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Microfranquicias, una opción real de desarrollo

Mauricio Jalife Daher


Derechos Reservados


viernes 22 de febrero de 2019

Como consecuencia del creciente prestigio que los microcréditos han cobrado en el mundo, especialmente a partir de la asignación del Premio Nobel a Muhammad Yunus en 2006, parece ahora tocar su turno a las llamadas microfranquicias, que en palabras cortas son esquemas simples de negocio de bajo costo, replicables por sectores sociales normalmente alejados de este tipo de iniciativas empresariales.

Hay que recordar que los microcréditos, desde 2005, representan un rubro relevante en casi cualquier iniciativa orientada a proveer servicios y recursos a la llamada “base de la pirámide”, superando significativamente los tradicionales modelos de gestión de subsidios que los gobiernos patrocinan. Son mecanismos autosustentables, escalables, y que colaboran en la eliminación de la marginación que suponen los sistemas bancarios convencionales. Éste es el punto en el que las microfranquicias mutan para convertirse en franquicias sociales.

Muhammad Yunus

Muhammad Yunus (Fuente: El Confidencial).

La experiencia del Grameen Bank, construyó una nueva visión de la función bancaria en países con baja bancarización, alcanzando tasas de recuperación especialmente elevadas y sanas. Sin embargo, Yunus detectó que muchas veces los recursos financiados a una persona, destinados al desarrollo de algún proyecto económico, se perdían por falta de los soportes empresariales mínimos: plan de negocio, capacitación, know how, marca, y especialmente, acceso a los beneficios que brindan las redes de negocios.

La problemática que las microfranquicias pretenden resolver es la consistente en que, muchas veces, no basta acercar recursos a la población no bancarizada, sino proveerles de sistemas empresariales que les permitan desarrollar una actividad comercial sustentable; esto es, adoptar un esquema que no sólo les conduzca a pagar el crédito inicial, sino permitirles insertarse en circuitos productivos que incrementen su nivel de vida. Las microfranquicias empiezan a ser consideradas, en el mundo, como una de las mejores opciones para dotar a la población de capacitación, recursos, información y respaldo empresarial, logrando que el propio sistema impulse el crecimiento de la cadena y su mantenimiento.

Un ejemplo ampliamente citado por su nivel de éxito, que ilustra bien el amplio espectro que este tipo de proyectos pueden alcanzar, es el de los técnicos optometristas de Bangladesh, que son capacitados para poder brindar servicios ambulatorios para diagnosticar problemas de visión, empleando un equipo diseñado para ser transportado en un portafolio. El franquiciatario adquiere con el crédito el equipo y recibe capacitación, además de ser afiliado a la red que le da acceso a soporte técnico y comercial. Una vez que los pedidos son recibidos, se centraliza la manufactura para regresar los lentes al franquiciatario, quien los hace finalmente llegar a los usuarios finales. Este modelo permite, entre otros beneficios, llegar a comunidades muy alejadas de servicios médicos, dotando a muchos viejos y niños de su primer par de lentes a lo largo de su vida.

microfranquicias

En esta lógica, los ensayos desarrollados en Asia y África están demostrando que microfranquicias de este tipo, con inversiones entre 100 y 3,000 dólares, no sólo sirven como destino de los microcréditos, sino que crean puestos de trabajo más allá de lo estrictamente manual, convirtiéndose en un poderoso factor para la eliminación de la pobreza. Por los efectos positivos que generan en el entramado colectivo, los observadores de estos procesos empiezan a llamar a este tipo de inversiones como “socialmente rentables”.

Ejemplos los hay de todo tipo, desde escuelas de matemáticas para niños o productores de leche para yogur, hasta quioscos para acceso a Internet o servicios de guías de turismo. Así como Oxxo ha demostrado que un modelo incluyente, que considere la participación del abarrotero que tradicionalmente atendía una zona es un factor de éxito esencial en la operación de un negocio en ese segmento, es obligado repensar las formas y maneras en las que en el futuro podremos unir los extremos más apartados de la cadena.

Estos casos permiten dimensionar que los esfuerzos por recurrir e implementar modelos de microfranquicias, no tienen que abarcar instancias amplias del gobierno federal, sino que los esfuerzos pueden dirigirse a regiones o industrias específicas. Otra de las bondades de esta herramienta es que permite una vinculación productiva poderosa entre la iniciativa privada de orientación empresarial, las instancias oficiales que tienen en el desarrollo social su razón de ser, y amplios sectores sociales alejados de este tipo de iniciativas.

El gobierno federal no ha hecho referencia alguna al tema del combate a la informalidad, mandando el mensaje de que existe tolerancia para ese sector, formado por más de 30 millones de mexicanos, que operan fuera de la economía formal. Acercar modelos de negocio de estas características a la informalidad, es una manera muy práctica de ganar terreno a ese comercio improvisado para revertirlo hacia cadenas estructuradas, en las que el pago de impuestos y temas de seguridad social sean beneficios paralelos de la mayor relevancia.

Para el nuevo gobierno federal, la posibilidad de llevar franquicias sociales a comunidades en el país que están “fuera del radar”, es una oportunidad excelente para reconstruir parte de la urdimbre social que se ha resquebrajado entre el olvido y la criminalidad, y de permitir que, desde lo empresarial, puedan generarse beneficios propios de las cadenas que agregan valor.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Mauricio Jalife Daher

Mauricio Jalife Daher
Doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, Especialista en Propiedad Intelectual por la Universidad Panamericana, Catedrático de la materia en la Universidad Panamericana, IPIDEC, ITAM, TEC de Monterrey y UNAM; socio fundador de Jalife-Caballero, firma especializada en Marcas y Derechos de Autor desde hace 28 años, autor de 6 libros y más de 300 artículos, Árbitro por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, columnista de El Financiero desde 1992, Mundo Ejecutivo, Pymes y diversas revistas de México y el extranjero. Mentor Endeavor y consejero editorial de la revista Mundo del Abogado.