Ante la pandemia: la sociedad, la gran protagonista

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La pandemia, ésta, al menos acabará algún día. Será entonces momento de verdaderamente evaluar. A nivel de crisis global y en el horizonte de las respuestas globales. Quién reaccionó adecuadamente y quién lo hizo con desdén o franca irresponsabilidad.

Una mirada de conjunto, y microscópica, a la vez, que nos dé una idea más precisa de las fases que la crisis fue tomando, de sus causas, de los factores que pudieron preverse y de los que no.

Luego de la movilización mundial cada gobernante, lo quiera o no, deberá ser evaluado en su actuación. Ésa es parte de la naturaleza de su encargo. Estar sometido al escrutinio, a la rendición de cuentas y el análisis público de sus acciones y los resultados.

Aunque hay países que ante la ausencia de estrategias digitales nacionales –al menos ha descubierto la televisión a estas alturas del siglo XXI–, la respuesta de la sociedad ante la necesidad de contar con herramientas de educación no presencial, ha sido más efectiva y rápida.

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Imagen: El País.

Se avizoraba ya desde antes que el siglo XXI sería el siglo de la Sociedad. Ha quedado de manifiesto de manera más que contundente. Es la sociedad la gran protagonista de esta fase de la historia.

Si el siglo XIX fue el siglo de la formación de las naciones y la exaltación de los nacionalismos; si el XX lo fue de las instituciones y la expansión del Estado; el XXI tiene en la sociedad a su actor fundamental.

La irrupción a principios del XXI de las herramientas digitales había dado ya paso a que quienes antes eran consumidores de contenidos, pasaran a ser también productores de los mismos.

El filósofo y tecnólogo social argentino, Alejandro Piscitelli, acuñó, entre la primera y segunda década de esta centuria, el concepto de “prosumidor”.

Hablar de “prosumidores” se volvió entonces una forma de caracterizar esa nueva práctica social en la que la generación, intervención y multiplicación de contenidos puede hacerse en segundos.

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Imagen: Fundación Telefónica.

La primera pandemia de la globalización, por paradójico que parezca, la afirma. Un mundo abierto e interconectado, cruzado por un sistema de redes complejas, es y será el nuevo escenario de cualquier acción a cualquier nivel.

Es claro que cuando la emergencia haya pasado tendremos frente a nosotros la semilla de un nuevo orden internacional, pero no, eso no, el retorno al siglo XIX y sus nacionalismos, ni al XX y sus loas al Estado todopoderoso.

Una vez superada la emergencia, retornaremos a una normalidad restaurada, pero nunca, jamás, al punto en que la normalidad de antes se quebró de modo irreversible.

La experiencia pasará factura. Particularmente en dos ámbitos, el de la evaluación que se haga de la forma como quienes tenían deberes de liderazgo y reaccionaron, por un lado.

Y por el otro, en cuanto a la forma como a partir del restablecimiento de cierta normalidad restaurada, se habrá de forjar el nuevo tipo de interacciones humanas.

Para cuando la crisis haya pasado, por ejemplo, será extraño para algunos volver a decir: nos vemos para afinar el proyecto, cuando durante las cuatro o cinco semanas anteriores trabajaron a distancia.

Tan raro como será para ciertos estudiantes, aquellas, aquellos que muestren mayor capacidad de adaptación y capacidad de reinvención ante la dificultad, volver a sentarse salón como si nada hubiera pasado.

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Imagen: Research Gate.

Quedarse ahí sentado, escuchando pasivamente, tal y como se pretende que suceda, a estas alturas de la historia, en los países en los que a las niñas y niños se les ofrece ver por la tele, sentados y callados, la escuela que no tienen.

La transformación radical en las interacciones, particularmente en las que tienen que ver con la educación y la formación, provendrá, nuevamente de la sociedad.

Será ella, la sociedad, la que en conjunto e individualmente reclame y afirme el nuevo tipo de interacciones sociales ya avizorada con el surgimiento de los prosumidores y asentada en esta crisis.

Así, por ejemplo, por centrarnos sólo en el campo de la educación por ahora, frente a quien insista en no comprender la dimensión del cambio en el ámbito de las mentalidades, los estudiantes harán saber que en las semanas precedentes han aprendido a aprender de otra manera.

Ingenuidad mayúscula suponer que una vez pasada el cataclismo todo volverá al orden anterior. Si lo que los cataclismos hacen, justamente, es arrasar con el orden anterior. Afirmar uno nuevo.

Un aprendizaje autónomo, a ritmo propio, contrastar la información “oficial” de la figura de autoridad, lo cambiará todo.

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Imagen: Mobi Health News.

Y en el centro de esta transformación radical de las formas del pensamiento, la acción y la interacción entre los sujetos, aparecerá como si fuera el pivote de una granada, el acto de evaluar.

Si en algún punto la educación digital se erige como una forma distinta, es precisamente, sobre el terreno de las formas de evaluación.

Evaluar, evaluarse, lo aprendido, el desempeño; la evaluación, está llamada a ser el gran aprendizaje de la experiencia digital de este tiempo.

A lo que se hizo bien; a las irresponsabilidades, a los engaños, aguarda una sociedad ya diferente.

Su evaluación.


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