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La divina Suzanne Lenglen

tenista francesa

Carlos Azar Manzur


Ya merito

Suzanne Lenglen compitiendo en Wimbledon, 1926 (Foto: Central Press/Hulton Archive).

jueves 30 de agosto de 2018

Nacida en 1899 y fallecida en 1938, esta tenista francesa representa una ruptura importante, en un deporte que se ha resistido al cambio de manera obsesiva. Lenglen fue la primera mujer en convertirse en tenista profesional, gracias al dominio que impuso en la década de los veinte. Apodada “La divina” por los periodistas franceses, un apodo compartido con Sarah Bernhardt, esta tenista se asoció con el diseñador de modas Jean Patou para que le confeccionara ropa que facilitara su juego. Las tenistas de esa época tenían la costumbre de jugar con grandes faldones hasta el tobillo, llevaban corsé y saltaban a la cancha con sombrero. Los faldones complicaban el movimiento y Suzanne Lenglen propuso el cambio descarado, atrevido, de subir la falda hasta media espinilla, quitar el corsé y abandonar el sombrero, además de usar camisas sin mangas a fin de liberar los brazos y controlar mejor la raqueta. Tal atrevimiento provocó el desaire de la digna sociedad tenística de la época.

tenis

Suzanne Lenglen modelando un diseño de Jean Patou (Foto: Hulton Archive).

Integrante de la generación Flapper, término que servía para indicar a las mujeres que se vestían con faldas entablilladas y cortas, no usaban corsé y llevaban un peinado especial (corto y teñido de negro o de rubio platinado) que las definía como grupo. Como las actrices Louise Brooks y Clara Bow, Suzanne Lenglen formó parte de esta generación. Además de la vestimenta, las mujeres de la generación Flapper bebían licores fuertes (una confrontación a la época de la prohibición), fumaban con largas colillas, oían jazz y manejaban coches y motos a gran velocidad, actividades propias de los hombres.

Aunque el modo de vida Flapper no pudo trascender la crisis de 1929 y sus costumbres hedonistas no encontraron espacio en las estrecheces económicas de los treinta, la declaración de principios marcó el verdadero inicio del siglo XX y un cambio en las relaciones humanas.

generación flapper

Louise Brooks (1906 – 1985) (Foto: https://heartheboatsing.com).

Cuando Suzanne Lenglen decidió transgredir el modo de vestir de las tenistas, se convirtió en la representante del cambio en términos de la situación femenina en dicho deporte. Sin embargo, fue ampliamente denostada, el apodo de “la divina” pasó a ser el de “Diva prostituta”, sobre todo cuando fue la portada de Vogue en 1926. Ante el rechazo generalizado, acentuado por no querer jugar dos partidos el mismo día (uno de singles y otro de dobles) en Wimbledon, a pesar de la presencia de la reina, la llevó a convertirse en la Fille terrible del tenis de esa década y a retirarse pronto. Unos años después, a los 39 años, murió de Leucemia.

En 1997, sesenta años después de su muerte, el Abierto de Francia decidió nombrar la segunda pista del estadio Roland Garros con el nombre de Suzanne Lenglen. En honor a su palmarés, pero, sobre todo, a ser la punta de lanza del cambio en un deporte que le ha costado tanto cambiar.

En 2018, Bernard Giudicelli, organizador del torneo francés calificó de inaceptable un traje que Serena Williams usó en un partido. El traje, confeccionado por Nike, es completo, de licra negra (como el que usaba el nadador Ian Thorpe, salvo que sin la gorra de nado), y que responde a una circunstancia médica. Tras nueve meses de ausencia en las canchas, debido a un embarazo de alto riesgo, Serena Williams presentó algunas complicaciones médicas, como la formación de diversos coágulos. En respuesta a dicho estado, la empresa de la paloma diseñó este traje completo para la tenista estadounidense. Sin importar las razones médicas, el organizador francés dijo que “hace falta respetar el deporte y el lugar” y que, por lo tanto, el traje de la hermana menor de las Williams no recibiría el permiso del torneo.

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Serena Williams en Roland Garros usando el traje posparto, junio 2018 (Foto: Gonzalo Fuentes/www.lavozdegalicia.es).

Veinte años después de que el torneo francés entendiera la importancia de la lucha por la libertad que llevó a cabo Suzanne Lenglen, Serena Williams no recibirá el permiso de jugar en un torneo cuya segunda cancha en importancia lleva el nombre de la tenista francesa.

Las necedades cíclicas de la historia.

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Sobre Carlos Azar Manzur

Carlos Azar Manzur
Como escritor, editor y maestro de secundaria y de varias universidades, siempre ha sido un defensa central. Estudió la licenciatura en psicología, convencido de que era una rama más de la literatura. Como nadie más cree eso, todos los problemas laborales que ha tenido se le deben achacar a Freud. Ahora, tiene dos maestrías, una en literatura y creación literaria por Casa Lamm y otra en Arts and Litterature por la AIU de Hawai: la puerta burocrática se ha abierto. Trabajó como el coordinador editorial de la CEPAL, comisión de la ONU y fue Secretario Técnico del Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes de Puebla. Ha publicado cuatro libros de poemas (“Pavana para el banquete de los poderosos”, “Distancias”, “Cántico a Eli” y “El círculo de la presencia”), una historia de la ópera, un cuento suyo fue elegido para la antología Delta de las arenas, cuentos árabes y judíos latinoamericanos, un capítulo del libro “Las dos caras de la historia” de Random House Mondadori, coordinado por Alejandro Rosas, y otro en “Máscara contra Rostro” de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fanático de la memoria y alimentado tras las bambalinas de un foro isabelino, ama el cine, el fútbol, la música y la cocina de Puebla, el último reducto español en manos de los árabes.