Sembrando Vida

Sembrando Muerte

Lectura: 3 minutos

Mientras el gobierno federal publicita con bombo y platillo su programa social: Sembrando Vida, como una iniciativa de reforestación que brinda empleo a los campesinos, en varias entidades del país ocurre lo contrario, pues proliferan bosques y selvas devastados. 

Un grupo de biólogos de la UNAM, quienes realizan diversos trabajos de investigación en los estados de Campeche, Yucatán, Veracruz, Tabasco, Chiapas, y Quintana Roo, denunciaron ante esta columna que los ejidatarios, con tal de recibir mensualmente los 5 mil pesos que les otorga la Secretaría de Bienestar, se han dedicado a talar y arrasar con todo tipo de vegetación para justificar ante las autoridades su ingreso al padrón de beneficiarios de dicho programa. 

Los ejidatarios han violentado el cambio de uso de suelo sin que las autoridades de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) hagan algo para tratar de evitar esa autodestrucción insulsa de los ecosistemas.

sembrando vida
Imagen: Perujo.

Algunos campesinos hasta han empleado maquinaria pesada para limpiar extensas superficies mayores a 200 hectáreas, para que cada propietario de la tierra justifique sus 2.5 hectáreas que les pide la Secretaría del Bienestar, como requisito para ingresar al programa donde deberán sembrar árboles frutales y maderables —caoba y cedro, caobilla, pino, principalmente—. También se les piden fomentar los cultivos en ciclo corto. 

No importa la destrucción del hábitat de decenas de especies de mamíferos, aves y reptiles, cómo ha ocurrido en las zonas de Bacalar, en Quintana Roo, así como en Calakmul, Campeche, que son los territorios más críticos de este arrasamiento que está matando grandes extensiones selváticas.  

Otro grave daño ocasionado a los ecosistemas, ocurre porque a los ejidatarios se les impone el cultivo de especies de árboles maderables, cítricos y aguacates, entre otras, que son ajenas a la región. Esto agota la tierra rápidamente, pues se requiere de gran tecnificación para conservarla. 

Y mucha de las semillas y plántulas provienen de la empresa de Alfonso Romo, ex jefe de la Oficina de la Presidencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador

El propio presidente ha presumido que están combatiendo los cultivos de amapola y marihuana en Durango, Sinaloa y Chihuahua, con la siembra de productos agroforestales. Sin embargo, el cultivo de enervantes continúa en el llamado Triángulo Dorado, en donde hasta la población oriunda le teme enfrentarse al crimen organizado. 

sembrando vida amlo
Imagen: Camacho.

Tal vez las autoridades, incluyendo al presidente, no conocen cómo se produce en la tierra y para ellos es muy fácil hablar de reforestaciones y empleos sólo por las estadísticas de los ejidatarios que se suman a un programa con dudoso éxito. 

Sin duda habrá tierras que demoren la producción por ser más secas, y otras su vida productiva termine en 5 o 6 años. Obviamente de esto no se habla en los discursos oficiales, y esto lo saben los campesinos, pero la necesidad les obliga a meterse a este tipo de programas, que tienen más tintes políticos-populistas, que intenciones de hacer más productiva la madre tierra. 

Hace unos días, las autoridades de Bienestar anunciaron que este año ejercerán un presupuesto de 28 mil 929 mdp (el año pasado fue de 27, 694 mdp), lo que les permitirá llegar a 430 mil sembradores, y alcanzar un millón 75 mil hectáreas en dicho programa, con la siembra de mil 21 millones de plantas. 

Sin duda, el millonario Romo, ex colaborador del presidente, se hará más poderoso económicamente, así como otros empresarios consentidos de este gobierno, pero los resultados en el campo no serán tan efectivos como Bienestar los presume.  

Ya veremos a mediano plazo de qué tamaño fueron las falsedades de este programa y las consecuencias de no detener los ecocidios de algunos ejidatarios con tal de recibir los exiguos recursos de “Sembrando vida”, no será más bien ¿Sembrando muerte? Usted qué opina.


También te puede interesar: Estancamiento peligroso.

Programas fallidos y desperdicio de recursos públicos

Lectura: 3 minutos

Por Joan Rega.

Desde la República Presupuestal en marcha se han asignado multimillonarios recursos a programas cuyo diseño, objetivos e instrumentación parecen contravenir la lógica económica y el uso de recursos escasos. Tales son los casos, entre otros más, del Programa de Sembrando Vida que, se dice, ha inducido en el muy corto plazo a la deforestación, particularmente en el sur-sureste del país.  Deforestación que da pie a la siembra remunerada de árboles por hectárea, según el programa en la materia. Otro caso representativo es el denominado Programa Jóvenes Construyendo el Futuro.

El programa de jóvenes construyendo el futuro ha ya evidenciado sus magros y costosos resultados. El programa contraviene el principio económico elemental de que el empleo se genera en términos de la demanda de fuerza de trabajo que implica la producción, y no por simple oferta. Hecho que va en contra del supuesto oficial de que la demanda de empleo se generará a partir de la oferta de la mano de obra, según se pretende calificada.

La idea de que el desempleo es un asunto de oferta es técnicamente equivocada.  Ello aun cuando marginalmente pueda existir relativa escasez de mano calificada, como en los últimos años se argumentó, particularmente por los cambios tecnológicos experimentados en las economías desarrolladas. Así, si no hay suficiente crecimiento económico es imposible que se genere una alta tasa de empleo formal y productivo.

México vive una oferta de mano de obra casi ilimitada en el corto plazo, lo que explica dos hechos económicos incontrovertibles.  Por un lado, hace que el costo del capital sea relativamente elevado, frente al bajo costo de la mano de obra, haciendo que la economía tenga una baja productividad de sus factores productivos, gran atraso tecnológico y baja competitividad. 

De esta forma, el factor económico abundante, que es la mano de obra, se prefiere por el empleador al capital.  Aún más, ello induce a que la mano de obra tenga poca calificación y bajas destrezas, siendo suplida por su gran cantidad. Por otra parte, ante la elevada oferta de mano de obra y su baja demanda, el empleo informal y precario es y seguirá siendo alto, como podemos verlo en la mayoría de los estados y ciudades.  Lo que hace falta es estimular y apoyar la producción si se desea generar más empleo; empleo formal y de mejor calidad. 

Varias pueden ser las recetas en esa vía, pero dada la estructura productiva nacional y su dinámica, algunas resultan mayormente lógicas y preferentes. Apoyar al sector agroalimentario y los servicios públicos puede, en el corto plazo, generar mayor producción y empleo, considerando, además, que el costo por puesto de trabajo es bajo frente al costo que implica crear empleo industrial. De igual forma, si se tiene en cuenta que el ciclo productivo y el periodo de maduración de la inversión es de corto plazo.

En el caso del empleo industrial, lo que hay que hacer en el corto plazo es proteger la planta industrial existente y mejorar su productividad.  De otra manera seguiremos enfrentando la hemorragia de divisas y déficits comerciales con los países del sudeste asiático, que se compensa con el superávit de México con el producto del aún TLC. En contraste, no hay que olvidar que la creación de nuevas empresas industriales lleva tiempo en su concreción y requieren alta inversión por puesto de trabajo directo generado. Pero, antes que nada, debe considerarse que requieren para su realización la existencia de demanda, externa o interna.

Es obvio que se necesitan claras y eficientes políticas agroalimentarias, industriales y de servicios públicos que posibiliten crecer al país y generar más empleo y ocupación.  Es claro también, hasta ahora, que las políticas públicas instrumentadas por el actual gobierno han descansado en supuestos económicos equivocados y medidas inerciales, desembocando en resultados fallidos y en un gran desperdicio de recursos públicos.

En México se sigue privilegiando el comercio frente a la promoción de la producción, como es el caso ostensible de la política económica con el exterior. De igual forma, se continúan desarrollando programas, como el de Jóvenes Construyendo el Futuro, que supuestamente alentarían el empleo y que han terminado significando un enorme desperdicio de recursos públicos, en una situación de estrechez presupuestal que habrá de prolongarse al menos por tres años más.  

En este caso, el costo presupuestal del Programa es del orden de cuarenta mil millones de pesos (Proceso), que bien pudieron haberse asignado a la inversión y al financiamiento de la producción. Alternativa que es incontrastable si se considera que, de acuerdo a declaraciones de la Secretaría del Trabajo, al mes de noviembre se habían generado por los empleadores únicamente del orden de 15 mil empleos contratados (Animal Político), por lo que el costo por empleo generado, según lo declarado, ha sido de 2.6 millones de pesos. Sin duda, tal costo presupuestal se podría haber destinado a otros menesteres productivos o inclusive de inversión social. 

La economía, producto de la interacción social y productiva del hombre, es lógica aunque para muchos es necia. Pretender manejarla sin inteligencia económica es un fracaso anunciado, que se presenta en el muy corto plazo. Negar lo evidente es costoso y manifiesta estridentemente lo absurdo del hombre, especialmente cuando se afecta la vida de miles de ciudadanos.