La teoría cavitaria: la mente en las cavidades del seso

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La ciudad de Alejandría, fundada en la desembocadura del Nilo por Alejandro Magno en 330 a.C., fue regida hasta la era cristiana por la dinastía de los Ptolomeo, mecenas de artes y ciencias que lograron el mayor repositorio de libros en la antigüedad en su mítica biblioteca. Su escuela médica recibió influencia de Egipto, donde se había perfeccionado el fúnebre arte de la momificación, dando así mayor acceso a la anatomía del cuerpo humano que al norte del Mar Mediterráneo. Las momias sobrevivientes revelan que los egipcios no consideraban al cerebro el fundamento de la mente, sino al corazón, como sucedía en múltiples culturas antiguas y con el propio Aristóteles. Es así que, durante la momificación, los embalsamadores atesoraban al corazón en medio del tórax, guardaban las vísceras importantes en vasijas funerarias y sin miramientos extraían el cerebro por las narices.

Cuando los médicos Herófilo y Erasístrato llegaron a Alejandría hacia 290 a.C., no sólo aprovecharon los conocimientos egipcios, sino que sentaron las bases de la anatomía humana al realizar numerosas disecciones en cadáveres. Al escudriñar el interior del cuerpo y constatar que los nervios convergen en el cerebro, Herófilo de Calcedonia (335-280 a.C.), llamado el primer anatomista de la historia, dedujo que este era el órgano de las actividades mentales y el mando de las acciones corporales. Por su parte, Erasístrsto de Ceos (304-250) especuló que el pneuma, el principio aéreo de Anaxímenes, corre por las arterias hasta llegar al cerebro, donde origina el pensamiento y los movimientos del cuerpo. Estos dos pioneros de la anatomía destacaron la presencia de ventrículos en el cerebro y consideraron que en esas cavidades anegadas de un diáfano líquido que hoy llamamos cefalorraquídeo tendrían lugar las operaciones mentales, pues por este fluido podría circular el pneuma, sustancia “muy fina” y de “naturaleza sutil” para dar origen a la conciencia. Tal fue el origen de la teoría cavitaria.

Adoptada y expandida por el célebre Galeno de Pérgamo (120-200), uno de los personajes claves en la historia de la medicina, la teoría cavitaria cundió y prevaleció por siglos en Europa, Bizancio y la medicina islámica. La teoría se enseña en obras tan fundamentales como el Canon del gran médico persa Ibn Sinna, llamado Avicena (987-1037). La teoría resultó convincente por conjugar la mente con el cerebro en el sentido de empatar la organización de la psique con las incipientes observaciones anatómicas del cerebro. Por una parte, los clásicos reconocían tres sentidos internos de la mente humana, la imaginación, el intelecto y la memoria, y por otra Galeno localizó estas funciones mentales en los ventrículos cerebrales anterior, medio y posterior, respectivamente. La discusión del tema fue tan larga y detallada que al menos 60 localizaciones ventriculares fueron propuestas por médicos y eruditos medioevales.

Galeno, mente y cuerpo
Galeno de Pérgamo (130-210). Litografía de P. R Vignéron.

La ubicación anatómica de las facultades mentales incluía con frecuencia nociones del mecanismo fisiológico requerido. Éste era puramente especulativo por no haber indicadores funcionales de la actividad nerviosa, lo cual llevó a suponer, equivocadamente, que los ventrículos eran responsables de la actividad mental y no el tejido cerebral. De esta manera, Galeno propuso que el pneuma fluía por los nervios desde los órganos de los sentidos, como el ojo o el oído, hasta mover al de los ventrículos anteriores del cerebro y así integrar las sensaciones. El mismo principio se pondría en circulación desde los ventrículos posteriores hasta llegar a través de los nervios a los músculos y ponerlos en acción.

Según Galeno el pneuma correspondería a los “espíritus animales” los cuales, según la explicación neo-platónica, tendrían su sede en el cerebro y se encargarían de las facultades mentales. Como veremos, los “espíritus animales” permanecieron como responsables de las actividades mentales y la acción voluntaria hasta Descartes en el siglo XVII. Fueron cuestionados por los primeros neuroanatomistas, como Thomas Willis en ese mismo siglo, y finalmente descartados por la excitabilidad eléctrica del tejido nervioso descubierta por Galvani a finales del XVIII.

En pleno Renacimiento, Leonardo da Vinci (1452-1519) plasmó la teoría cavitaria en su diagrama de una cabeza humana vista lateralmente, pues las tres ámpulas en secuencia corresponden a los ventrículos. El hecho de que este genio de tan amplio espectro la haya asumido verídica, a pesar de haber realizado disecciones en cadáveres, implica que no disecó el cerebro o bien que una teoría tan arraigada puede pesar más que la observación, aún en las mejores mentes.

Un diagrama esmerado y primoroso de la teoría cavitaria es obra del médico, ocultista y místico inglés Robert Fludd (1574-1637) y data de 1616, cuando la doctrina llegaba a sus últimas y más elaboradas expresiones. A la izquierda, frente al rostro del personaje, está el mundo material y sensible en forma de cinco círculos concéntricos en relación causal con los cinco sentidos que captan los estímulos provenientes del entorno físico. Mediante los sentidos y el movimiento de los espíritus animales, este mundo es representado (“imaginado” en los términos de la época) en la primera cavidad o ventrículo anterior del cerebro. Una vez integrada en el ventrículo anterior, la imagen o representación del mundo es transportada a la segunda cavidad o ventrículo medio del cerebro donde el juicio y la potencia cognoscitiva lo asimilan mediante conceptos. En el diagrama destaca que a este mismo ventrículo central desciende desde lo alto el mundo sobrenatural del intelecto divino que permite al ser humano una intuición de orden superior, lo cual es una inferencia diáfanamente platónica. Finalmente, una vez realizado el proceso privilegiado de intelección, el influjo del pensamiento pasa al ventrículo o cavidad posterior del cerebro donde están la memoria y las capacidades de movimiento. En esta oquedad, los juicios y decisiones pueden transformarse en actos y movimientos del cuerpo fluyendo hacia abajo por el canal de la médula espinal.

Robert Fludd, mente y cuerpo
Diagrama de Robert Fludd titulado De triplici animae in corpore visione (1619) en: Utriusque cosmi maioris scilicet et minoris […] historia, tomus II, tractatus I, sectio I, liber X.
Desde el periodo previo al Renacimiento tuvo una enorme importancia la memoria, considerada la madre de las musas. El arte de la memoria fue un conjunto de técnicas cada vez más refinadas para dilatar la capacidad mnemónica con la idea de la que la memoria, ubicada en el ventrículo posterior del cerebro, tiene un orden estructural que es posible mejorar indefinidamente mediante la asociación de imágenes mentales con hechos o eventos concretos que de esta manera pueden ser almacenados y recordados con mayor fidelidad.

Se podría considerar que estas correlaciones mente-cerebro fueron los primeros barruntos para encontrar los fundamentos fisiológicos y particularmente nerviosos de las actividades mentales y motoras. Ahora bien, la teoría cavitaria no sólo es una noción anatómica y fisiológica de la relación mente-cerebro, sino un elaborado sistema mágico y simbólico. En ese mismo sentido se puede analizar el papel del corazón en las funciones mentales que se esboza más adelante.

En el próximo inciso veremos cómo el Renacimiento constituye un parteaguas del conocimiento, en particular del problema mente-cuerpo aquí reconsiderado.

Los contenidos de la columna Mente y Cuerpo forman parte del próximo libro del autor. Copyright © (Todos los Derechos Reservados).
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