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Palabra: aliento de nuestro tiempo

David Rettig


Palimpsestos culturales


domingo 9 de diciembre de 2018

Nos convenció su elocuencia; el argumento de Enrique Bustamante es irrefutable. Nos hizo creer con la razón y el corazón. Mostró, en una sobremesa, la esgrima verbal para la que él entrena a otros: la oratoria. Comunicación e intención se reúnen y crean reflexión, cambian perspectivas, crean comunión. Pero su mensaje no gozó sólo de una bella forma. El contenido del argumento tiene una profundidad que quiero reflexionar aquí.

Su argumento: es necesario retomar el valor de la palabra. Honrar la palabra es una acción innecesaria, la palabra es inviolable desde que surge. Nos dibujó un escenario propio de los caballeros del siglo pasado en donde aquello que se dice se cumple. Palabra de Honor. Hoy, esa palabra es vapuleada. Sentimos que decir y hacer están separados. Somos hijos del tuit, del muro de face, del procesador de palabras. Las máquinas de letras producen dichos: el hombre no se compromete a los mismos. Hoy pisoteamos la palabra, nos desdecimos a cada rato. Los políticos dicen: prometen, elogian. Los discursos y los hechos se oponen. El acto de habla es reducido a una mentira. ¿Cuándo caímos en ese aliento de nuestro tiempo? ¿Qué hacemos para revertirlo?

La reflexión es profunda. En todas las sociedades preliterarias, sin escritura, la palabra es cuidada y temida. Quien habla cuida lo dicho porque a partir de su voz crea el mundo. La palabra es compromiso, es responsabilidad. Por ello, a la magia la antecede la palabra; al perdón lo antecede la palabra; a la muerte la antecede la palabra y con ella llega el silencio, la falta de palabra. El chamán o el brujo del pasado comienza con la palabra: palabra que cura o enferma. Conjuro, hechizo, maleficio, rezo: todas ellas encierran el poder de la palabra. El canto, aliento con pulso cardíaco, sólo le suma el ritmo a la palabra.

El pacto y la convención, acciones profundamente humanas, son actos lingüísticos. En el mundo esquimal se pronuncian nombres durante el parto: cuando alguien nace, toma el nombre mencionado al salir. El ser cobra vida con el lenguaje. Dice Octavio Paz que “la historia del hombre puede reducirse a la de las relaciones entre las palabras y el pensamiento porque todo periodo de crisis inicia o coincide con una crítica al lenguaje”. Enrique muestra una crisis de nuestro tiempo: la palabra no tiene palabra. Nuestro aliento apesta a simulación, a teatro, a mentira, a falta de compromiso.

Dorothy Lee cuenta cómo entre los navaho la responsabilidad y el respeto vienen con la palabra. Sorprendida de que un niño de corta edad lleva el pelo largo por debajo de la cintura, le pregunta a la madre el porqué, a lo que ésta responde: aún no pide que se lo corte. La independencia del otro está en el lenguaje. La antropóloga griega devela cómo el lenguaje codifica la realidad. La libertad y la responsabilidad se encierran en su gramática y su sintaxis.

“Apache, Navaho, or Zuni delegation”, Smithsonian Institution. Bureau of American Ethnology (Foto: U.S. National Archives and Records Administration).

¿Qué riqueza guarda nuestra lengua? y ¿Qué riquezas guardan nuestras lenguas indígenas? Es imposible describirlas aquí. Lo que es cierto es que debemos hacer dos luchas, una por rescatar el valor de la palabra y otra por rescatar nuestras lenguas.

La era digital hace un lenguaje líquido que parece evaporarse en la inmensidad de la red. Pero si acaso algo ha hecho nuestro tiempo es recobrar la voz. La imprenta la empaqueto en trazos; la omnipresencia electrónica, vuelve ese acto en flexibilidad. La voz se levanta de las pantallas, los sonidos cobran vida. Una de las cosas que más impactó de trabajar con ciegos fue comprender la accesibilidad que permiten los medios electrónicos. Hoy siri, google y otros sistemas facilitan hablar, traducir, dictar. Los lenguajes se hacen uno. La traducción babeliana está aquí, pero no así el entendimiento. El inglés acapara la red. Al parecer más de la mitad de la web está en habla inglesa. Nuestra lengua junto con el mandarín, el ruso, el alemán y otras treinta y tantas lenguas acaparan toda la red. Pero esa diversidad es diminuta comparadas con el cálculo de cerca de 6,700 lenguas aún existentes y muchas no verán su rastro en esa imprenta global.

En la era digital la desaparición lingüística va al ritmo de los cambios tecnológicos. Según la UNESCO una lengua desaparece cada dos semanas. En México contamos con 68 lenguas originarias y entre ellas hay más de 350 variantes. ¿En cuánto tiempo desaparecerán? Pensar las migraciones y el orgullo a la lengua, es pensar el valor de la palabra. Al igual que los migrantes latinos, cuyas generaciones diluyen el español en la memoria, los migrantes indígenas de México hacen lo mismo. Conozco de casos que padres deciden no hablar su lengua originaria porque eso implica, para su hijo, aparecer en un censo como indígena, “mejor que no quede rastro”. El rezago, la discriminación y la falta de orgullo son las puertas del olvido. Esa misma sensación puede ocurrir con la población latina de Estados Unidos: hoy esa población representa el 30% de los hablantes de nuestra lengua española.

Israel rescató una lengua muerta y la forjó en una comunidad viva. Con ella, se rescató un pensamiento, una filosofía y una perspectiva del mundo. Pero detrás de esa gran labor existe un profundo acto de orgullo. Mi amigo Pepe, miembro de la comunidad, me ha contado su visión del rescate. El hecho de sentir orgullo por la lengua y por la tierra van de la mano. La diáspora judía se forja en el orgullo y el amor por el origen. Ir a Israel, aprender su lengua, comprender su cultura es parte del espíritu del tiempo de los judíos del mundo. No importa si son o no religiosos. A su regreso se deja una semilla que germina para toda la vida. Pepe imagina un proceso así para su México; el orgullo de los mexicanos que viven en Estados Unidos debe de pasar por ambas cosas: un amor a la lengua y un regreso a su tierra.

Pienso en la profunda labor que requiere recobrar la palabra y honrar la lengua. Imaginemos cuán ricos seríamos si rescatáramos y defendiéramos el español y las 68 lenguas que se esconden entre nuestros hogares, entre empleados, maestros y policías que lo enmascaran en su cotidianidad. La reunión con Enrique sucedió antes de ver la escena de López Obrador y el bastón de mando. No quiero negar mi emoción al ver la profundidad simbólica del acto. Pero eso me hizo volver a leer a Octavio Paz y su Arco y la Lira, porque ahí recordé haber leído una anécdota y una cita que usó el nobel para describir cómo las naciones son hechos verbales y para ahondar en la importancia de la lengua:

“En el libro XIII de los Analectas, Tzu-Lu pregunta a Confucio: Si el duque de Wei te llamase para administrar su país ¿cuál sería tu primera medida? El maestro dijo: La reforma del lenguaje”, –y Paz continuó– no sabemos en dónde empieza el mal, si en las palabras o las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

9 comentarios

  1. Muy interesante , la palabra verdadero compromiso .PALABRA DE HONOR . hoy ???

  2. Pues si David hay cosas que no se pueden cambiar no porque no se puedan si no porque estamos la mayor parte del tiempo ocupados en otras cosas que puede ser el trabajo, una enfermedad una situación triste o un simple enojo o molestia de algo que no le gusta a uno como por ejemplo el diálogo en un hogar ya es nulo debido a que están más interesados en el celular o la tablet que en tener un diálogo de ver como té fué, que piensas de este o aquel acto, etc. Pero en fin veremos qué cambios hay más adelante. Saludos.

  3. El significado en las palabras podría ser como los teoremas en la geometría y curiosamente no solo se ha designificado a las palabras sino que la forma ha perdido su raíz en la arquitectura y las artes plásticas, generando una diversidad caótica al parecer para ambos casos, principalmente por la desconfianza que genera y segundo y más importante la falta de una identidad propia por falta de recursos, una construcción sobre la arena.

    • Rodrigo ¿será que el espíritu de nuestro tiempo está marcado por ese aliento superficial? Me haces pensar si eso está impreso en toda la actividad humana de la época y si lo que debemos de hacer es una profunda lucha por rescatar el construir sobre piedra. Abrazo

  4. Me gustó mucho tu artículo, David. Me recordó lo vivo que es el lenguaje y su poder de adaptación. Escuchar cómo se transforma en cuantos años es una experiencia interesante.

  5. RicardoVargas zepeda

    Nada más cierto, esto es lo que ocurre con el lenguaje matemático, las palabras se han corrompido y el pensamiento de muchos jóvenes estudiantes es titubeante.

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Sobre David Rettig

David Rettig
Estudió arqueología (ENAH), especializándose en Filosofía de la Ciencia (UNAM) y en prehistoria y evolución humana (Universidad de Ferrara- URV). Ha trabajado como profesor en México y ha sido investigador en sitios prehistóricos en México, Italia, España y Rusia. Apasionado por el comportamiento humano, David Rettig encontró un paralelo al estudiar y entender las tribus del pasado con las del presente. Le inquieta explicar nuestro comportamiento, entender lo que nos hace humanos y transformar a la sociedad. Es por eso que se autonombra arqueólogo de innovación en Mindcode. La empresa en donde hoy es socio y busca generar impacto, David ha realizado investigaciones enfocadas en generar estrategia de negocios e innovación durante los últimos 10 años y colaborado en más de 150 proyectos con marcas como Kimberly Clark, Metlife, ALSEA, Santander, Bimbo, Calimax, Grupo Posadas, Televisa, Deloitte, Samsung, Google y Facebook. Los proyectos que más le apasionan tienen una carga de responsabilidad social y de cambio cultural.