Orozco Park

El sueño cumplido

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“Los dioses nos atemorizan cuando cumplen nuestras necias plegarias”, dice Nietzsche que ésa es su venganza. El terror es porque significa que nos escuchan y es preocupante pensar que algo tan grande se ocupe de nuestras humanas obsesiones. Los dioses escuchan al poder, le consienten sus caprichos, lo hemos comprobado, iniciamos con la austeridad como guía redentora de los pecados del despilfarro, y eso se prolongó al concepto de “cultura y arte para el pueblo” o los creyentes, entonces la cultura se empobreció: se acabaron las exposiciones con obras de otros museos del mundo; se cancelaron los ballets, conciertos y las funciones de ópera con artistas internacionales de la música clásica; el Festival Internacional Cervantino se redujo a un festival de cine y talleres de reggaetón y graffiti, se debería llamar “Festival Popular Cervantino”.

Llegaron a la conclusión de que el pueblo no merece los lujos de grandes exposiciones ni espectáculos artísticos, no, el pueblo merece pobreza cultural, que eso purifica el alma, nos hace más sencillos y menos pretenciosos. La pandemia consagra esas decisiones, y cumple el sueño de esta administración cultural, todos los museos, los teatros, las actividades, todo está detenido. El ahorro es fenomenal, el pueblo no está recibiendo las malas influencias del arte y la cultura que lo vuelven contestario y lo orillan a cuestionar la realidad. El virus de la austeridad se unió al virus de la pandemia, una pareja perfecta.

Zdzisław Beksiński
“Sin título” del pintor polaco Zdzisław Beksiński (1929-2005).

Pensemos en el día después, cuando la emergencia sanitaria termine, ¿van a volver a abrir los teatros, escuelas de arte y museos? ¿La cultura va a entrar en un grado de pauperización más grave? ¿Los museos serán centros de proselitismo? Ahorran en el arte y cultura porque los consideran no esenciales, son gastos superfluos, vanidad que nos aleja de la senda de la bondad. Los dioses que cuidan del poder han sido muy hábiles, la crisis económica por la pandemia va a hacer más daño que la enfermedad, a los Jinetes del Apocalipsis se unirá uno más, que cabalgará junto del hambre y la peste, será la ignorancia, que triunfante mostrará su estandarte. Los recintos abandonados pueden tener usos más “populares”, como en el Museo del Barroco en Puebla, que montaron un tianguis, cancelaron exposiciones, y llevaron un ring de lucha libre con luchadores y demás, porque eso le “gusta al pueblo”.

En un derroche de incongruencia se gastan 1,000 millones en el “Orozco Park”, que servirá sólo a la Ciudad de México, y por supuesto en el agujero negro que es PEMEX, es decir, farolazos y nada de cultura. El arte “elitista” se cambia por acciones proselitistas, la fe es más importante que el conocimiento. Revelen la verdad, el último mandamiento será: la ignorancia los hará felices. El amor que el poder tiene por el pueblo es peor que el odio por sus enemigos. El pueblo ignorante es más leal que el sabio.

La Catedral espera su tragedia

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La fe construye al arte sacro, es la fuerza que levanta las cúpulas y que hace interminables las columnas que las sostiene. Ken Follett escribió un pequeño libro sobre Notre Dame, basado en su novela Los Pilares de la Tierra, con la finalidad de donar las regalías para su reconstrucción. En la investigación para escribir este libro conoció las grandes catedrales de Europa, en todas recuerda cómo los trabajadores dejaban en el interior de sus torres, basura, restos de materiales de reparación y colillas de cigarros, y pensaba que esos desperdicios un día provocarían una desgracia.

Las catedrales antiguas son obras de arte en sí mismas, cada fragmento está realizado por artistas y artesanos, las esculturas y capiteles, los murales y pinturas de los altares. La obra no concluye con el edificio, le mandan escribir música coral y conciertos, por eso en su corazón habita un órgano que se fabrica especialmente para cada recinto, la atmósfera es una obra de arte, lo que se escucha y vemos, la luz del sol que se filtra por los vitrales de colores, y entendemos que el camino del misticismo inicia en los sentidos. La Catedral de Notre Dame fue incendiada por la negligencia y la irresponsabilidad humana, es una pérdida irreparable para la Historia del Arte, hoy no existe esa decisión de construir la devoción en la Tierra, y la devoción al arte.

La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México está esperando su propia tragedia, no vivimos tiempos de fe, el revanchismo no da espacio ni para el arte ni para la protección de obras maestras irrepetibles. Desde la plaza del Zócalo se ven las grandes ramas que crecen encima de las cúpulas, que están rompiendo las estructuras, el despedazamiento de las piedras de sus torres, las ventanas arqueológicas del piso están invadidas por vegetación. ¿Qué están esperando para reparar ese daño? Si esto está así es porque el interior debe ser más grave. La pérdida de Notre Dame le enseñó al mundo que el arte verdadero es insustituible, que no se hace con tecnología, se hace con la voluntad humana, cuando hicieron estas catedrales había voluntad de hacer arte, ahora hay voluntad de hacer dinero, de pagar arquitectos estrambóticos que no piensan en la misión del recinto, piensan en hacer negocio con materiales y constructoras.

Las cúpulas, ese milagro de la arquitectura, fueron verdaderos experimentos científicos, los antiguos arquitectos se arriesgaban con un ejército de trabajadores, para levantar aún más alto esas bóvedas que concentrarían un fragmento de la divinidad. Es inconcebible que una obra como nuestra catedral padezca ese deterioro y ese abandono. Si en esta época no pueden hacer bien un centro comercial y las obras públicas quedan a la medida de la mediocridad imperante, qué van a hacer si esta catedral se viene abajo, no hay elementos humanos ni tecnológicos para reconstruirla.

El abandono de estas obras es consecuencia del desprecio generalizado que hay por el arte y la cultura, creen que son un lujo prescindible y quedan fuera de la agenda política. De esos miles de millones que van a gastar en el Orozco Park, podrían destinar un poco para reparar la Catedral Metropolitana, que es más valiosa que todo ese proyecto.

No les paguen

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La Historia del Arte es la historia de la precariedad, los seres humanos somos capaces de realizar miles de labores distintas para ganarnos el jornal, y de todas ellas la única que tiene que dar explicaciones de por qué necesitan un pago, son las relacionadas con el arte y la cultura.

Los artistas contratados por la Secretaría de Cultura para el mesiánico proyecto de Cultura Comunitaria, exigieron sus pagos atrasados con protestas y pancartas. ¡Cómo se atreven! ¿Después de siglos de existencia del arte no han aprendido que esto no se paga? Nuestros funcionarios y el público en general lo saben perfectamente, por eso cada vez que le solicitan un curso, una conferencia o lo que sea, la primera pregunta es “¿entonces si cobras?”. Y la segunda es “¿Y cuánto, para ver si hay recurso?”. Porque en esta época el dinero ya no se llama así, se llama “recurso” y la comunidad artística se supone que vive de sus recursos creativos y emocionales, no de dinero. La Secretaría de Cultura hace bien en no pagar, que mantenga esta centenaria costumbre, porque es evidente que la mayoría de sus “recursos” son necesarios para alimentar y pagar a los centenares de burócratas que viven del arte y la cultura a través de esa Secretaría. En el aparato Estatal de cultura todos merecen ganar su sueldo, menos los que producen cultura, esos, que vivan de la inspiración, que para eso tienen sensibilidad y talento.

Secretaria de cultura
Fotografía: Reforma.

La bondadosa incitativa pretende llevar el arte a las comunidades más desprotegidas y no se han enterado que entre ellas están los teatreros, los bailarines, los músicos y los pintores; los poetas no cuentan porque ellos son bohemios, esas comunidades artísticas sí están en el abandono, pero los importantes son los que dirigen las direcciones y las subdirecciones, los que firman papeles, los que tramitan oficios, hacen llamadas y cancelan citas, los burócratas asalariados con prestaciones y seguros. Los artistas eligieron la vida en libertad y el establishment se los recuerda, y cuando quieren ganar un sueldo se sorprenden “¿eres un ser humano con necesidades? Nunca lo hubiera imaginado”.

La Secretaría de Cultura emplea todos sus “recursos” para el proyecto del Parque de Gabriel Orozco, Orozco Park, que está costando una fortuna; va a beneficiar sólo a los habitantes de la CDMX y es más prioritario que proveer a los museos del país, pagar nóminas de artistas y otras superficialidades.

Analizando la situación, el arte y la cultura son tan irrelevantes en esta época, que no debería existir una Secretaría de Cultura, porque si la comunidad cultural, los museos, las compañías de danza, las de teatro, los músicos, no merecen apoyo logístico ni financiación, entonces ¿para qué necesitan un mega aparato de administración? Desaparezcan a toda la Secretaría, cierren museos, cancelen teatros, y el ahorro va a ser fenomenal, imaginen cuánta abundancia, pueden hacer un Disneyland dentro del Orozco Park, y vender los boletos carísimos, algo que de riqueza, no como el arte, que sólo alimenta a la inteligencia y el espíritu.


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