Un reconocimiento a los sembradores de esperanza

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El monarca español Felipe VI hizo formal entrega este 12 de febrero en las instalaciones de la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid, del VIII Premio de Derechos Humanos Rey de España a la organización no gubernamental, Asociación Colaboración y Esfuerzo (ACOES), misma que desde 1993 –a través de la visión integral del sacerdote de Granada en España– Patricio Larrosa libra una batalla frontal por “crear solidaridad con la educación y educar en la solidaridad”. Esta ceremonia organizada cada dos años para reconocer el trabajo de entidades públicas o privadas iberoamericanas, busca visibilizar la defensa democrática y el trabajo a favor de los derechos humanos.

Antes que nada, es digno de reconocer el trabajo casi imperceptible de personas como el religioso Larrosa, que se pueden ubicar en distintas regiones del planeta, pero lo más admirable es que su trabajo desinteresado por “sembrar semillas” ha estado circunscrito a una lógica de generar esperanza sin buscar protagonismo en ninguna índole, pues según remarca: en Honduras hay otra verdad oculta en los barrios, donde hay gente que aspira a un mundo más justo y humano. Esto es validado, sin lugar a dudas, a través de la cobertura de la ONG a más de 70,000 hondureños que han “surgido de las entrañas” de la exclusión y del desarraigo.

felipe VI
Fotografía: Compromiso Empresarial.

Evidentemente que esta situación vivida desde edades tempranas puede repercutir negativamente en los sistemas comunitarios y estatales en la gestión del desarrollo humano, puesto que, a falta de verdaderas políticas de solidaridad que coadyuven e integren comunidades en la construcción de horizontes de “luz” que posibiliten romper los muros de desigualdad –muchas veces impenetrables–, recrean y reproducen los círculos de desesperanza que resultan en la violencia callejera y criminal que se observa en las calles de la región y aún más allá.

Así entonces, esta forma de concebir el desarrollo humano por parte del religioso español se convierte en una especie de lo que yo llamaría pedagogía de vida, que pueden servir como referentes prácticos para confrontar la abrumadora desolación a la que muchas veces se ven sometidas nuestras sociedades, producto de la re-singularización de las actividades laborales –ante la ingente y constantemente mutable digitalización de la vida humana–, la neutralización de actividades humanistas y empáticas –producto de la incubación en escenarios globales y locales de sentimientos xenófobos y el alejamiento del otro–, y muchas otras acciones que se ejecutan para distanciarnos entre nosotros.

Es decir, esto a la postre se traduce en la imposibilidad de buscar alternativas mancomunadas a desafíos tan actuales como la lucha contra enfermedades como el coronavirus, el cambio climático y la criminalidad transnacional, que redundan en la afectación a las posibilidades de una convivencia sana, respetuosa de la dignidad humana y que, sobre todo, recreen los códigos de protección de todas aquellas personas “vulnerables”, como ejemplo repudiable el caso del feminicidio de Fátima, la niña mexicana que ha desatado y despertado la indignación humana –aún de aquellos ciudadanos habituados a estas vorágines–, y por lo cual, todos –por omisión u acción– somos responsables por la falta de vigilancia y de protección de estos seres, pero además, porque se requiere de una exigencia proactiva de actividades públicas nacionales de generar importancia como lo es la seguridad ciudadana.

atentado a los derechos humanos
Ilustración: Fundación Gabo.

En definitiva, esta noticia del reconocimiento al eclesiástico que vino a Honduras desde el otro lado del Atlántico, es una especie de bálsamo en medio de tormentosas situaciones que han acaecido en el planeta a principios de este 2020. Es un llamado a construir, en medio de la incertidumbre, la lucha por unirnos, acercarnos y comprendernos con el prójimo que sufre los embates de la crudeza del sistema traducidos en el rechazo e incomprensión social.


P.D. El Premio de Derechos Humanos Rey de España –creado en 2002 y cuya primera convocatoria fue en el año 2004– fue instituido por la Universidad de Alcalá-Defensor del Pueblo, con el respaldo de la corona española.

Es de hacer notar que en la V Edición convocada en 2012, el reconocimiento y la presea de ejemplaridad lo obtuvo el organismo mexicano Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas y Todos” (Red TDT), formada hasta entonces por grupos y organizaciones de una veintena de estados de la República Mexicana. Dichos actos de premiación tuvieron lugar el 10 de septiembre de 2013.


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