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Nostalgia por el prostíbulo como promotor musical

Dibujo del antiguo centro histórico, México (Tomado de: Más México).

viernes 19 de octubre de 2018

Un poco de antecedente antes de entrar en tema…

Los primeros prostíbulos en la Ciudad de México se establecieron ya entrado el siglo XVI en la calle de Mesones. Entonces el Virrey concedió en 1542 cuatro terrenos para que se pusieran con todas las de la ley cuatro casitas dedicadas a darle jiribilla al cuerpo.

Por orden real, estas casas debían poner en sus entradas una rama de árbol, con lo que se identificaba los servicios que ahí se daban. La costumbre era milenaria y de ahí deriva la palabra ramera, si bien los mexicanos, siempre duchos para la sugerencia estilizada, comenzaron a llamarlas, además de la palabra que empieza con “p” y termina con “a”, golfas, zorras, pulgas, pecatrices, busconas, prostibularias, pirujas, perdidas, ganfurronas, malmaridadas, cariñosas, meretrices, pupilas, mosconas, pelanduscas, huilas, changuitas y un eterno etcétera.

Como era de esperarse, el negocio de las trabajadoras en horizontal prosperó tanto que para el siglo XVIII la sociedad mojigata protestó por los desmesurados lujos de algunas de estas chicas. Así, “una ordenanza encaminada a distinguirlas de las personas de calidad les prohibió (a las prostitutas) usar vestidos de cola y andar por la calle con mozas que se las levantaran. Se les prohibió también usar tacones altos, arrodillarse sobre cojines durante la misa, así como lucir oro, perlas e seda, comenta el mejor cronista de México, Héctor de Mauleón.

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Mesón de la Nueva España (Dibujo tomado de: Más México).

En la segunda mitad del siglo XIX, además de las casas de cita, llegó al país el concepto del hotel, sitios más refinados y salubres que los mesones, que también comenzaron a ser usados para ir a destartalarle los resortes al colchón. Otra  modalidad creativa fue la de las carrozas “especiales” que iban de ida y regreso del zócalo a Chapultepec por la hora Reforma, suficiente tiempo para subirse, portarse mal y bajar a tiempo para la hora del chocolate en casa.

Fue en esta época que la prostitución por fin se reglamentó, cuando Maximiliano promulgó en 1865 un reglamento basado en el sistema francés con la intención de proteger la salud de sus soldados. Curiosamente este reglamento fue creado por Alexander Paret Duchâlet, un especialista en drenaje y alcantarillado, o sea que sabía bien del negocio. Con el reglamento se creó una oficina de Inspección de Sanidad, “centro administrativo dependiente del Consejo Superior de Salubridad, encargado de llevar el registro de las prostitutas que habitaban los burdeles, de las casas de cita y de asignación, además del cobro de impuestos fijados por el Estado para autorizar el ejercicio de la prostitución”, vuelve a comentar el cronista. La prostituta afiliada estregaba una fotografía al inspector de sanidad y podía ejercer con la condición de estar a cien metros a la redonda de cualquier escuela u hospital.

Llegado el siglo XX el asunto del puticlub ya estaba bien reglamentado y diseñado, aunque el gobierno dispuso que estuvieran en zonas de tolerancia específicas. Las había de primera, segunda y tercera clase.

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Fotografía de un prostíbulo del porfiriato (Tomada de: Youtube).

El tipo de clientela no cambió mucho los primeros cuarenta años. A los de primera y segunda asistían los burguesitos, la naciente élite revolucionaria, los militares y los leguleyos y burócratas del gobierno. A los de tercera el obrero, albañiles, el resto de la tropa y, por comodidad, el vecino. Para 1933 en la capital había novecientas “accesorias del amor” y más de dos mil seiscientas jubilosas trabajadoras.

En todo burdel se ofrecían bebidas alcohólicas y se escuchaba música. Y es aquí donde entramos en tema, pues para la primera mitad del siglo XX el prostíbulo, además de ser lugar de desfogues, también era un sitio donde se escuchaba música en vivo y de buena calidad. En él se promovieron muchas corrientes musicales del momento, como el bolero, el blues o el tango. Esto convirtió al congal en una alternativa de trabajo para el artista en desesperación, creando así el arquetipo del músico bonachón y trasnochado de ruda bohemia.

Para muchos músicos de la época estas casas fueron un refugio, un regazo inspiracional donde además de ganar un dinerito se fogueaban musicalmente, pues era una especie de laboratorio. Ahí probaban sus obras viendo la reacción del público. Por ejemplo, el primer trabajo de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, que tuvo cuando se vino a vivir con su joven familia de Orizaba a la capital, fue en un prostíbulo, La Primavera, donde se dio vuelo tocando lo aprendido en su estancia en New Orleans: foxtrots, swings, dixielands, valses, etcétera, pero también comenzó a enriquecer su repertorio con géneros y ritmos sudamericanos, cubanos y españoles, como el tango, chotis, habaneras, huapangos, sones y jotas que tan bien supo aplicar en sus canciones para niños, y no tan niños.

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Francisco Gabilondo Soler, «Cri-Cri» (Foto: Hipertextual).

Muchas famosas canciones salieron del prostíbulo y hoy identifican con nostalgia aquella época, por ejemplo:

Perdida te ha llamado la gente, sin saber que has sufrido con desesperación… canta el bolero de Chucho Navarro, interpretado por Los Panchos en el culebrón fílmico Perdida (1950), con una Ninón Sevilla derramando lágrima a cubeta llena. Mientras tanto, en escena las prostitutas esperan al cliente jugando dominó. La música las acompaña en su soledad de almas perdidas y les hace pasar el rato con dulce amargura, y entre acordes de piano y una voz nostálgica sus miradas se fijan en el pasado que duele y marchita.

Perdida, con Los Panchos.

El primer bolero de Agustín Lara, Imposible, nace en un prostíbulo. Situado en el número 74 de la zona roja llamada Cuauhtemotzin (2,300 m. de longitud), madame Margarita Pérez se apiada del Falco de Oro y lo deja tocar el piano, que está abandonado en un rincón: “…cambias tus besos por dinero, envenenando así mi corazón”.

Imposible, de Lara:

Burdeles como La Marquesa, La Francis o El Cinco Negro fueron hervideros de músicos talentosos que veían en el prostíbulo la antesala a una mejor vida artística. El cantante Daniel Santos (de la Sonora Matancera) se hace famoso con Virgen de Media Noche, bolero boricua con letra centrada en una linda y virginal, si esto puede suceder, meretriz.

Daniel Santos interpreta Virgen de media noche:

La Casa de la Bandida fue uno de los prostíbulos más populares en México durante décadas. Si el domicilio cambiaba, no así la calidad, ni la atención de sus damicelas. Ahí Marco Antonio Muñiz y Pepe Jara hacían dueto para complacer a la calenturienta audiencia durante un tiempo.

José José, antes de tocar en el Apache 14, se le encuentra cantando en La Bandida, aunque él no lo recuerda.

El mejor testimonio de un músico en congal se encuentra en la biografía El Andariego de Pepe Jara (Editorial Cal y Arena, México, 1998).

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

15 comentarios

  1. LUIS ENRIQUE AVILA GUZMAN

    Como siempre, buenísimo e interesante. Un abrazo Gerardo

  2. Ricardo Lopez Ruiz

    Excelente. bien escrito y claro.

  3. Gerardo Australia
    Gerardo Australia

    Mil gracias por leer, don Ricardo!!

  4. Alejandro Sánchez Dias

    Un fuerte abrazo mi querido Gerardo -Petus. Muy interesante artículo

  5. Excelente narracion, y un aporte enriquecedor de nuestra civilzacion.

  6. ANGELES VILLANUEVA

    Ah Gerardo!! que refrescante leerlo, hay varias vertientes para mí en su relato y todas me son muy gratas!

    La forma de relatar, es super buena, su toque juvenil y desenfado ni remotamente resta importancia, memoria e investigación a la historia que nos cuenta y, que cada uno a su modo recrea al ir leyéndole. «Curiosamente este reglamento fue creado por Alexander Paret Duchâlet, un especialista en drenaje y alcantarillado, o sea que sabía bien del negocio» comentarios sutiles y certeros como flecha, que le dan (para mí) calidad a la forma de escribir.

    Parece que es un solo relato y sin embargo es como morder una fruta con explosión de sabores, todos buenos, cada sabor una historia por sí misma completa, las personas y personajes dan para mucho, las corrientes musicales ufff!! ya ni se diga, la magia que existió alrededor de las letras de los boleros, tangos, etc… como bien lo dijo el cineasta Tarkovski, «También en la tragedia hay belleza».

    Los minutos que ocupo en leerle, me nutren! Gracias por ello Gerardo!

    • Gerardo Australia
      Gerardo Australia

      ¡Ah, Angeles, de veras aprecio mucho sus palabras!!…mil gracias por tomarse el tiempo de escribirme…
      Un saludo y abrazo cordial

  7. Oscar Gabilondo Vizcaino

    Genial mi estimado Gerardo, muy buena investigación. Grandiosas tus letras.

  8. Que delicia de artículo, como siempre los relatos de tus artículos son una especie de máquina del tiempo en la que nos trasladamos con la magia de la letra, a esos rincones de antaño en los que aprendemos más de nuestras raíces, de nuestra historia o simplemente nos enriquecen esa cultura general que tan olvidada está en las inquietas, pero no interesadas, nuevas generaciones.
    Felicidades Sr. Australia

    • Gerardo Australia
      Gerardo Australia

      Ah, mi querido Tony, gracias por leer y tomarte el tiempo de escribirme…eso motiva mucho y tienes razón en tu comentario…Un abrazo

  9. Gracias Gerardo.
    Muy interesante y ameno.
    No dejes de mandar tus siguientes trabajoz

  10. no entendí nada jajaja……felicidades mi querido y monstro mayor pajariux!!!¡¡

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Sobre Gerardo Australia

Gerardo Australia
Músico, escritor de divulgación histórica y compositor con estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México, en el Real Conservatorio de Madrid en España y en el Boston Conservatory en Estados Unidos. Ha conformado un repertorio con un amplio rango de géneros musicales que van desde letras pop como Tierra dorada (en coautoría con Memo Méndez Guiú), con Timbiriche, canciones de telenovela como Alcanzar una estrella, premio TVyNovelas a la Mejor Canción de 1992, y Muñecos de papel, interpretada entre otros por Ricky Martin, hasta proyectos alternativos como el primer cortometraje mexicano con animación en plastilina Sin sostén, el tema principal del programa Conversando con Cristina Pacheco, el documental 1910, La revolución espírita, acreedor al galardón Pantalla de Cristal a la Mejor Música, y los largometrajes Propiedad ajena (2007) y Gloria (2014). Como escritor colabora para los periódicos Reforma, Milenio Diario y La Jornada, así como para la revista Relatos e Historia en México y Replicante. Ha sido columnista de los portales Wikiméxico y SomosCultura. En 2015 Conaculta publicó su ensayo Francisco Gabilondo Soler: su obra y sus pasiones; una herencia para México, acercamiento sin precedente a la vida y obra del Grillito cantor Cri-Cri, mientras que en 2016 SACM le otorgó el reconocimiento Trayectoria por sus 25 años como compositor. También ha incursionado en el medio publicitario componiendo música para destacadas agencias en México y el extranjero tales como Mattel, Coca-Cola, Ford, Adidas, Cadbury, Bimbo, Budweiser, Kimberly-Clark, Nokia, Mars & Co., Corona y Volkswagen, entre muchas otras, trabajo gracias al cual ha sido acreedor —en México y Argentina— a premios como FIAP, BDA y Círculo Creativo. En 2008 fue comisionado para componer el himno y la melodía principal para el parque de diversiones Kidzania, temas que son escuchados en ciudades de 19 países tales como Japón, Dubai, Lisboa, Chile, Yakarta, Seúl e India. También a partir de este año realiza música original para los reportajes especiales del Teletón. Siempre involucrado y preocupado por una mejor música infantil mexicana, Gerardo Australia tiene más de 10 producciones para niños, con Editorial Trillas, que van desde ejercicios musicales sicomotrices hasta baladas tradicionales mexicanas, así como composiciones y producciones para artistas de gran tradición como Chabelo, para quien escribió canciones como Huarachón, Mi familia y Mi primo Johny, por mencionar algunas.