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La controversia sin fin: los Organismos Genéticamente Modificados


viernes 19 de mayo de 2017

A principios de mayo se llevó a cabo la Cumbre Mundial sobre la Innovación Alimentaria en Milán, Italia; en ella se discuten temas referentes a toda la cadena alimentaria, lo que incluye procesos y productos desde la granja hasta la mesa. El objetivo es discutir temas tan relevantes como la relación entre producción y consumo de alimentos con variables como el aumento poblacional a nivel mundial, las condiciones sociodemográficas, la escasez de recursos naturales disponibles, salud, medio ambiente y procesos de comercialización. Todo lo anterior, bajo el reconocimiento de que la producción de alimentos enfrenta retos inmediatos y a largo plazo que deben ser atendidos y discutidos desde muy diversos ámbitos.

En esta ocasión, el invitado de honor fue el ex presidente de los Estados Unidos de Norte América: Barack Obama. Su presencia tiene diversas lecturas, ya que no es casual que sea invitado a presentar su posición sobre el tema ante las recientes declaraciones del presidente Trump en contra de temas científicos y tecnológicos. Basta recordar su posición sobre el cambio climático y la negación ante tal hecho. Es por ello que la presencia de Obama cobra relevancia; pero más allá de su sola asistencia, quisiera destacar parte de la interacción que mantuvo con Sam Kass, ex jefe de la Casa Blanca, sobre el tema de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). En la conversación pública que mantuvieron hablaron del potencial que los OGM tienen a nivel mundial para mejorar temas como la producción y el consumo, reconociendo que representan una oportunidad que puede ir desde la reducción de uso en el agua, los herbicidas, pesticidas y, además, mejorar ciertas condiciones nutrimentales, como el caso del arroz dorado el cual ha tenido un impacto muy importante en la resolución de problemas de salud y acceso a la alimentación, ya que es un arroz modificado genéticamente que contiene una alta dosis de Vitamina A, y que ha sido destinado a zonas pobres de Asia y África particularmente para niños que sufren deficiencia de dicha vitamina.

Tal y como lo reconoció Obama, el debate sobre los OGM es muy controvertido, hay posiciones encontradas y resultados muy diversos. Pero, no podemos negar que las modificaciones genéticas nos han acompañado siempre. El maíz que usted y yo comemos en resultado de años de modificaciones genéticas del teocintle, el cual no es comestible, pero el maíz sí lo es. O la cerveza que usted disfruta en compañía de sus amigos también incluye una serie de productos resultado de la modificación genética, o los quesos, la leche y una larga lista de productos. La gran diferencia es que antes dichos procesos tardaban siglos para llevarse a cabo y en la actualidad esto se puede lograr con técnicas muy sofisticadas en un laboratorio en un tiempo relativamente corto.

Entiendo la incertidumbre que nos causa el uso de OGM y su consumo; si bien es necesario contar con un esquema precautorio y regulatorio muy claro, no debemos cerrarnos a las posibilidades que la ciencia y la tecnología nos ofrecen en temas más acuciosos. Cabe mencionar, que en el 2016 la Academia Nacional de Ciencias en Estados Unidos, realizó una revisión de más de 900 estudios sobre los OGM y concluyó que no hay evidencia contundente sobre daños a la salud humana.

Si usted como consumidor está preocupado por saber qué consume, lo comprendo bien, ya que la libertad de elegir es muy importante, por ello pienso que países como Estados Unidos y Canadá han hecho lo correcto al legislar el etiquetado obligatorio en los productos alimenticios. Pero esto, es sólo una parte de lo que implica la legislación en OGM.

En mi perspectiva, el tema en México es distinto, ya que los activistas en el país han estado más preocupados por el uso de semillas OGM, particularmente el maíz, que por el consumo directo. Esto sin duda es muy relevante, si tomamos en cuenta que México es considerado centro de origen de diversas variedades de maíz y culturalmente representa para muchas poblaciones un recurso simbólico y un mecanismo de autosuficiencia alimentaria. Y si bien, hay grandes transnacionales interesadas en convertir el uso de semillas OGM en un negocio, también hay centros públicos de investigación nacionales y universidades que realizan investigaciones que pueden representar ventajas para los productores de maíz y que a través de diversos tipos de transferencia tecnológica podrían representar ventajas para dichos productores.

En diversas visitas que he realizado con productores de maíz a lo largo del país, he identificado una serie de problemáticas muy puntuales como la degradación del suelo, la falta de nutrientes, la escasa tecnología, el uso indiscriminado de fertilizantes químicos y pesticidas, la dificultad para comercializar. En pocas palabras, para muchos productores producir maíz no es en ningún sentido productivo, es más, en ocasiones pierden más de lo que ganan y es allí donde mi lógica de economista choca totalmente y me pregunto: ¿y por qué siguen produciendo? Bueno, pues lo hacen por tradición, cultura y simbolismo. Porque se los enseñaron sus padres y porque les permite alimentarse, pero no lo ven como un negocio.

No quiero decir que los OGM sean la panacea y la respuesta a todos nuestros males referentes a la alimentación, pero por lo menos en lo referente a algunas semillas básicas, podrían representar una oportunidad para mejorar las condiciones de cultivo y de comercialización. Ello no quiere decir que necesariamente se recurra a las grandes transnacionales de las semillas modificadas. Estoy sugiriendo que miremos a nuestros centros de investigación, que aprovechemos el potencial que hay allí adentro y que con un marco regulatorio muy bien cuidado motivemos tanto a la investigación como al desarrollo tecnológico en beneficio de la sociedad.

Pero esto no se puede lograr sin que haya cierto consenso y direccionalidad, no sólo de consumidores, productores e investigadores. Es necesaria una verdadera dirección política que esté dispuesta a plantear el tema como un eje fundamental de la política alimentaria, científica y tecnológica del país.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Marcela Amaro Rosales

Marcela Amaro Rosales
Egresada de la Licenciatura en Economía de la UNAM, maestra y doctora por la UAM-X en el área de Economía de la Innovación. Ha impartido cátedra en el ITESM sobre políticas de ciencia y tecnología, en la UAM-X y la UNAM sobre empresas e innovación. Actualmente labora en el Posgrado de Economía de la UNAM y en el Instituto de Investigaciones Sociales de la misma universidad. Sus temas de interés son la innovación, las tecnologías emergentes, las políticas públicas y la transferencia de conocimiento. Aunque su verdadera obsesión es la biotecnología, ama a los perros, las caminatas largas, la música y el cine.
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