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El rojo de las banderas


lunes 28 de marzo de 2016

“[…] Hilvanar con jirones de banderas

Braguitas rojigualdas, braguitas rojigualdas

[…]

Joaquín Sabina

El rojo es el color del honor. Es el color que simboliza el sacrificio de los hombres que dieron nacimiento a países y el valor de aquellos que los defendieron. El rojo es un color que todo mundo identifica con ciertas corrientes políticas. El rojo es el color de la pasión (se ha sabido de gente que con sólo mirarlo se enciende). El rojo es también el color del poder y el color del peligro, y – para nadie es un misterio – es el color de la sangre.

El rojo es un color pertinaz: quizá sea el color que con más frecuencia aparece en unos trapos que nadie se pone de acuerdo sobre si deberían o no existir y que se llaman banderas.

Los trágicos acontecimientos debidos al odio y la intolerancia entre los hombres que han cimbrado a Europa recientemente (Francia hace unos meses, Bélgica ahora) han dado lugar a que las banderas aparezcan con mayor tenacidad, ondeado a media asta por todos lados, iluminando edificios, estatuas y esculturas.

El rojo es el color de la sangre. El blanco, por su parte, es el color de la paz. Y la paz es equilibrio. Tal vez por ello el blanco aparezca a menudo en el centro de ciertas banderas.

Vi hace poco una bandera cuya zona roja había invadido la zona blanca. El sufrimiento tomando el lugar de la paz. El dolor tomando el lugar de la paz. La violencia tomando el lugar de la paz.

Blanco es paz. Paz es equilibrio. Pero el rojo es el color de la sangre.

En afanes solidarios, los usuarios de Facebook han tomado las banderas de países en los que se ha sufrido recientemente (¿en qué país no se sufre?) para ponerlas sobre sus propias imágenes. Filtros, creo que les llaman. Otros han usado banderas modificadas en las que la sangre avanza. En las que la sangre avanza.

 

Gerard Fromanger. Le rouge

Gerard Fromanger. Le rouge

En el año del mayo de París, Gerard Fromanger se encontró con Jean Luc Godard. Éste le preguntó que cómo hacía las banderas aquellas. Sí: Fromanger, ya en esa década lejana, había modificado banderas con zonas rojas para quejarse de la violencia. Fromanger le explicó a Godard sobre su idea. Luego, ambos hicieron un cortometraje que se llamó Tract No. 1968: un reclamo contra la violencia suscitada luego de las huelgas y las revueltas en la Francia de aquellos años. En el video se ve cómo el rojo de esa bandera francesa empieza a desplazarse hacia la izquierda, para terminar inundando una parte importante de la superficie.

Gerard Fromanger y Jean-Luc Godard. Still del film Tract 1968

Gerard Fromanger y Jean-Luc Godard. Still del film Tract 1968

Casi aseveraría que Fromanger experimenta ahora un sentimiento paradójico. Para cualquier artista debe ser maravilloso que un trabajo hecho hace poco menos de cincuenta años siga teniendo vigencia en el mundo. Para el creador de las banderas en las que la sangre avanza debe ser doloroso y motivo de una profunda tristeza (me atrevo a decir, incluso, motivo de una absoluta desolación) constatar la misma verdad.

A los hombres nos da por ondear banderas. Todo tipo de banderas. Ondeamos la bandera de una región, la bandera de una asociación, la bandera de un barco, la bandera de un equipo de futbol, la bandera de un grupo político, la bandera de una religión. Me surgen, viendo tantas banderas ondear, muchas dudas. Pero en lo concreto una que parecería no sólo retórica, sino incluso perogrullesca: Si las banderas no existieran, ¿sería posible que se mancharan de sangre? Quizá nunca lo sepamos.

 

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Diego de Ybarra

Diego de Ybarra
En su perene afán de comunicar hasta la más ilustre de las barrabasadas, Diego de Ybarra escribe desde que puede, y como puede. Ha vivido en México, en Francia y en Italia, y actualmente debe estar por algún lugar inconveniente de la Colonia Roma. Entusiasta del arte y lector más que escritor, busca sin cesar la forma de encontrarse con lo artístico y con quien escriba de ello. Ha organizado y curado exposiciones de obra pictórica en la itinerancia, discutibles happenings dedicados a promover la obra de aquellos pintores jóvenes que le llaman la atención. Confiesa que su nociva curiosidad lo orillará una tarde de lluvia a querer averiguar qué se siente aventarse de espaldas por una ventana abierta.