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OPINIÓ
Por Ignacio Beteta V.




Brasil: modelo de cambios estructurales a seguir


Un posible tratado de libre comercio entre México y Brasil ha llamado la atención como el tema principal a tratar entre ambos países.  Sin embargo, este asunto se deriva del interés de Brasil para en reducir su déficit comercial automotriz con México (de $1,370 millones de dólares en 2011), por lo que esperaríamos pocos resultados de relevancia para nuestro país como resultado del mismo.  Sin embargo, lo que realmente llama la atención es el crecimiento de la economía de ese país a raíz de los cambios estructurales implementados por el ex presidente Lula Da Silva.  En el caso de nuestro país, no se trata de copiar el  modelo brasileño, sino de sensibilizar a quienes tienen como responsabilidad la agenda política y económica que México dinamice sustancialmente su crecimiento, si se implementan los cambios estructurales correctos.

A.- Los indicadores PIB.
El PIB.- Inicia la década pasada de los noventa, con un valor semejante de las economías mexicana y brasileña de poco más de $550 mil millones de dólares.  Sin embargo, para el año 2015, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el PIB de Brasil será del doble del de México ($3,165 vs $1,437 mil millones de dólares).


El PIB per cápita.- De acuerdo con estimaciones del FMI, hacia mediados del año 2011, México tenía una población de cerca de 110 millones de habitantes, mientras que la cifra correspondiente en Brasil era de casi el doble, acercándose a los 195 millones de personas.  Si se ajusta el tamaño de la economía de acuerdo con su población, el PIB per cápita, según el FMI llegará en 2015 a $15.7 mil dólares anuales en Brasil, cifra superior 25% a la estimada para México de $12.6 mil dólares.  Cabe señalar que en el año 2009, el PIB per cápita era semejante en ambos países y que, anteriormente, era superior en México.


B.- Los cambios estructurales en Brasil.

El expresidente Lula Da Silva, quien gobernó ese país de 2003 a 2011,
emprendió grandes cambios:

• Inversión en infraestructura carretera
• Reforma agrícola e incremento en su producción
• Inversión en el sector eléctrico con grandes obras hidroeléctricas
• Impulso a sectores clave como la producción de acero, cemento, vehículos, entre otros, así como a la producción de aviones Embraer.
•Reforma a Petrobrás, en un contexto de coinversiones con empresas extranjeras que ha hecho de esta empresa una líder en el sector petrolero.
• Promoción y apertura a la inversión extranjera.

Asimismo, uno de los grandes logros de ese mandatario fue haber llevado a cabo las reformas anteriores en un contexto social donde se extendió el sistema de beneficios sociales a la población.

C.- Los cambios requeridos en México.
México presenta problemas de pobreza e inequidad en la distribución de su riqueza semejantes a los de Brasil.  Sin embargo, las soluciones son diferentes para ambos países por las características que tiene cada uno de ellos.  Por ejemplo, Brasil tiene un mercado interno más amplio y por ello adopta políticas comerciales con exterior más proteccionistas, factor que favorece a mucha de la inversión extranjera en ese país.

México, por su parte,  comparte una frontera muy grande con la economía más grande del mundo, por lo que su modelo de desarrollo es congruente con el de una economía abierta.

Pero, la lección es clara: LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES CORRECTOS PERMITEN DETONAR EL RITMO DE CRECIMIENTO ECONÓMICO.

En el caso de México, deberá iniciarse por los más importantes, es decir por los que tengan el mayor impacto en el crecimiento.  Estos son:
•Energía, orientada a elevar la producción.
•Fiscal, encaminada a incentivar la inversión y reducir la dependencia del gasto público en los excedentes petroleros
•Laboral, emplazada a retribuir la disciplina y la productividad.

Otros, de no menor importancia, pero de mayor maduración son la reforma educativa y el fortalecimiento del Estado de Derecho.  Como mexicanos, esperemos que legisladores y políticos tomen conciencia de la gran importancia de implementar estas medidas.

* El autor es economista por la Universidad Anáhuac, con maestría en finanzas en
San Diego State University; catedrático, investigador y consultor.