Industria 4.0 a la mexicana

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¿Qué es la Industria 4.0? De inicio, es un concepto que se considera acuñado en Alemania, en 2010. Con la idea de crear un proceso de fabricación con todos sus componentes interrelacionados, de la mano con las tecnologías de información y comunicación (TIC’s). Pero, para entender la interrelación de la que se habla en este concepto, es necesario tener en cuenta que, dentro de su publicación Revoluciones tecnológicas y paradigmas tecno-económicos, Carlota Pérez ya introducía el término de “Quinta Revolución Industrial”, identificada como la era de la Informática y las Telecomunicaciones; siendo Estados Unidos (difundiéndose hacia Europa y Asia) el país o países núcleo. El big-bang que inicia la revolución es el anuncio del microprocesador Intel en Santa Clara, California, en 1971.

El microprocesador como la gran innovación radical, dentro de la línea del tiempo de la trayectoria de una tecnología individual, estaríamos en la etapa de mejoras exploratorias (el llamado diseño abierto), esa sería en este momento la trayectoria definida. La propuesta de Industria 4.0 sería una dirección clara de la mejora. Sin embargo, debemos contemplar cómo nos podríamos insertar en una carrera tecnológica que tiene casi diez lustros de haber iniciado.

Lo que debemos tener en cuenta es que, desafortunadamente, el libre mercado nos catalogó como importadores natos de tecnología; somos buenos seguidores tecnológicos, somos un país que depende tecnológicamente de los demás y, por ende, somos consumidores de aquella tecnología a nuestro alcance. Nuestra restricción en cuanto a ingresos no nos permite acceder a la tecnología llamada de punta.

La Secretaria de Economía retoma el concepto y plantea los retos para México. De inicio plantea que: “La industria detona tres componentes: la digitalización e integración de cadenas de valor horizontales y verticales (…), la digitalización del producto mediante la integración de sensores inteligentes, con el uso de métodos avanzados de recolección de información para refinar los bienes finales de acuerdo a la demanda, y los modelos de negocios digitales (…).” Asimismo plantea que: “(…) Para insertar a México en esta industria, requerimos contar con servicios y una infraestructura en TIC’s que permita a nuestras empresas y a la población tener acceso a internet y a las nuevas tecnologías, a fin de optimizar sus capacidades productivas.”

Sin embargo, el camino es largo todavía, aunado a las casi cinco décadas de atraso que tenemos; algunos datos importantes, según el INEGI son que “el 47.0 por ciento de los hogares del país tiene conexión a Internet; el uso de Internet está asociado al nivel de estudios; entre más estudios, mayor uso de la red; Internet se utiliza principalmente como medio de comunicación, para la obtención de información en general y para el consumo de contenidos audiovisuales; los usuarios de teléfono celular representan el 73.6 por ciento de la población de seis años o más, y tres de cada cuatro usuarios cuentan con un teléfono inteligente (Smartphone).” En resumen, la mitad de los hogares no cuentan con acceso a Internet; el nivel de estudios promedio en el país no supera la educación básica; y el contenido de consumo es para comunicación, redes sociales y contenidos audiovisuales; nada sofisticado. Esa es la realidad mexicana, si hablamos de las TIC’s.

Revolución industrial

Lo que es cierto es que el consumo no nos hace expertos en TIC’s, además, si vemos los Ingresos de las empresas innovadoras, derivados de productos sin cambios para el 2012-2013 fue de 68.3%, mientras que empresas que realizaron proyectos de innovación fue de 6.4% en el mismo periodo. Es decir, las empresas le apuestan a lo que otras empresas importan en cuanto a innovación, no hay una ideología propia en las empresas.

En ese sentido, se tienen datos del  2012-2013 de distintas empresas. El 0.3% usan biotecnología en sus procesos,; las empresas que realizan investigación y desarrollo tecnológico en biotecnología, son el 0.1%; las que usan nanotecnología en sus procesos, son el 0.2%; mientras que las empresas que realizan investigación y desarrollo tecnológico en nanotecnología, son el 0.1%. Con datos del INEGI.

Ahora, no nos vayamos tan lejos, el Gasto en Investigación y Desarrollo respecto al PIB (GIDE/PIB) en México sigue por debajo de un punto porcentual. Para 2016, con datos de la OCDE, se llegó a 0.502% mientras que lo mínimo a invertir en el tema es de 2.349%. Quedando inalcanzable el 4.251% y 4.239% que destinan Israel y Korea, respectivamente; y no es decisión del mercado en dónde invertir.

Se debe cambiar el chip (hablando de microprocesadores) del pensar del quehacer nacional. Hablar de Industria 4.0 en México puede leerse muy rimbombante; sin embargo, hay muchas cosas por hacer para pasar de la inclusión discursiva a  la realidad, y para hacerlo de inicio debemos dejar de ser importadores de tecnología e invertir en su creación. El tema es ¿cómo lo hacemos?

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