Home || Ciencia y tecnología || Conceptos de auto-referencia: yo, ego, self, alma

Conceptos de auto-referencia: yo, ego, self, alma

José Luis Díaz Gómez


Mente y Cuerpo

Imagen: cienciasenergeticas.com.

sábado 11 de mayo de 2019

Si bien la identidad personal parece ser clara y contundente en la conciencia de casi todos los humanos, se desdibuja al ser analizada. Como veremos en un momento, esta incertidumbre se trasluce en los conceptos de lo que es un ser humano o una persona para diversos sistemas de pensamiento, doctrinas filosóficas y aproximaciones académicas, cuyas definiciones difieren ampliamente o subrayan algunos aspectos en detrimento de otros. Todo ello sin tocar por ahora las narrativas de la literatura fantástica y la ciencia ficción sobre transferencias de la memoria o la personalidad a otros cuerpos, duplicaciones de la persona, conciencia en los robots, trasplantes de cerebro (que algunos consideran trasplantes de cuerpo, por ubicar en el cerebro a la identidad personal) y otras más que implican nociones muy distintas sobre la esencia de las personas.

Yo

Escultura con el pronombre en primera persona. ¿Qué significa la palabra “yo”? (Fuente: www.publicdomainpictures.net).

El “yo” como pronombre por el cual la persona se designa a sí misma ha sido un tema de reflexión desde Descartes, quien se preguntó: ¿qué es lo que soy yo?, para declarar decisivamente: yo soy algo que piensa, siente, desea, concibe o duda. Surge entonces una distinción entre el yo como posible objeto de una percepción interna y el yo como sujeto de actos mentales. La relación entre sujeto y objeto fue fundamental para la teoría del conocimiento de Kant, en el sentido que conocer sería una relación por la cual el sujeto aprehende e incorpora características de un objeto. El sujeto o el yo sería lo incondicionado en el saber humano y para Hegel se manifiesta como la simple certeza de uno mismo. Para estos pensadores clave de la filosofía occidental, el yo es un vínculo, sea del sujeto consigo mismo, con su cuerpo o con los objetos del mundo a través de la percepción y la acción.

En el modelo del “aparato” mental propuesto por Sigmund Freud, el Yo o el Ego corresponde a una conciencia personal explícita, sometida por un lado a impulsos instintivos e inconscientes del Ello o el id, y por el otro a las restricciones, modulaciones y normas del mundo cultural construidas como Superyó o superego. Freud subrayó las funciones del Ello y la problemática de adopción de las normas sociales por el Superyó, y puso menos énfasis en las funciones del yo consciente, entre las que destaca a la percepción, el procesamiento de información cognoscitiva como el razonamiento y la expresión de mecanismos de defensa. El mito griego de Narciso, el hermoso joven condenado a enamorarse de su imagen reflejada, pero sin reconocerse, ha sido usado desde Freud de varias maneras: para postular el origen del yo cuando el infante percibe su propia imagen, para conceptuar su reforzamiento patológico en el narcisismo, y para formular su adecuada resolución al transferirse la libido hacia otras figuras.

Narciso de Caravaggio.

Narciso de Caravaggio pintado hacia 1600. Narciso es un mito central para el psicoanálsis y una figura relevante al yo y la autoconciencia, porque el bello joven está condenado a enamorarse de su priopia imagen, pero sin reconocerse (Tomado de Wikimedia).

El discípulo disidente de Freud, Carl Gustav Jung, propuso una elaboración del yo consciente en varios niveles. El más básico es la experiencia vital, aquello que los sujetos sienten, piensan o desean; el siguiente corresponde a la instancia que detecta esos contenidos mentales: una conciencia de sí mismo. Además, postula un Self como el epicentro de la personalidad que trasciende al ego como arquetipo de la totalidad y centro regulador de la psique. En un ramal posterior de la escuela psicoanalítica, Heinz Kohut elaboró una psicología del Self, al cual plantea como la estructura de percepciones, imágenes o nociones que un individuo construye acerca de sí mismo y semeja la idea más actual de autoconciencia. Como sucede con la obra de William James, en las traducciones de las obras de Jung y de Kohut, suele emplearse la expresión “sí mismo” como el equivalente castellano del self, aunque esta no captura la noción de algo básico, central y específico como centro o núcleo de la persona, como mejor lo hace la palabra alma.

Self de Carl Jung.

El Self para Carl Jung es la totalidad del ser, representado aquí como el diagrama elemental de un mandala donde el yo sería el punto central y el self la totalidad del diagrama que abarca la mente y el cuerpo con una raíz universal para la especie humana (Tomado de Wikipedia).

Durante siglos el alma no se consideró equivalente de la psique, sino un principio irreductible e incorpóreo, una esencia inmortal y separable del cuerpo. El significado de alma o ánima inicialmente se conectó con el aliento, aquello que da vida y sensibilidad al cuerpo material y de esta manera difiere esencialmente del cuerpo. En el Fedro, Platón afirma que las cosas del mundo que requieren ser movidas por fuerzas externas son inanimadas, a diferencia de los cuerpos que se mueven por sí mismos y son animados, es decir, que tienen alma. Para Aristóteles el alma no es un motor inmaterial del cuerpo, sino su forma concebida no sólo por la apariencia visible, sino por el conjunto de acciones corporales, como sucede con la visión que es operación y función del ojo. San Agustín, en cambio, reafirma el sentido platónico del alma como la parte espiritual del ser humano manifiesta en su pensamiento, en particular en el pensar sobre uno mismo. Tambien Hegel consideró el alma como el grado más elevado de la conciencia, la conciencia de sí; aquella intimidad del ser humano que le permite reconocerse. Por su parte, Kant enfatizó a la conciencia moral como el elemento más trascendente del alma. Todos estos sentidos son necesarios para una concepción más acabada de la autoconciencia y volveremos sobre ellos intentando adaptarlos a una noción más naturalista.

Una crítica moderna al concepto tradicional de alma incorpórea fue elaborada por Gilbert Ryle, filósofo y lógico de Oxford, en su Concept of Mind de 1949, donde caracteriza gráficamente las nociones dualistas de psique y el cogito de Descartes como “el fantasma de la máquina.” Según Ryle se trata de un error lógico al considerar a las actividades psicológicas diferentes de la categoría a la que pertenecen, como afirmar que “la universidad” es algo distinto a los edificios, organismos, personas o principios que la constituyen. Sin embargo, el concepto global parece exceder a la suma de los componentes.

“A ghost in the neural network?"

La imagen de un ojo emerge de un numeroso conjunto de imágenes individuales, lo cual podría sugerir que el Yo, el sujeto u observador podría surgir en forma natural de la estructura de una serie de funciones y datos neurocognoscitivos de un individuo
(Tomado del artículo “A ghost in the neural network?”, de Phil Madgwick).

Algunos teólogos o pensadores teístas de la segunda mitad del siglo XX ya no consideran un alma separada del cuerpo. Por ejemplo, el fenomenólogo y teólogo donostiarra Xavier Zubiri piensa que es posible y deseable mantener el concepto de alma, pero que esta se encuentra unida al cuerpo y fenece con él: “yo soy un cuerpo personal, una persona corporal.” Por su parte, el ex monje y psicoterapeuta Thomas Moore, autor del conocido texto Cuidado del alma, afirma que el alma no es una cosa o una sustancia, sino la cualidad o dimensión de experimentar la vida y a nosotros mismos en términos de profundidad y trascendencia, de los valores morales y las relaciones con otros. La neurociencia moderna podría aceptar una noción de alma como la facultad unificada del cerebro y del organismo entero para ejecutar procesos fisiológicos y psicológicos que le permiten disfrutar de una representación de sí mismos en relación con los demás y con su entorno. Pero esto no significa que la autoconciencia sea plenamente reducible a funciones cerebrales, como veremos repetidamente.

Los conceptos que hemos revisado tienen significados definibles y, empleados con sentidos específicos, es factible integrarlos a las funciones de la autoconciencia que construiremos en los capítulos venideros.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Tu opinión es importante

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Sobre José Luis Díaz Gómez

José Luis Díaz Gómez
Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1967 con una tesis dirigida por el Prof. Dionisio Nieto quien fue su principal maestro. En esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador de tiempo completo que continúa. A principios de los años 70 amplió su entrenamiento como investigador asociado en los Laboratorios de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts en Boston, E.U.A a cargo del Prof. Seymour S. Kety. Se ha dedicado a la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Sus estudios han incluido la interdisciplinariedad: la neuroquímica, la psicofarmacología, el problema mente-cuerpo, la naturaleza de la conciencia, las emociones y la epistemología. Es investigador titular “C” en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM. Pertenece a la Academia Mexicana de la Lengua, electo desde el 2013, para ocupar la silla VI.