Enfermedades respiratorias

Escasa distribución de tratamientos para pacientes graves con COVID-19

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Desde hace semanas han circulado publicaciones en diferentes medios sobre la terrible situación que han enfrentado muchos médicos en Italia y en otros países al no contar con suficientes tratamientos para los pacientes muy graves con enfermedad por coronavirus 2019. Estos pacientes presentan síndrome de insuficiencia respiratoria, por lo que requieren ingresar a unidades de cuidados intensivos y ser conectados a un ventilador mecánico que supla la función de respiración que no pueden realizar sus pulmones; se busca que mientras tanto el organismo del paciente supere la enfermedad. Aunque el porcentaje de enfermos muy graves que necesitan tratamiento de ventilación mecánica es bajo –un cálculo aproximado es que sea el 5% de las personas infectadas–, si los pacientes lo necesitan al mismo tiempo, no hay forma de que todos lo reciban porque no hay suficientes ventiladores –ni unidades de cuidados intensivos ni personal capacitado para dar el tratamiento–.

Ésta es una situación que se prevé que vamos a enfrentar en nuestro país, por lo que diferentes instituciones han estado discutiendo y trabajando desde hace semanas para establecer protocolos que definan la manera más ética de tomar decisiones sobre la distribución de estos recursos escasos, para lo cual ha sido de gran utilidad las experiencias y guías publicadas de otros países.  Ya el Consejo de Salubridad General publicó el Proyecto Guía de Triaje para la Asignación de Recursos de Medicina Crítica.

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Fotografía: BBC.

Las decisiones que habrá que tomar son muy duras porque determinan a qué pacientes se les tratará de salvar la vida y a cuáles no se les puede ofrecer esa oportunidad. Es fundamental entender que, por mucho que se quisiera atender a todos los pacientes, esto es sencillamente imposible. ¿Quiere esto decir que los pacientes jóvenes podrán recibir los tratamientos intensivos y que se descartará a los que tengan 80 años o más? Sí y no. En una situación en que los recursos de salud escasean porque las personas enfermas –las que se infectan de COVID-19, más todas las que en situaciones normales se enferman– requieren atención al mismo tiempo, cambia la relación entre los principios bioéticos que orientan la atención médica. En situaciones normales son prioritarios la beneficencia –buscar lo mejor para el paciente desde la perspectiva del médico– y el respeto a la autonomía –respaldar las decisiones del paciente sobre si acepta o rechaza los tratamientos que le ofrece el médico–.

En una situación de pandemia el principio bioético que debe prevalecer –sin que se descarten los otros– es el de justicia social y las decisiones médicas, que incluyen decidir cómo usar los recursos escasos, buscan que éstos se aprovechen de la mejor manera posible para tener el máximo beneficio para la comunidad, en lugar de decidir individuo por individuo. El primer criterio ético que hay que considerar para la distribución de recursos escasos es la valoración médica que indica la probabilidad de supervivencia de un paciente al recibir un tratamiento como un ventilador mecánico. Si un paciente tiene nulas o muy bajas probabilidades de sobrevivir, aun recibiéndolo, no se le debe asignar porque lo va a desaprovechar y le va a quitar la oportunidad de vivir a un enfermo que tiene más probabilidades de beneficiarse del tratamiento y curarse. En general, los adultos mayores de 80 años, además de más edad, tienen más enfermedades que disminuyen de manera importante su probabilidad de supervivencia y por eso sería más justo que el tratamiento se le de a un joven que, fuera de la grave insuficiencia respiratoria, no presentan enfermedades que pongan en riesgo su vida.

Es muy difícil negarle a un paciente de 80 años (o más) un tratamiento que se supone que querría recibir o eso quisieran sus familiares –también hay enfermos que han expresado que no lo querrían y entonces no hay que negárselo–. Pero es todavía más difícil tener que decidir a quién se le va a dar el único tratamiento que hay cuando dos pacientes se encuentran en condiciones médicas similares; es decir, con neumonía causada por COVID-19, pero sin enfermedades adicionales, de manera que ambos tendrían probabilidades de sobrevivir si se les conecta a un ventilador. Qué más quisiera el personal médico que no tener que decidir, pero la experiencia en otros países ha mostrado que las situaciones en que sólo un paciente puede recibir el tratamiento han sido –y serán en México– una realidad. ¿Cómo fundamentar éticamente a quién se le da?

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Fotografía: El Plural.

Se ha recomendado que no sean los médicos los que tomen esa decisión cuando se presente una situación así, sino que puedan seguir los criterios que previamente ha establecido y fundamentado éticamente un comité. Criterios que estarán sujetos a revisión y que habrá que comunicar con transparencia a la comunidad, en la que se incluyen los pacientes y familiares actuales y potenciales, porque es importante que ésta reconozca en esos criterios valores sociales que comparte. Esto no quiere decir que los pacientes –o sus familiares– acepten fácilmente que no van a recibir el tratamiento que esperaban. Desde la perspectiva del paciente –o de sus familiares– él es quien importa, no la comunidad, pero en la medida en que seamos más quienes tomemos conciencia de que esta situación tan extraordinaria exige medidas excepcionales, seremos más quienes entendamos que, en caso de enfermar gravemente, no será nuestro interés individual el que necesariamente prevalezca.

El reto de distribuir bienes escasos en la atención médica no es nuevo. Un ejemplo que nos es cercano es lo que sucede con los órganos y tejidos donados para trasplante que son insuficientes en todos los países, pero significativamente más en algunos, como lamentablemente es el caso de México. Este hecho es una clara indicación de que no estamos acostumbrados a vivir y pensarnos como comunidad; de hacerlo, sería mucho más alta la tasa de donación de órganos que las personas no van a necesitar después de morir, lo cual significaría la posibilidad de que puedan sobrevivir muchos enfermos.

También es posible que la gente no se comprometa a ser donador porque eso implicaría asumir que un día va a morir –porque una cosa es saberlo y otra cosa es creerlo–. El punto es que, debido a la escasez de órganos, se han tenido que establecer criterios éticos para distribuirlos de manera justa y, también aquí, el primero de ellos se refiere a aspectos médicos como son la gravedad del paciente, la probabilidad de que resulte beneficioso y la compatibilidad entre donador y receptor. El siguiente criterio ético es que el órgano se asigne de acuerdo con una lista de espera para que el primero en ella sea quien reciba el siguiente órgano disponible, un criterio que no puede tomarse en cuenta en la actual situación de pandemia.

Marco Vergano, un médico intensivista del hospital San Giovanni Boscoen Turín, Italia, explica que sería un grave error seguir ahora el criterio de first come first serve para asignar tratamientos como la ventilación mecánica. La razón es que se saturaría la atención crítica con los enfermos más graves que podrían mantenerse vivos por varios días, a pesar de que existan datos médicos que indiquen que después ellos no van a sobrevivir. De actuar así, no sólo terminarían muriendo estos pacientes sino también otros que hubieran podido sobrevivir si hubieran recibido el tratamiento.

Los criterios que habría que establecer, después de valorar médicamente si el paciente tiene probabilidades de aprovechar el tratamiento, sirven para poder decidir a quién elegir cuando dos pacientes pueden beneficiarse del tratamiento, pero sólo se le puede dar a uno. Los criterios incluyen: 1) ganar más años de vida –por eso los jóvenes serían elegidos, con lo cual se les daría la oportunidad de tener una vida completa como ya la han tenido quienes han vivido 80 años, por poner un ejemplo–; 2) dar atención prioritaria al personal de salud, ciertamente porque los médicos y enfermeras podrán seguir atendiendo a más pacientes, pero también porque es importante que cuenten con la confianza de que si enferman serán atendidos, lo cual es un principio básico de reciprocidad; 3) dar preferencia a mujeres embarazadas y a madres y padres solteros con hijos menores dependientes. Es esencial que los criterios sean consistentes y que no se asignen tratamientos a algunos enfermos por su situación económica privilegiada, influencias sociales o políticas o por su fama, por mencionar algunas condiciones. 

La distribución justa de los tratamientos escasos incluye evaluar si los pacientes en quienes se inicia un tratamiento intensivo tienen una respuesta favorable en los siguientes días, y en caso de que no la tengan habría que decidir retirarles el tratamiento –una posibilidad que los pacientes o familiares deben conocer con anticipación–. Estos pacientes, lo mismo quienes desde un inicio no pudieron recibir tratamiento intensivo, deben recibir cuidados paliativos buscando aliviar sus síntomas y el sufrimiento psicológico o espiritual que presenten. Asumiendo que se ha llegado al límite de lo que médicamente se puede hacer para evitar su muerte, debe buscarse para ellos y sus familiares que el final sea el mejor posible.

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Ilustración: @alirezapakdel.

En mi columna ha sido un tema recurrente la importancia de respaldar social y legalmente las decisiones de personas que han reflexionado sobre el final de su vida y tienen claro en qué condiciones querrían continuar viviendo y, sobre todo, en cuáles no. Ante la pandemia del COVID-19 se han publicado diversos documentos que ayudan a las personas a reflexionar y expresar qué querrían en caso de contagiarse y sufrir las complicaciones graves de la enfermedad –algunos de ellos aparecen como anexos de voluntades anticipadas ya suscritas–. Ejemplos son My Choices If I Become Sick in the COVID Pandemic, elaborado por Final Exit Network (FEN), y el Coronavirus Disease 2019 (COVID-19) Shared Decision – Making Tool de la National Hospice and Palliative Care Organization (NHPCO), que se está adaptando al español.

En nuestra sociedad predomina una actitud de negación ante la muerte que hace muy difícil pensar y hablar del final de la vida y nos impide prepararnos para cuando llegue el momento de enfrentarla, sea la nuestra o la de nuestros seres queridos. La pandemia que vivimos nos recuerda nuestra fragilidad y esto puede servirnos para reflexionar sobre la vida, la muerte y los límites de la medicina. El final de la vida puede llegar cuando todavía teníamos planes para seguir viviendo, pero si esto no es posble o el riesgo de intentarlo es muy alto, y habría alta posibilidades de morir o quedar con importantes discapacidades, no debemos olvidar que siempre tenemos la libertad para decidir sobre el final de nuestra vida y evitar condiciones en que no querríamos ni vivir ni morir. Pero para poder elegir, hay que ocuparnos mientras podamos.

Y gracias infinitas al personal de salud que está dando todo en esta pandemia.


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Información sobre la epidemia del coronavirus

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Por Ignacio Anaya Minjarez.

Tal parece que con el brote de un virus el pánico nuevamente comienza a asomarse. El reciente descubrimiento de un nuevo coronavirus ha puesto a todo el mundo con la mirada en China y en toda la información que gira en torno a la infección. Origen, transmisión, infectados, muertes y recuperaciones son sólo algunos de los datos que encontramos en medios de comunicación y redes sociales. Ante tanta carga informativa, hemos entrado en un estado de incertidumbre respecto a cómo enfrentar todo eso, por lo que es necesario prepararnos ante la inevitable llegada de este coronavirus al país.

Lo primero que debemos hacer es, ante todo, mantener la calma. Es importante mantenerse informado correctamente y no caer en la falsa información que circula por redes sociales. Es una realidad que surgió un nuevo brote del coronavirus, el cual es altamente contagioso y en ciertas condiciones puede ser letal. Ante esto es necesario mantenerse preparado y hacer caso a las indicaciones de los servicios de salud.

Una conciencia histórica nos permite ver que, a lo largo de nuestra historia, los humanos hemos estado expuestos a pandemias que en varios casos terminaron siendo devastadoras. Hace poco más de cien años la pandemia de gripe en 1918 causó la muerte de cerca de 50 millones de personas alrededor del mundo en un corto periodo de dos años. En el siglo XIV la peste negra acabó con aproximadamente el 60 por ciento de la población Europa. Son probablemente las dos epidemias más conocidas, pero en cada siglo ha habido un gran número de pandemias. La peculiaridad de las que han surgido a partir de la segunda mitad el siglo XX y XXI, es la atención que reciben por parte de los medios; esto no quiere decir que sea algo malo, pero con la información también surge bastante desinformación. Esto resulta peligroso, ya que a la vez puede provocar actitudes de rechazo y hostilidad hacia ciertos grupos. Ya lo hemos visto con el resurgimiento del racismo hacia la población China debido al coronavirus. No es algo nuevo; por ejemplo, durante la peste negra las comunidades judías fueron perseguidas en Europa, pues según se creía que fueron los causantes de dicha plaga.

A todo esto, es fundamental no alarmarnos frente al brote de un nuevo virus. Debemos estar bien informados y mantener una conciencia crítica frente a todo lo que recibimos en medios respecto al coronavirus. Y recordar que históricamente hemos enfrentado epidemias peores que finalmente nos hacen estar mejor preparados ante nuevos brotes.


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Predecir el futuro y evitar contagios de virus

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Hace diez años nos tocó una contingencia muy parecida a la que podría provocarse con el brote de coronavirus.

Hoy, con esa experiencia, lo primero que podemos hacer es adoptar buenos hábitos de higiene y cuidado que se vuelvan costumbre y con ello evitar contagios que ponen en riesgo a todos, desde los niños hasta los adultos mayores. Éste es un virus que su contagio es aéreo. A diferencia de otros que son por fluidos, por eso tiende a propagarse más y más rápido, afectando las vías respiratorias y comenzando a sentirse los primeros síntomas con dolor en la garganta, luego en los conductos respiratorios y nasales, hasta llegar a los pulmones. El tiempo de incubación puede ir de los tres a cinco días hasta manifestarse, así que es relevante tomar en cuenta ciertas medidas y las siguientes acciones para prevenirlo:

1. Lavarse las manos constantemente y a lo largo del día. No importa si ya lo hicimos antes de salir de casa, ésta debe ser una práctica permanente. Mínimo 20 segundos (y con la llave del agua cerrada).

2. Usar tapabocas. Es una excelente manera para no contagiar y hasta una muestra de respeto hacia los demás.

3. Toser y estornudar siempre en el hueco del antebrazo. Y jamás escupir en la calle y en ningún lugar público.

4. Limpieza de superficies (mesas, puertas, barandales, llaves, etc.). Puede llegar a vivir hasta 12 horas en superficies metálicas.

5. Lavar la ropa con detergente común. En los textiles puede vivir el virus de 6 a 12 horas.

6. No llevarnos las manos a la cara. Ése es el medio más común de autocontagio.

7. El uso de gel antibacterial constantemente es recomendable después de tocar superficies.

8. Evitar en la medida de lo posible saludar de mano y beso.

10. Mantener la garganta humectada y tomar agua de manera constante. También algo muy útil es hacer gárgaras con agua y sal, 4 veces al día es una gran medida.

11. No automedicarse. Pedir apoyo y asesoría médica.

12. Se recomienda ingerir alimentos bien cocidos.

virus contagio
Imagen: Gobierno de México.

Y cuidado con las fake news. Por eso sólo debemos seguir las recomendaciones de los expertos y autoridades. No caer en prejuicios y estereotipos. Esto es una enfermedad. No tiene nada que ver en cómo te ves, de dónde eres, cómo te vistes, cómo hables, qué pienses o a quien le reces o ames. Vivimos en un planeta con bacterias y virus que lo habitan igual que nosotros, así que un brote puede ocurrir en cualquier momento y cualquier lugar.

¿Cómo evitarlo? Con prevención, higiene, buenos hábitos y comportamientos indicados que nos permitan vivir más seguros y mejor. Estemos bien informados y comunicados.


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Esta es la tercera causa de muerte en mayores de 45 años

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La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) se ubica en el tercer lugar de las principales causas de muerte en México, por tabaquismo e inhalación de humo.

 En México, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) se ubica como la tercera causa de muerte entre personas de más de 45 años de edad, condición clínica asociada al tabaquismo e inhalación de humo de leña, alertó el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Señaló que de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), cada año en México mueren 21 mil personas a causa de esta enfermedad, es decir 57 personas al día, lo que en breve podría colocar a este trastorno a nivel mundial como la cuarta causa de muerte.

Indicó que debido a que el EPOC es un trastorno que se puede prevenir, el Sector Salud trabaja en campañas permanentes de prevención.

Por su parte, el ISSSTE hace frente a este problema con protocolos de atención especializada en sus áreas de neumología y medicina preventiva dirigidos a personas con este padecimiento y otros trastornos respiratorios asociados a la contaminación atmosférica especialmente en zonas urbanas.

El EPOC es una enfermedad que causa incapacidad física, los pacientes dependen del consumo de oxígeno de por lo menos 18 horas al día, lo cual limita sus actividades cotidianas.

De acuerdo con el INER, para conseguir los mejores resultados se necesita erradicar el uso del tabaco y modificar la alimentación del paciente con EPOC, además de proporcionarles rehabilitación pulmonar, en caso de ser necesario y aplicar inmunizaciones con vacunación antigripal y antineumocócica.

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