El nudo del mundo, el yo y la naturaleza de la voluntad

Lectura: 6 minutos

Hemos visto que en el tránsito del siglo XVIII al XIX en Europa el romanticismo se difundió vigorosamente, doctrina filosófica y estética que elevaba la intuición, la emoción y la imaginación a un rango tanto o más importante que la razón, tan ensalzada durante el Siglo de las Luces. En ese contexto Arthur Schopenhauer (1788-1860), el apasionado pensador de Fráncfort nacido en Danzig, fue uno de los primeros filósofos en plantear que el mundo no es racional y está sujeto a una lucha desordenada, perturbada e incesante. En consecuencia, para mejor discernir el mundo y al ser humano, sería necesario no sólo el conocimiento científico, objetivo y causal, sino en igual medida el discernimiento de las artes y sus recursos estéticos, metafóricos y simbólicos, en particular los de la música. La tesis de Schopenhauer respecto a la música es particularmente original y osada pues considera que no expresa o representa diversas y profundas emociones, sino que las encarna directamente. En efecto, podemos afirmar hoy que la música logra plasmar objetivamente características propias de las emociones en secuencias espaciotemporales que en el cerebro codifican o procesan estados emocionales.

Shopenhauer de 27 años
Retrato al óleo de Arthur Schopenhauer a los 27 años en 1815 por Ludwig Sigismund Ruhl. Obtenido de Wikimedia.

A pesar de que Schopenhauer puede ser considerado un seguidor de Kant, no siempre está de acuerdo con éste. Deriva de Kant la idea de que se requiere una relación del sujeto con el objeto para que brote la experiencia, pero no acepta que los objetos y procesos del mundo, lo que Kant llamó “las cosas mismas,” causen las sensaciones. No es el caso que los elementos naturales ocasionen representaciones mentales, sino que ambos, el mundo y su representación, son dos aspectos o facetas de lo mismo, tesis que deriva de Spinoza a través de Goethe.

Schopenhauer también argumenta que el mundo tiene un doble aspecto, pero específicamente referido a la voluntad y a la representación; el mundo estaría imbuido de voluntad, la cara objetiva de la moneda, y de una representación, la cara o faceta subjetiva. Para comprender mejor esta noción es necesario aclarar que Schopenhauer no planteaba que el mundo natural, el universo mismo, tenga una voluntad en el sentido corriente que se le da a este término de decisión consciente y esfuerzo para llevarla a cabo. La voluntad del mundo sería más bien la fuerza dinámica e incesante de lo existente, el proceso enérgico y motor de la evolución del cosmos, siempre en movimiento y manifestación.

En el sentido opuesto al que defendía su mayor oponente, el idealista Georg Friedrich Wilhelm Hegel, patriarca indiscutible en esos tiempos de la filosofía alemana, el ser humano no se explica por el espíritu, sino fundamentalmente por el cuerpo y sus pulsiones, deseos y voluntades. El ser humano percibe su cuerpo como uno entre muchos objetos del mundo, sujeto a las leyes físicas del movimiento; siente directamente sus estados corporales como placeres, dolores o emociones y mueve su cuerpo intencionalmente. El énfasis en el sustrato biológico es de largo alcance: aún en el amor más sublime finalmente operan el cuerpo y la conducta de procreación.

El título de su más conocido libro El mundo como voluntad y representación, publicado originalmente en 1819 y en su versión definitiva en 1844, lleva como sujeto de la oración al mundo y el filósofo germano elabora allí la célebre metáfora del “nudo del mundo” como el insondable milagro que establece la unidad dual entre el sujeto que conoce y la voluntad que caracteriza al mundo. El nudo del mundo expresa la difícil o misteriosa unidad del ser pensante con el mundo, de tal forma que la identidad del sujeto voluntario con aquello que conoce implica que la palabra “yo” contiene a ambos y esto sería inexplicable. Se reafirma así este tópico particular del problema mente-cuerpo: la noción del yo como elemento clave o crucial. Entendemos que el problema nodal que intriga a Schopenhauer no es la relación de la conciencia con el cerebro, sino la relación del sujeto pensante, el yo cartesiano, con el mundo que el sujeto capta, representa, conoce y sobre el que actúa por su voluntad. El nudo de Schopenhauer amarra las dos dimensiones fundamentales del ser humano: su conciencia subjetiva y el mundo objetivo. En la perspectiva de este padre del pesimismo moderno es un nudo inextricable.

El mundo como voluntad-libro
Portada de la edición original del libro “El mundo como voluntad y representación” de 1819. Tomada de Wikimedia.

Resulta fructífero elaborar sobre la metáfora nodal de nuestro taciturno filósofo. El nudo del mundo puede tomarse como expresión del algo tan resistente e insoluble como el nudo gordiano de una cuerda que ha sido apretado con tal maña y fuerza que desanudarlo sería una tarea tan colosal como improductiva. Pero la metáfora del nudo puede significar no sólo el amarre de una cuerda que no puede deshacerse, sino designar el punto nodal de una red que tiene una estructura organizada. El término latino nodus, del que se deriva la palabra nudo, fue usado en el Renacimiento por Pico de la Mirandolla para designar la función que tiene el ser humano en la red de interconexiones del universo y que une el macrocosmos con el microcosmos. Si se interpreta de esta manera, podría decirse que existe una unidad entre los factores biológicos –neurológicos, fisiológicos y corporales en general– con los factores ambientales de índole física y social. Esta interpretación es particularmente relevante al tratamiento del problema mente-cuerpo en la ciencia y la filosofía cognitivas que recientemente subrayan la corporeidad y la circunstancia ambiental de la mente.

Nudo del mundo de Shopenhauer
Foto de un nudo sin cabos sueltos. Puede ser una ilustración del “nudo del mundo” de Schopenhauer. Foto de acceso libre tomada de: https://pxhere.com/es/photo/445666

En este mismo sentido, es posible plantear que surja una teoría o una científica-filósofa que logre resolver tajantemente el enigma, como en el 333 a.C. lo hizo Alejandro Magno en Frigia con el nudo gordiano original que no podía deshacerse porque no exhibía ninguno de sus cabos a la vista. Según cuenta la leyenda, Alejandro simplemente tajó el nudo con su espada al tiempo que exclamaba “tanto monta cortar como desatar,” es decir, que no importa cómo, sino que el problema se zanje. Si aplicamos la leyenda al problema mente-cuerpo, la cuestión estriba en que verdaderamente pueda resolverse el misterio cortando las cuerdas que lo disponen con el bisturí del neuroanatomista, el electrodo del neurofisiólogo o el mecanismo de acción del psicofármaco por el neuroquímico.

Alejandro corta el nudo gordiano
Alejandro corta el nudo gordiano. Óleo de Jean Simon Berthélemy datado en 1746 y ubicado en la École National Superieure de Beaux Arts. Tomado de Wikipedia.

Por otro lado, el nudo de Schopenhauer puede tener una interpretación funcional en términos de la pulsión que expresa el deseo, esa emoción humana fundamental de obtener satisfacción mediante su interacción con el mundo. Haciéndose eco de las Nobles Verdades del budismo, el deseo, o más bien el ansia, la avidez y el apego, serían para Schopenhauer los orígenes del sufrimiento humano, por lo que deberán contenerse para lograr mayor serenidad propia y beneficencia hacia los demás. Así llega a determinar que, para contener la frustración y el sufrimiento inherente a la condición humana, es necesario cultivar la conciencia estética, la moral y la ascesis. La redención del sufrimiento inherente a la existencia humana estribaría en llegar a un conocimiento profundo de la realidad que permita el desasimiento del deseo y la limitación de la potente voluntad. Schopenhauer se aproximó al pensamiento de la India desde 1813, con las visitas de varios orientalistas a casa de su madre Johanna en Weimar y leyó las traducciones del Bhagavadgita y los Upanishads del sánscrito al alemán realizadas por Karl Friedrich Christian Krause, con quien trabó una gran amistad.

Arthur Shopenhauer
Retrato de Arthur Schopenhauer a los 71 años datado en marzo de 1859, realizado por J. Schäfer y ubicado en la Biblioteca de la Universidad de Frankfurt.

Visitaremos ahora a Gustav Theodor Fechner, el padre de la psicofísica, contemporáneo y paisano de Schopenhauer, otro partidario del panpsiquismo y la doctrina del doble aspecto, aunque, a diferencia de este, dotado de un profuso e inagotable optimismo.

Los contenidos de la columna Mente y Cuerpo forman parte del próximo libro del autor. Copyright © (Todos los Derechos Reservados).

0 0 votos
Calificación del artículo
Subscribir
Notificar a
guest
3 Comentarios
Más viejo
Nuevo Más Votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Miguel Ángel Pérez Álvarez

Fascinante artículo doctor. Leí hace algunos años un trabajo de Assoun en el que señala que, en una carta, S. Freud reconoció que el concepto de inconsciente se lo debe a las ideas de Schopenhauer. ¿Sabe usted más al respecto?

José Luis Díaz Gómez

Gracias Miguel Ángel Pérez por su comentario. En efecto Freud menciona a Schopoenhauer como un antecedente de su planteamiento del inconsciente y tambien a Fechner a quien aboramos en el pasado sábado. Freud estaba muy familiarizado con las contribuciones científicas y filosóficas de su tiempo, según veremos pronto cuando tratemos sobre su enfoque del problema mente-ciuerpo. Quizás le interese consultar “El inconsciente antes de Freud” de Lancelot Law White.
Saludos

Miguel Ángel Pérez Álvarez

Sin duda que los leeré. Muchas gracias.

3
0
Danos tu opinión.x