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OPINIÓ
Por Ignacio Beteta V.




¿Se debe satanizar al euro?

Hoy que los países de la región Euro requieren llevar a cabo ajustes severos en sus economías, se sataniza al Euro como
el culpable de sus males, cuando en realidad debe analizarse
el destino de los recursos que se allegaron, así como las políticas económicas que se aplicaron.

1. La contratación de deuda  pública de los países menos desarrollados de la zona favoreció el crecimiento económico.

La adopción del Euro como moneda de curso legal eliminó el riesgo de la devaluación
de las monedas locales frente al dólar o al mismo Euro. Asimismo, el costo de los créditos se redujo sustancialmente al entrar en vigor las tasas de interés denominadas en Euros que eran significativamente más bajas que las correspondientes a las monedas locales. 

Por lo anterior, la adopción del Euro que circula en la mayor parte de los países que lo adoptaron a partir de 1999, favoreció que en 11 años esas economías pudieran prácticamente duplicar su ingreso per cápita, apoyados en la contratación de mayores niveles de endeudamiento público y privado.


2. El destino de la deuda no fue el mismo en todos los países

Grecia destinó gran parte del gasto contratado por el gobierno a incrementar el tamaño de su burocracia y a financiar gasto no productivo como fue la organización de los juegos olímpicos de 2004. Actualmente, al no contar con una contrapartida de mayor producción de bienes y servicios y capacidad exportadora, carece de recursos para el pago de su deuda.

España basó su crecimiento en gran medida en el desarrollo de la banca, del sector hipotecario y de la construcción de vivienda. Este modelo de desarrollo, para poderse mantener operando en el largo plazo, hace imperativo que se crezcan en paralelo otros sectores de la economía para que los adquirientes de las viviendas cuenten con el ingreso para pagar sus créditos hipotecarios de largo plazo. Sin embargo, ante la crisis actual, que ha dado lugar a un nivel de desempleo del más de 20%, se ha limitado la capacidad de reactivación económica al restringirse el otorgamiento de crédito a nivel nacional, tanto porque los bancos requieren de capital para prestar como porque los clientes potenciales no cuentan con un empleo estable o con los recursos suficientes para cubrir sus deudas.

Alemania, por el contrario expande el nivel de su deuda pública en menor grado que los otros países y destina sus inversiones a industrias líderes en la economía global, por lo que el margen de maniobra de este país para resolver sus problemas es mucho mayor.

3. La solución al problema

La situación actual de la elevada deuda pública de los países del Euro tendrá que ser compartida entre los gobierno que pidieron prestado y entre quienes les proporcionaron los fondos.

El Banco Central Europeo ha dado un paso definitivo para resolver la problemática al proporcionar fondos por 530 mil millones de Euros para prestárselos a los bancos que tienen papel de deuda de los gobiernos referidos. De no brindarse este apoyo, los bancos tendrían que verse en la necesidad de aumentar aún más su nivel de capitalización, lo que reduciría su disponibilidad para otorgar financiamiento al resto de los sectores de la economía, disminuyendo su ritmo de actividad.

Las instituciones financieras o fondos de inversión que tengan en sus manos papel de deuda de Grecia tendrán que otorgar quitas de hasta el 50%. Afortunadamente, la economía de este país sólo representa el 2% de la comunidad Euro.

La contraparte a las medidas anteriores las tendrán que adoptar los países deudores, cuyos gobiernos estarán obligados a aplicar medidas drásticas de austeridad para reducir su déficit fiscal y niveles de endeudamiento. Para ello, limitarán programas de seguridad social, pago de pensiones, becas para la educación, entre otros. El mayor desafío será llevar a cabo reformas laborales que permitan un proceso mas ágil de contratación y despido de personal, menores privilegios para el retiro e inclusive la reducción de sueldos y salarios.  

Como lección de la actual crisis del Euro se desprende que la contratación de deuda tiene límites que no deben quebrantarse y que es de importancia fundamental el destino de dichos recursos.

* El autor es economista por la Universidad Anáhuac, con maestría en finanzas en
San Diego State University; catedrático, investigador y consultor.