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El concierto equivocado

pianista pires

Carlos Azar Manzur


Ya merito

Maria João Pires (2009). (Foto: Governo de Sergipe).

jueves 12 de julio de 2018

Maria Joao Pires, una pianista portuguesa extraordinaria, empezó su carrera alrededor de los conciertos para piano de Mozart. Los 27 conciertos de este compositor representan un punto de inflexión en la historia del instrumento y la puerta para el estallido pianístico que significó el siglo XIX y el Romanticismo. Es más, Mozart concibió los conciertos como un entramado entre la orquesta y el solista, en la que la voz del solista se complementa con las otras voces, a diferencia de los conciertos románticos, en los que el instrumento principal se aísla para destacar por encima de la orquesta.

En YouTube se encuentra el video de Maria Joao Pires de un concierto en Ámsterdam en 1997. Riccardo Chailly dirigía la orquesta en esa ocasión y es él quien explica el video. Nos cuenta por qué presentaban un concierto de Mozart junto a una sinfonía de Mahler, pero, sobre todo, dice que la gran pianista esperaba tocar el concierto 21 de Mozart en do mayor, cuando escucha que la orquesta empieza a interpretar el concierto 20 en re menor. En el video vemos el rostro aterrado de la pianista y trata de decirle al director que no es el concierto que traía preparado. En ese momento sucede algo sorprendente: el director decide no detenerse y sigue con el concierto, mientras le dice a la solista que es una gran pianista, que se sabe el concierto 20, que lo ha tocado varias veces y que confía en ella. Entonces sobreviene algo profundamente conmovedor: vemos a Maria Joao Pires entrar en concentración tratando de recordar el concierto 20 y cuando le corresponde entrar a tocar, lo hace. Es profundamente emocionante. El video pueden encontrarlo en la liga siguiente, aunque lamentablemente no podemos ver el concierto completo, sólo el inicio:

Yo conocía solamente otro ejemplo parecido, pero con el gran violinista ruso Nathan Milstein. Se cuenta que había perdido el avión, que tuvo que tomar otro y que llegó a la sala de conciertos cuando la orquesta afinaba. Él pensaba que debía tocar el concierto de Beethoven, el cual inicia con una gran introducción orquestal de 61 compases. El violinista se dijo que, por lo menos, tendría ese inicio para recuperar el aire y tocar el concierto. Sin embargo, la orquesta empieza el concierto de Mendelssohn, cuyo inicio es de tres compases antes del ingreso del violín solista. Milstein escucha eso, levanta el instrumento y procede a tocar el concierto correspondiente.

¿Cómo es posible que suceda esto? ¿Acaso no ensayan antes de presentarse? Sí, pero sólo una vez porque los grandes solistas vienen de dar otro concierto un día antes y ensayan con la orquesta el mismo día. A diferencia de Nathan Milstein que perdió el avión, en este caso, el problema es que el ensayo era con público. La Concertgebouw de Ámsterdam le llama “Free lunchtime concerto”. Un ensayo con público, con boletos más baratos a la hora de comer, el mismo día de la presentación programada.

violinista Milstein

Nathan Milstein (1904 – 1992). (Foto: https://medium.com).

Además del prodigioso ejercicio de concentración y memoria de la pianista portuguesa, que sólo confirma la grandeza interpretativa de una de las mejores pianistas de los últimos años, vale la pena reflexionar acerca de la actitud del director. ¿Por qué no detuvo el concierto y explicó lo que pasaba? Porque sabía quién era la pianista que tenía frente a él y estaba al tanto de sus capacidades. ¿Por qué no le pasó la partitura que tenía frente a él? Porque hubiera creado un elemento de distracción en la solista y no hubiera podido controlar las fuerzas del concierto. Riccardo Chailly ejerció un liderazgo positivo desde el escenario y fue capaz de controlar la contingencia de manera cabal. A veces nos preguntamos cuál es la labor de un director de orquesta para en la tarima, moviendo las manos sin producir sonido alguno. Este ejemplo demuestra la fuerza y la necesidad de su labor.

Ejercer un liderazgo sin perder de vista el producto final resuena en nuestras cabezas. El director sabía que la pianista era capaz de llevarlo a cabo, pero ella estaba convencida que no era el director quien debía hacerlo. Sabemos que la jugada más importante es la que viene y no la que acaba de pasar. Sabemos que no es mala idea entregarle la solución al de enfrente. Sabemos que vivir pensando en el error nos arraiga a situaciones insalvables. Sabemos que somos el país de Huitzilopochtli y que nos encanta sacrificar a uno, sólo a uno. Sabemos que pensar en comunidad no es nuestro fuerte.

Tal vez no sea mala idea no perder de vista el ejemplo de este video.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Carlos Azar Manzur

Carlos Azar Manzur
Como escritor, editor y maestro de secundaria y de varias universidades, siempre ha sido un defensa central. Estudió la licenciatura en psicología, convencido de que era una rama más de la literatura. Como nadie más cree eso, todos los problemas laborales que ha tenido se le deben achacar a Freud. Ahora, tiene dos maestrías, una en literatura y creación literaria por Casa Lamm y otra en Arts and Litterature por la AIU de Hawai: la puerta burocrática se ha abierto. Trabajó como el coordinador editorial de la CEPAL, comisión de la ONU y fue Secretario Técnico del Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes de Puebla. Ha publicado cuatro libros de poemas (“Pavana para el banquete de los poderosos”, “Distancias”, “Cántico a Eli” y “El círculo de la presencia”), una historia de la ópera, un cuento suyo fue elegido para la antología Delta de las arenas, cuentos árabes y judíos latinoamericanos, un capítulo del libro “Las dos caras de la historia” de Random House Mondadori, coordinado por Alejandro Rosas, y otro en “Máscara contra Rostro” de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fanático de la memoria y alimentado tras las bambalinas de un foro isabelino, ama el cine, el fútbol, la música y la cocina de Puebla, el último reducto español en manos de los árabes.