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Programas fallidos y desperdicio de recursos públicos

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Por Joan Rega.

Desde la República Presupuestal en marcha se han asignado multimillonarios recursos a programas cuyo diseño, objetivos e instrumentación parecen contravenir la lógica económica y el uso de recursos escasos. Tales son los casos, entre otros más, del Programa de Sembrando Vida que, se dice, ha inducido en el muy corto plazo a la deforestación, particularmente en el sur-sureste del país.  Deforestación que da pie a la siembra remunerada de árboles por hectárea, según el programa en la materia. Otro caso representativo es el denominado Programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

El programa de jóvenes construyendo el futuro ha ya evidenciado sus magros y costosos resultados. El programa contraviene el principio económico elemental de que el empleo se genera en términos de la demanda de fuerza de trabajo que implica la producción, y no por simple oferta. Hecho que va en contra del supuesto oficial de que la demanda de empleo se generará a partir de la oferta de la mano de obra, según se pretende calificada.

La idea de que el desempleo es un asunto de oferta es técnicamente equivocada.  Ello aun cuando marginalmente pueda existir relativa escasez de mano calificada, como en los últimos años se argumentó, particularmente por los cambios tecnológicos experimentados en las economías desarrolladas. Así, si no hay suficiente crecimiento económico es imposible que se genere una alta tasa de empleo formal y productivo.

México vive una oferta de mano de obra casi ilimitada en el corto plazo, lo que explica dos hechos económicos incontrovertibles.  Por un lado, hace que el costo del capital sea relativamente elevado, frente al bajo costo de la mano de obra, haciendo que la economía tenga una baja productividad de sus factores productivos, gran atraso tecnológico y baja competitividad. 

De esta forma, el factor económico abundante, que es la mano de obra, se prefiere por el empleador al capital.  Aún más, ello induce a que la mano de obra tenga poca calificación y bajas destrezas, siendo suplida por su gran cantidad. Por otra parte, ante la elevada oferta de mano de obra y su baja demanda, el empleo informal y precario es y seguirá siendo alto, como podemos verlo en la mayoría de los estados y ciudades.  Lo que hace falta es estimular y apoyar la producción si se desea generar más empleo; empleo formal y de mejor calidad. 

Varias pueden ser las recetas en esa vía, pero dada la estructura productiva nacional y su dinámica, algunas resultan mayormente lógicas y preferentes. Apoyar al sector agroalimentario y los servicios públicos puede, en el corto plazo, generar mayor producción y empleo, considerando, además, que el costo por puesto de trabajo es bajo frente al costo que implica crear empleo industrial. De igual forma, si se tiene en cuenta que el ciclo productivo y el periodo de maduración de la inversión es de corto plazo.

En el caso del empleo industrial, lo que hay que hacer en el corto plazo es proteger la planta industrial existente y mejorar su productividad.  De otra manera seguiremos enfrentando la hemorragia de divisas y déficits comerciales con los países del sudeste asiático, que se compensa con el superávit de México con el producto del aún TLC. En contraste, no hay que olvidar que la creación de nuevas empresas industriales lleva tiempo en su concreción y requieren alta inversión por puesto de trabajo directo generado. Pero, antes que nada, debe considerarse que requieren para su realización la existencia de demanda, externa o interna.

Es obvio que se necesitan claras y eficientes políticas agroalimentarias, industriales y de servicios públicos que posibiliten crecer al país y generar más empleo y ocupación.  Es claro también, hasta ahora, que las políticas públicas instrumentadas por el actual gobierno han descansado en supuestos económicos equivocados y medidas inerciales, desembocando en resultados fallidos y en un gran desperdicio de recursos públicos.

En México se sigue privilegiando el comercio frente a la promoción de la producción, como es el caso ostensible de la política económica con el exterior. De igual forma, se continúan desarrollando programas, como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, que supuestamente alentarían el empleo y que han terminado significando un enorme desperdicio de recursos públicos, en una situación de estrechez presupuestal que habrá de prolongarse al menos por tres años más.  

En este caso, el costo presupuestal del Programa es del orden de cuarenta mil millones de pesos (Proceso), que bien pudieron haberse asignado a la inversión y al financiamiento de la producción. Alternativa que es incontrastable si se considera que, de acuerdo a declaraciones de la Secretaría del Trabajo, al mes de noviembre se habían generado por los empleadores únicamente del orden de 15 mil empleos contratados (Animal Político), por lo que el costo por empleo generado, según lo declarado, ha sido de 2.6 millones de pesos. Sin duda, tal costo presupuestal se podría haber destinado a otros menesteres productivos o inclusive de inversión social. 

La economía, producto de la interacción social y productiva del hombre, es lógica aunque para muchos es necia. Pretender manejarla sin inteligencia económica es un fracaso anunciado, que se presenta en el muy corto plazo. Negar lo evidente es costoso y manifiesta estridentemente lo absurdo del hombre, especialmente cuando se afecta la vida de miles de ciudadanos.