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Gimme the Power

Entrevista a Olallo Rubio

Si usted no está dispuesto a poner en riesgo algunas de sus ideas, será mejor que evite este documental. Controversial de principio a fin, pareciera que Olallo Rubio toma de pretexto al grupo Molotov para hacer una crónica del autoritarismo en México y el empuje que ha dado el rock para abrir los caminos de la libertad de expresión.

Molotov es un grupo que ha logrado incomodar a todos, que ha molestado a la derecha, a la izquierda, al centro y a lado. ¿Por qué? Porque se han metido con todos y porque igualmente cantan una crítica social inteligente que una populachera vulgaridad.

Con buenas entrevistas, una gran riqueza de imágenes y un estilo narrativo directo, Olallo Rubio nos presenta una especie de genealogía de la democratización en México y su larga lista de frustraciones. Con humor desenfadado y un ritmo extraordinario, Gimme the Power es un documental filoso, sumamente crítico y bien documentado que no agota el malestar en la desesperanza o el rencor, sino que estimula la visión de un futuro mejor, pendiente de nosotros.

Gracias a la sinceridad y amabilidad de Olallo pudimos conocer cómo se gestó esta película e incluso nos enterarnos de algunos detalles que seguramente le resultarán interesantes.

De la radio al cine.
Comenzaste tu carrera como locutor. Ahora, ¿te interesa dedicarte más al cine?
Desde de que tengo memoria es lo que quería hacer.  Mientras otros querían ser bomberos o policías, yo quería hacer películas, pero entré a trabajar a la radio a lo 17 años y me dijeron “Esto te va a servir como plataforma para dedicarte eventualmente al cine. Finalmente estás entrando a un medio de comunicación y vas a aprender a comunicar”. Por un lado tenían razón y por otro, no; adquirí muchos vicios del radio que me siguen persiguiendo hasta el día de hoy, pero yo quería hacer cine. Lo que pasa es que no es tan fácil vivir del cine, por eso hago otras cosas para pagar la renta.

¿Qué vicios te dejó la radio?
El abusar de la expresión verbal; mis tres películas, por una u otra razón, tienen muchísimo dialogo, y a veces, también, el abuso de la música. Pero hay otras cosas en donde se ha traducido muy bien al cine mi experiencia en la radio; siento que este documental es muy radiofónico y eso jugó a favor.

Casi todas la películas de grupos o artistas siguen un esquema: el camino a la fama, luego la decadencia y, finalmente, el regreso triunfal. A diferencia de eso, yo quería contar la historia del camino al éxito de la juventud mexicana.”

A contracorriente.
Gimme the Power posee una gran riqueza de imágenes. ¿Cómo lograste recopilarlas?
La búsqueda del stock no empezó con este proyecto. A veces veía algo interesante y pensaba que en algún momento iba a servir, como el documental Un lugar llamado Chiapas hecho por una canadiense y que aquí no tuvo distribución, o Simón del desierto, con Claudio Brook y Silvia Pinal en la escena final con Los Sinners tocando. Guardaba eso porque sabía que eventualmente lo iba a usar. Fue una recopilación que hice a largo de mi vida, pero también hubo un equipo de gente con la que estuvimos buscando las imágenes. Ninguna televisora nos apoyó, ni Televisa ni Tv Azteca;  ni siquiera Canal 11, así que tuvimos que sacar material de todos lados, e incluso “robarlo”, ni modo.

¿Robarlo?
Por ejemplo, hay un comunicado de Carlos Salinas de Gortari del 6 de enero de 1994 en el que dice que el EZLN es un grupo extranjero y, prácticamente, que están invadiendo a México. Ese material no está en el Archivo General de la Nación. Entonces, de dónde lo sacas, y con buena calidad para que sea presentable en cine; pues ni modo, te lo tienes que robar (risas). Lo que pasa es que hay imágenes que no se ven porque los medios institucionales no quieren que se vean, no quieren estar recordándoles esas cosas a la gente. Parece que México trata de evadir su propia historia. Mucho del material que usamos es del archivo de la Filmoteca de la UNAM.

¿Escogiste las imágenes con ese criterio, mostrar lo que suele ocultarse?
Sí, por supuesto, pero también con el criterio de que funcionara para la narrativa de la película y que satisficieran las cuestiones estéticas. Como director de una película, tus decisiones tienen que ver con muchos factores. Por ejemplo, alguien me preguntó porqué aparezco yo en la película; una razón es estética, al poner un over the shoulder shot del entrevistador tienes mucho más profundidad y la imagen compone mucho mejor, y si estas viendo eso, es muy incomodo no verle la cara a ese individuo. Otra razón es porque creo que es importante dar la cara. La tercera razón fue que si tenía alguna reacción interesante, poder capturarlo, como pasó en la entrevista con Luis de Llano; eso se presta para un lenguaje más dinámico. Siempre las decisiones se toman considerando muchos factores.

Dices que ninguna Televisora los apoyó.
Bueno, MVS nos ayudó con algunas cosas porque somos amigos de una persona que trabaja ahí, pero nos ayudaron sólo un poco.

Pero, conseguiste una entrevista con Luis de Llano.
Sí, porque es un cínico.

La historia que faltaba contar.
¿Cómo surgió la idea de hacer un documental sobre Molotov?
Trabajando en radio, me tocó el fenómeno de Molotov en primera fila, y lo curioso es que ellos vivían en su burbuja y no se veían desde afuera. El pez no se ve desde afuera de la pecera. Yo veía que el fenómeno de Molotov se estaba desarrollando en un contexto muy específico; veía lo que estaba pasando al rededor y a mi siempre me han gustado los Rockumentales y, en teoría, mi paso lógico después del radio era hacer una película así, pero no la hice por otras razones. Probablemente, esta película es la primera que debí haber hecho cuando me salí de la radio en 2004. Se me había ocurrido en 2003; vi a Molotov en España por segunda vez y me acordé cuando comenzaban en 1995 y cuando salió su primer disco en 1997; pensé que sería increíble hacer una película de ellos porque son personajes muy carismáticos, pero sobre todo por lo que hay al rededor de ellos; no debía ser una película nada más de Molotov.

¿Porqué tomar a Molotov para hablar de temas como el autoritarismo en la cultura política de México, el rock  y la libertad de expresión?
No hay muchos documentales acerca del rock mexicano; de hecho, no hay muchos documentales acerca de la historia de México, y los que hay son documentales oficiales hechos por Enrique Krauze para Televisa. Si hubiera diez documentales acerca de la historia del rock mexicano, o por lo menos uno muy importante, no hubiese sido necesario contar lo de Avándaro, o lo de los hoyos funky, pero como no hay, era necesario contextualizar y mostrar porqué pasó lo que pasó con Molotov. Al final del día, Molotov es la explosión de un resentimiento contenido durante muchos años, porque al rock se le castigó mucho por muchos años. Ellos capitalizaron una vieja lucha y lo hicieron muy bien, con mucha gracia, ingenio e inteligencia, y además no fueron oportunistas al unirse a una causa específica, lo cual es muy importante. Los de Molotov están comprometidos sólo con ellos mismos.

Molotov es la explosión de un resentimiento contenido durante muchos años.”

Un grupo de provocación.
Muchos grupos y artistas que hoy son famosos tuvieron una plataforma muy importante en los conciertos masivos y el movimiento social que hubo en los años 90.
Muchas veces los grupos se unen a causas sociales del momento pero no lo manifiestan en sus letras ni en su discurso y terminan siendo muy neutrales. Por ejemplo, Café Tacuba son grandes artistas pero no tienen ese elemento transgresor que tiene Molotov, de hecho, pocos grupos tienen eso. Por otro lado, hay muchos grupos de ska que hacen protesta pero no lo articulan con gracia y pierden universalidad. Lo que tuvo Molotov es que era un grupo de provocación; provocar al sistema establecido, provocar a los medios de comunicación y a la clase política, provocar a la doble moral de la sociedad mexicana, provocar a la Iglesia y al sector más conservador de México.

Siempre han sido un grupo incomodo.
Claro, incluso a mi me han incomodado; el que hagan un comercial de Pepsi me incomoda. Son políticamente incorrectos todo el tiempo. Por ejemplo, una canción como Perra Arrabalera podría considerarse misógina, pero es una crítica a la doble moral de un sector de la sociedad, es la niña que se hace la fresa pero que en realidad es muy promiscua. Ellos critican esa doble moral porque era lo que vivían cuando tocaban en el Bulldog, un lugar al que yo también iba.

Democracia, libre comercio y rock.
Este documental es también acerca del protagonismo que ha tenido el rock en la democratización de México.
Exactamente. Yo creo que mucha gente no se dio cuenta que la canción Gimme the Power se convirtió en un gingle político en ese año. Mira, en abril del 1997 sale su primer disco Dónde jugaran las niñas, en julio de ese mismo año Cuauhtémoc Cárdenas gana las elecciones para Jefe de Gobierno en la Capital. Ellos venían acompañados por un fuerte movimiento social y desde diferentes trincheras se estaba atacando la decadencia del sistema político. Me acuerdo haber visto en Mazatlán un camión de redilas con veinte tipos de evidente clase media-baja cantando Gimme the Power y me di cuenta de que el impacto era nacional y en todos los sectores sociales, no era ya algo sólo de los fresas del Bulldog. Esa canción se volvió un himno a pesar de que no se tocaba en los medios. Se hablaba de Molotov pero no se tocaban sus canciones. Sonaba Voto Latino, que es una canción que habla en contra del racismo, pero de una manera muy festiva y no se referían directamente a nadie, mientras que en Gimme the Power mencionan al regente, que en ese entonces era Oscar Espinoza Villareal, uno de los más corruptos.

Ciertamente Molotov capitaliza una larga lucha social sin colgarse de ella. Pero, ¿ellos tenían esa intención? 
No, y eso es justamente lo interesante. Ellos eran rockanroleros que en su irreverencia dijeron esas cosas sin la intención de lograr el efecto que tuvieron sus canciones. Ellos son como... muy punks, como muy...

Muy silvestres, muy ellos...
Exacto, y aún lo son, por eso siguen vigentes. La sociedad los politizó, pero ellos no tenían esa intención. Incluso, cuando yo escuché su disco, pensé que iban a causar gracia pero nunca imaginé que un grupo así vendiera más de un millón de copias. Recuerdo que el Amor Chiquito de Fobia había vendido noventa mil discos, lo que se consideraba impresionante, pero llegan estos tipos y venden quinientos mil sólo en México. Además, su internacionalización es otro punto muy importante. Molotov es una respuesta al TLC, pero también son producto del mismo. Son hijos del TLC. El que tengan un integrante gringo es un hecho fortuito, ellos no se lo plantearon. Simplemente tenían un amigo gringo que era muy buen baterista y estaba aquí porque su papá era agente de la DEA.

Molotov es el primer grupo de rock mexicano que realmente se internacionaliza. El Tri estuvo en España y les fue pésimo, Caifanes estuvo en Chile y también les fue muy mal. Molotov es, probablemente, uno de los grupos latinoamericanos más internacionales. Por ejemplo, Maná iba a España y metía a veinticinco mil personas en una arena, pero Molotov hace treinta fechas por toda España con unos tres mil asistentes en cada una, pero además van a Eslováquia, van a Hungría, a Rusia, a Alemania. Maná es más masivo en lugares focalizados, pero Molotov es mucho más internacional. El hecho de que sean mexicanos los convierte automáticamente en personajes exóticos en un lugar como Hungría, pero lo determinante es que su música es más universal; son auténticamente un grupo de rock.

Cuando se habla de rock mexicano se piensa en Café Tacuba, Zoé o Moderatto (un grupo de pop metal), e incluso hay gente que piensa que Maná es un grupo de rock. Molotov es un grupo que aunque rapéa, tienen elementos de punk, de heavy metal...

Sobre todo, tienen la actitud. El rock es, esencialmente, una actitud.
Exacto. En su génesis, el rock en México fue muy complaciente, era ejecutado por músicos de jazz adultos, pero cuando lo empiezan a interpretar los jóvenes, es cuando se vuelve algo incomodo. Hoy, eso se ha ido perdiendo.

Entonces, supongo que a ti te gusta Molotov. ¿Es un grupo que sueles escuchar?
En su momento no coincidía completamente con lo que estaban haciendo porque me tomaba con más seriedad muchas cosas. Yo era de los que quería que fueran como Rage Against the Machine, pero con el paso del tiempo los entendí mejor. Ahora puedo decir que, de los grupos mexicanos, es mi favorito, y por mucho.

Ninguna televisora nos apoyó, ni Televisa ni Tv Azteca; ni siquiera Canal 11, así que tuvimos que sacar material de todos lados, e incluso «robarlo», ni modo.”

Un soundtrack de la vida política.
¿Cuál es el objetivo de este documental? Una buena parte se dedica a mostrar un capítulo de la historia política y cultural de México.
Yo quería contarme esa historia, pero me también me plantee cómo me gustaría contarle esa historia a la gente. Los primeros 32 minutos son una introducción; qué nos lleva a Molotov. Además, yo siempre trato de pensar en términos internacionales y quiero que esta película se vea en otros lados. Por ejemplo, en Argentina Molotov fue enorme, e incluso hoy probablemente es más importante allá que aquí en México, y quisiera que los argentinos conozcan el contexto en el que surge este grupo, que sepan cómo funcionaba el rock aquí porque la historia del rock en México es muy diferente a la de Argentina o Estados Unidos. Después de Woodstock no se prohibió el rock allá pero después de Avándaro, aquí fue prohibido durante 15 años.

Molotov fue tu pretexto para contar esa historia.
No fue un pretexto, sino el mejor vehículo para contar eso. Aunque suene pretencioso, desde el punto de vista artístico, yo quería que ellos vieran su historia así.

Querías provocar a los provocadores...
No exactamente provocarlos, pero sí lograr que, por lo menos, se viesen desde afuera de su pecera. Casi todas la películas de grupos o artistas siguen un esquema: el camino a la fama, luego la decadencia y, finalmente, el regreso triunfal. A diferencia de eso, yo quería contar la historia del camino al éxito de la juventud mexicana, que cierra un capítulo con Molotov, pero no acaba ahí. Creo que la película tiene un final anticlimático.

De hecho, en la película se menciona que falta quien haga el soundtrack de lo que actualmente está pasando en México.
Así es. Desde mi punto de vista, es más fácil protestar desde el cine o en las artes plásticas que desde la música, porque en la música o eres muy poético y subjetivo o eres muy directo como Molotov cuando le dicen a Jacobo Zabludowsky “recibes propinas de Carlos Salinas, escondes noticias de la guerrilla”.

Se vuelve panfletario...
Exacto. Eso me pasó con mi primer documental ¿Y tu cuanto cuestas? Alguien me dijo que era panfletario y yo me pregunto ¿cómo puedes ser panfletario si eres apartidista?

El panfleto está muy estigmatizado y suele tener un conotación negativa, pero también puede constituir una denuncia.
Si es eso, entonces no creo que esté mal.

¿Te ha influenciado Michael Moore?
Creo que es un gran cineasta y documentalista pero no tengo una influencia directa de él. Si hubiera más documentalistas haciendo este tipo de películas, probablemente no se me relacionaría con él. En realidad si he de decir que tengo una influencia cinematográfica, diría que es Oliver Stone.

Gimme the Power plantea que estamos muy mal desde hace mucho tiempo y retratas al autoritarismo político como algo que está muy arraigado en la cultura mexicana; sin embargo, la película no te devasta ni te deprime, más bien te deja perturbado. ¿Promueves algún tipo de esperanza?

Es una invitación a las nuevas generaciones para resistirse a esas cosas. Yo lo que quisiera es que un chavito agarre la guitarra y cante “que no te haga bobo Joaquín” o algo así, y que lo haga a su manera. Pero en el panorama actual, el rock en México no parece ir en ese rumbo.

Parece que México trata de evadir su propia historia.”

Libertad de expresión
Mencionas que hubo una apertura con el lenguaje en los medios de comunicación a partir de Molotov; sin embargo, ya había antecedentes de eso.
Sí, había una tendencia que iba para allá. Uno de los grandes antecedentes es Alex Lora, por eso se le da su lugar en el documental. Cuando yo trabajé en radio, era impensable decir alguna “mala” palabra. Ni siquiera se podía decir “güey” porque te podían multar. La ley de Radio y Televisión se escribió hace unos de sesenta años y prácticamente no se ha renovado. Pero ahora, ya cualquiera puede decir esas cosas, como en los programas de vídeos de Telehit; ahí escuchas a los conductores decir “Qué pasó cabrones”. Pero es una libertad de expresión muy superficial.

Solórzano dice que la verdadera libertad de expresión es la posibilidad de que exista un diálogo.
Claro, y él lo menciona a propósito de Salinas, por su actitud de “Di lo que quieres, no los veo, no los oigo.”. Y, ¿qué era lo que pedían los estudiantes en Tlatelolco? ¡Diálogo directo con el presidente! Ahora están las redes sociales, pero el sistema establecido lo cataloga despectivamente como “los twitteros”, como una pequeña comunidad y ya, como si no fueran personas con una opinión sólida. Libertad de expresión no hay; además de la existencia del duopolio televisivo, México es el país donde más periodistas matan. Fidel Castro alguna vez dijo que la tendencia del ser humano es a creer en las instituciones. El escepticismo no es parte de la naturaleza de esta civilización; si está en televisión es cierto, pero si está en internet, entonces es sólo rumor. Aunque esté la verdad absoluta en un blog, se le tacha de rumor y se le descalifica. También es cierto que hay muchísimos rumores. Te voy a poner un ejemplo; hay mucha gente que aún cree que Paulina Rubio es mi prima y cuando me lo preguntan yo digo “Sí, claro. Jugábamos a la mamá y al papá”; y cuando Slash hizo la música de mi anterior película dijeron que Paulina me lo había conectado, pero Slash ni se acordaba de ella porque nunca la vio. En esa época él estaba hueseando, lo contrataron para grabar un tema y ya. Cuando yo le pregunté acerca de ella, él pensaba que era una brasileña.

Lo que se necesitaría es que la gente desarrolle y utilice su propio criterio.
Claro.

Por Alan Ramírez


 

   

 

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