Secretos y Tratados de Libre Comercio (TLC’s)

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Es paradójico que en el siglo XXI sea difícil asegurar que existe un libre comercio global. La histórica disputa entre Estados por materias primas, mercados, rutas, menores costos de producción y mano de obra casi regalada, se ha intentado zanjar con instituciones que regulen y promuevan el libre intercambio de bienes y servicios como la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y la Organización Mundial de Comercio. No obstante, hace 55 años ‒desde febrero de 1962‒, Estados Unidos bloquea todo comercio con Cuba y hace unas semanas la Unión Europea (UE) impuso nuevas sanciones comerciales a Rusia. Además, las restricciones contra Irán que Obama comenzó a relajar fueron reforzadas por Donald John Trump, quien también arrinconó a México con la renegociación de facto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Tras esos vuelcos, lejos del escrutinio público, está el fortalecimiento de las corporaciones mediante fusiones multimillonarias (vrg.: Monsanto –el mayor productor mundial de organismos genéticamente modificados‒ y el gigante químico-farmacéutico Bayer), que concretan monopolios y aumentan su poder. Son ellas las beneficiarias de los pactos de “libre comercio” (TLC’s) y Alianzas de Asociación Estratégica binacionales y regionales, que eventualmente traspasan el ámbito económico-comercial y trascienden hasta lo político-social (pues abarcan energía, telecomunicaciones, normas laborales, patentes, salud –temas de bioética y genética‒, agricultura, entre otros).

Los detractores de esos acuerdos denuncian la injerencia de esas corporaciones en la política interna de los Estados miembros, su secretismo y competencia desleal con la producción nacional. Afirman que el miembro más vulnerable de la alianza aumenta sus importaciones –no siempre por bienes de buena calidad‒ y desmantela su planta productiva.

Líderes de los países brics
Líderes de los países BRICS.

Para romper esa estructura corporativa desigual, ha surgido una red de alternativas multipolares con iniciativas que desafían la inequidad del “libre mercado”, acordes a historia y naturaleza de sus respectivas regiones. Y ahí están: el proyecto de integración económico-comercial-financiera del Mercado Común del Sur (Mercosur), el intercambio comercial-bancario entre las economías emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), así como el bloque euroasiático que lideran China y Rusia. Esas visiones coinciden en que bajo el modelo neoliberal el comercio sólo es garante de los oligopolios, de sus leyes y tribunales extraterritoriales. Es decir, se impide todo intercambio equitativo y, por ende, la esencia de las relaciones internacionales.

México es el país con más TLC’s firmados (40), con regiones y países del mundo sólo entre 1994 y 2015. Para los expertos, el peor es el firmado con Israel pues apenas se exporta 0.03 y recibe de los hebreos una marginal inversión extranjera directa. En su balance los críticos del TLCAN ven a un México desindustrializado, con un sector rural desmantelado, acentuada dependencia alimentaria, dominio extranjero en el sector agropecuario, sin autonomía tecnológica, alto desempleo y bajísimo crecimiento. Para sus defensores, ese pacto ha aumentado la capacidad exportadora del país en el sector minero, automotriz, abarrotes (cerveza y tequila) y textil. La exportación agropecuaria supera a la energética; al menos en 2016 la venta de aguacate fresco generó más divisas ‒2,227 millones de dólares‒ que la de petróleo ‒17,491 millones de dólares‒, según cifras del Sistema de Información Arancelaria. En cambio, el bimestre mayo-junio fue el más alto en precio del aguacate al consumidor mexicano: 80 pesos el kilo.

TLC-Mexico-Israel

A fines de junio, en The New York Times, Clifford Krauss y Azam Ahmed advertían que la ruptura del TLCAN causaría “una catástrofe en el mercado energético”. Y es que pese a ser productor de ese energético, México tiene gran dependencia del suministro de gas natural desde Estados Unidos. Algo está mal cuando la economía de un Estado se sustenta en la exportación de sus recursos estratégicos, materias primas y alimentos mientras importa bienes producidos a partir de sus exportaciones. Es un error de cálculo, que ya impacta en la estructura político-social del Estado, propiciar el desabasto interno y renunciar a una planta industrial que impulse el desarrollo.

También se cuestiona el secretismo que rodea a los TLC’s. Cabe citar que en los últimos tres días de junio hubo audiencias en Estados Unidos sobre la reforma al TLCAN con respecto a México. Ahí, empresas, ciudadanos, legisladores y grupos de presión (lobbies) presentaron sus principales puntos de interés a renegociar. En contraste, no sería aventurado afirmar que la mayoría de mexicanos carece de información veraz y suficiente de los puntos rojos y aspectos cruciales de esa renegociación. Mientras la élite político-empresarial defiende sus intereses en el diálogo bilateral, a millones de ciudadanos se les escatima el derecho a la información sobre ese proceso que habrá de definir su porvenir en el futuro cercano. Eso, estimados lectores, también es geopolítica.

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juan gonzález bravo

Sorprendido con esta abrumadora visión de nuestra economía

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