine-teatro Imperio, el cual tuvo usos múltiples pues ahí también tenían lugar mítines, actos filantróficos, funciones de circo e incluso, peleas de boxeo. Diez años después, Isauro Martínez se convirtió en todo un empresario del mundo del espectáculo, por lo que también fundó el teatro Princesa y el Cine Royal.

El 22 de febrero de 1927, el cine-teatro Imperio se incendió mientras corría la proyección de la película Rosa María. Aunque no hubo pérdidas humanas, los daños causados en el inmueble eran considerables, por lo que era necesaria una fuerte inversión para rehabilitar el espacio. Para Isauro, este accidente era la oportunidad perfecta para poner en marcha uno de sus proyectos más complejos, un teatro de primer nivel.

Luego de una serie de trámites burocráticos con el gobierno de la ciudad, se dio inicio a las obras de construcción, las cuales fueron supervisadas por el mismo Isauro Martínez, quien estaba decidido a darle al edificio un estilo arquitectónico gótico norteamericano. Los decorados fueron hechos por Salvador Tarazona, pintor valenciano que trabajaba como escenógrafo en nuestro país.

Finalmente, el teatro fue rebautizado con el nombre de Isauro Martínez y el 7 de marzo de 1930 más de 3 mil personas asistieron a la inauguración de uno de los teatros más bellos y modernos del norte del país.

Fachada del Teatro Isauro Martínez / Foto: Yarazai Simbrón

Teatro Isauro Martínez: un espacio lleno de vida

 

Claudia Máynez Alemán ha sido directora del teatro Isauro Martínez desde hace 13 años. Vinculada a este recinto histórico desde muy joven, pues es hermana de Alejandro Máynez, uno de los jóvenes que intervino para rescatar el teatro, su labor consiste en mantener con vida un espacio que demanda todos los cuidados y atenciones de un inmueble considerado patrimonio cultural no sólo para Torreón, sino del país.

En entrevista exclusiva para El Semanario, Claudia Máynez nos habla de su trabajo al frente del teatro y de la forma en que este sobrevive a los embates de un contexto social y económico que no siempre se muestra favorable para el recinto.

¿Quiénes fueron los primeros en intervenir para rescatar el Teatro Isauro Martínez?

Tres estudiantes que formaban parte de la mesa directiva de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Torreón, pero que estaban en el comité de cultura, eran Sigfrido Masías, vivo aún, José de los Santos Medrano y Alejandro Máynez. Todo inició porque ellos buscaban reunir fondos para comprar un vehículo y donarlo a una escuela de niños con síndrome de Down, entonces se acercaron a un pintor de apellido Méndez, quien les sugirió que se dedicaran a algo más elevado, por ejemplo, rescatar el Teatro Isauro Martínez. En ese momento el lugar se encontraba en planes de demolición para construir ahí un cine moderno, los muchachos ni siquiera estaban enterados de esa noticia, y así se dieron a la tarea de iniciar su rescate.

¿Cómo fue ese proceso?

Una vez muerto Isauro Martínez, el teatro pasó a manos de la Fundación Jeikins que tenía cines, pero esta lo dejó caer y llegó a ser un teatro de quinta, un cine de tres películas por diez pesos, entonces la fundación creyó que lo mejor era demolerlo para hacer un cine nuevo.  En aquel entonces estaba a cargo Espinoza Iglesias, en el tiempo del Presidente Luis Echeverría. Los tres estudiantes estuvieron “picando piedra” para que los recibieran porque ni siquiera los querían recibir; finalmente, lograron la entrevista y dijeron que ese teatro era muy importante para la ciudad. Fue Luis Echeverría quien lo adquirió y se los entregó a los muchachos.

El teatro estaba en unas condiciones terribles, totalmente deteriorado, por lo que los jóvenes fueron con el gobernador del estado de ese entonces para entregárselo, ver si lo rehabilitaban y lo restauraban. Al gobernador no le interesó porque estaban construyendo un teatro en Saltillo, así que los chicos fueron al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y se lo entregaron. La institución dijo «bueno, nosotros nos hacemos cargo pero siempre que se forme un patronato para que se encargue de la rehabilitación, nosotros los apoyamos pero después lo administran ustedes».

Foto: Yarazai Simbrón

¿Sigue en manos del patronato?

Los primeros que se hicieron cargo del cuasiopatronato, porque ni siquiera estaban constituidos como patronato, fueron un grupo de jóvenes entre 38 y 40 años, entre ellos y el INBA se dieron a la tarea de rehabilitar el teatro nuevamente. Así se inició y 11 años después de que el teatro empezara a funcionar nuevamente, se constituyó oficialmente el patronato porque necesitaban ser donatarios, recibir donativos en forma. Se hizo un convenido de comodato con el INBA y actualmente es así como funciona.

¿El teatro se mantiene por donativos o existe algún tipo de subsidio por parte del gobierno?

El patronato del Teatro Isauro Martínez no hace negocio con la cultura, pero se tienen que buscar los recursos para poder llevar a cabo un proyecto cultural trascendente. El teatro sí tiene un subsidio pero no es suficiente, y lo que se cobra en taquilla es algo meramente representativo. Nosotros tenemos que ver la manera de allegar los recursos para seguir en pie, porque no te imaginas lo que es conservar y mantener un teatro, es el cuento de nunca acabar. La gente no ve eso, viene, se sienta en la butaca a ver el espectáculo pero no saben todo el trabajo que hay detrás para que tengan un buen audio, para tener una buena iluminación, para que esté limpio, para todo; sobre todo un teatro como este que cuando no le duele le rechina. Por la cantidad de usuarios que tiene el teatro, tiene que estar en continuo mantenimiento o se cae a pedazos. Si se desprende una moldura, no puedo decirle a mis muchachos «échenle pasta», no, un restaurador tiene que hacer la evaluación del daño y restaurarlo.

Foto: Yarazai Simbrón

¿Cuáles son los espacios y la oferta cultural del Teatro Isauro Martínez?

Más que un teatro es un centro cultural. Tenemos una galería de arte contemporáneo, única en la región, en la que  tenemos mínimo cada dos meses una exposición nacional e internacional, y tenemos una sala para los locales. Cuando yo llegué, ese espacio era como un anexo, una sala de ensayos del ballet de danza folclórica pero estaba totalmente en el abandono. A través del Congreso empezamos a meter proyectos para bajar recursos y rescatar este espacio. Tenemos una sala permanente de Oliverio Hinojosa, creador de Coahuila, la familia nos dio la obra en comodato, es muy fuerte pero es un gran artista.

Había una casita al otro lado de la calle que era la logia china, esa la compró un gobernador y se la dio al teatro también. Estaba horrible, se domolió y metimos otro proyecto, ahí se imparten talleres de pintura, música, literatura, hay una terraza, un salón de duela donde se hace teatro y una sala de visuales. Tenemos un cineclub y editamos un revista literaria, Estepa del Naza, que sacamos cada semestre para darle un foro a los literatos, ahí presentan su obra escritores de la región y autores ya reconocidos o premiados.

También nos dimos a la tarea de crear un escuelita de música en un polígono, ahí tenemos ochenta y tantos niños y jóvenes que estamos sacando de una situación de riesgo. Ahí toman clase de todos los instrumentos músicales y de canto. Tenemos también otro teatro, un teatrito de cámara que también es del INBA pero lo tenemos bajo nuestro resguardo en comodato, ahí tienen presentaciones los talentos locales.

¿Cuáles son los proyectos nacionales e internacionales que recibe al teatro?

El Festival Internacional de Piano en el que recibimos a cinco concertistas de cualquier parte del mundo que tocan con las sinfónicas más importantes. El año pasado tuvimos dos premios Franz Liszt, uno de los premios más importantes del mundo. También recibimos a la ópera en vivo del Met de Nueva York. La Compañía Nacional de Danza de Bellas Artes nos visita con frecuencia; en octubre se presenta el Festival Internacional de las Artes del estado que trae eventos del Cervantino; tenemos un Festival de la Palabra; formamos parte de los certámenes nacionales de literatura del INBA con dramaturgia infantil, nosotros somos parte y sede de ese premio, aquí se reciben las propuestas, se llevan a notario, se abren las plicas y se entrega el premio; dentro de los proyectos de fomento a lectura para niños tenemos ¿Quieres que te lo lea otra vez?, en los que tenemos hasta 500 niños de colegios y escuelas.

Foto: Yarazai Simbrón

Crear público es muy difícil, ¿cómo ha reaccionado la comunidad ante esta oferta que esconde detrás un esfuerzo titánico para mantenerla con vida?

Crear públicos es muy caro y la respuesta no es inmediata, atraer gente a los espectáculos es difícil porque somos del norte y además se trata de una ciudad nueva. Tienes que trabajar y trabajar, puedes utilizar todas las estrategias del mundo, puedes hasta hacer un sondeo para ver la factibilidad, pero esto no es para que pienses «¿se deberá hacer?». No, se tiene que hacer porque sabemos que la cultura aporta al desarrollo de la persona. Muchas veces la gente se queja porque no se entera, pero hagas lo que hagas eso va a seguir pasando, ahora con las redes sociales uno dice «ya no tienes como no enterarte, no hay excusa», pero aún así pasa. Es un trabajo que a ratos te puede decepcionar, no tener la respuesta que esperas; tienes que invertir, invertir e invertir, tiempo, dinero, muchas cosas, porque para crear públicos así es, tienes que ser persistente y permanente porque si no no vas a lograr nada. De acuerdo a nuestros números, durante 2018, 135 mil personas asistieron al Teatro Isauro Martínez, que tiene un aforo de 719 personas, y recibimos a 20 mil 800 espectadores en el teatro de cámara Alfonso Garibay, el cual tiene capacidad para 188 asistentes.

Foto: Yarazai Simbrón

 

A veces vienen épocas muy duras, sociales o lo que sea, aquí tuvimos una época de violencia terrible; sin embargo, no había lugares más seguros que los cines y los teatros.

Claudia Máynez

 

El testimonio detrás de bambalinas

Una semana después de la reapertura del Teatro Isauro Martínez en 1982, Ignacio Gómez Calderón se incorporó a las filas de los trabajadores que hacen posible que el teatro cobre vida en cada función. Con 37 años de labor en este recinto, el señor Ignacio compartió con el El Semanario su testimonio como parte del cuerpo técnico del teatro.

¿Qué considera que es muy distinto en el teatro desde que se abrió nuevamente hasta el día de hoy?

Cuando se empezó, no teníamos equipo ni nada, la iluminación la manejábamos arriba y a mano. Era muy divertido porque teníamos el libreto, al apuntador o al director a un lado y nos iban dando instrucciones de qué teníamos que cambiar y en qué momento. Pasaron unos tres años cuando se metió la primera consola de iluminación, era análoga pero ahí hacíamos inventos para trabajar, todavía no estaba muy bien equipada. Hacíamos muchas «mexicanadas», nos las arreglábamos para trabajar.

¿Cree que la oferta del teatro y la asistencia del público ha sido constante?

En aquellos tiempos teníamos mucho trabajo, no parábamos, todas las compañías que venían de fuera llegaban aquí y las de nuestra ciudad también. Cuando empezó el teatro Nazas fue cuando bajó la afluencia, pero antes de eso teníamos siempre lleno; de hecho, en alguna ocasión casi nos tumban la puerta.

¿Qué es lo que más aprecia de estos 37 años de trabajo en el teatro?

Que se crea comunidad entre la gente que estamos atrás del escenario, conoces personas de otros teatros, a veces los visitas y trabajas con ellos en sus teatros. Cuando andaba de gira en la Ciudad de México, iba a ver a mis amigos al Teatro Aldama o de Bellas Artes, y me recibían muy bien.

Foto: Yarazai Simbrón

Finalmente, entre risas, el señor Ignacio comenta «Yo era panadero y ni en cuenta que existía un teatro hasta que mi papá que era velador me metió a trabajar aquí, y desde entonces casi vivo aquí».

 

Para más información sobre la cartelera del Teatro Isauro Martínez, visite la página https://teatroisauromartinez.com.mx/.

*Referencia bibliográfica: Teatro Isauro Martínez. Patrimonio de los mexicanos, Laura Orellana Trinidad, Fineo, 2005.
*Un agradecimiento especial al personal administrativo del Teatro Isauro Martínez por todas las facilidades otorgadas para realizar esta nota.

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Sobre Yarazai Simbrón

Egresada de la licenciatura Escritura Creativa y Literatura, Universidad del Claustro de Sor Juana