De visita en el jardín de un artista. Monet y los nenúfares

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El artista francés Claude Monet trabajó en un gran proyecto durante los últimos años de su vida: recrear el jardín de su casa en una obra de arte. Lo consiguió y hoy tenemos oportunidad de visitarlo, de forma virtual, como parte de la colección del Museo de L’Orangerie, en París, Francia.

Se considera que son tres, los momentos más importantes en la pintura europea del siglo XIX, que provocaron un cambio revolucionario en la expresión artística cuyo influjo se observa hasta nuestros días.

Primero, el romanticismo que bajo el postulado de expresar la manière de sentir –en palabras de Baudelaire–, nos brindó una serie de posibilidades antes poco consideradas; en especial, la nostalgia y la melancolía.

Segundo, el realismo de Gustave Courbet quien en la representación de lo verdadero (que no involucró lo necesariamente bello), abrió el panorama de la temática del arte a escenas cotidianas (si bien, un siglo antes, el barroco con su costumbrismo ya había andado por ese camino).

Y, por último, el impresionismo que abrió la puerta al arte moderno y cambió la forma de pintar hasta ese momento. ¿Cómo lo hicieron? El artista se trasladó al lugar de representación del objeto mismo, es decir, salió de su taller y se dedicó a plasmar, a partir de una pincelada suelta (otra innovación), numerosos paisajes, personas y todo aquello que veía a su alrededor. Si bien continuó la línea del arte figurativo, rompió con los cánones establecidos hasta ese momento, a partir de forjar acentuados contrastes de luz y procurar mayor importancia al color sobre la forma.

Claude Monet y nenufares
Claude Monet, pintor francés y uno de los creadores del impresionismo (Fotografía y retocado: Dana Keller).

Monet fue uno de sus artífices, junto con Manet, Renoir y Degas. Cuatro hombres que cambiaron la visión del arte hasta ese momento. Célebres fueron las exposiciones impresionistas en París, entre 1774 y 1886. Hacia principios del siglo XX, el entusiasmo por este grupo disminuyó. Sin embargo, su influencia permanecería por siempre.

En 1918, el jefe de gobierno Georges Clemenceau, convenció a su amigo Monet de donar algunos cuadros para el gobierno francés. En especial, dos lienzos de una serie que se convertirá en la nombrada “Capilla Sixtina del impresionismo”. El artista, años atrás, había comprado una casa en Giverny, un pequeño poblado a las orillas del río Sena, en la región de Normandía. Sauces, álamos y nenúfares rodeaban lo que se conoce como el Jardín de agua del artista. El propio pintor se encargó del cuidado del mismo y lo complementó con un “puente japonés” que también representó en varias de sus obras.

Ocho lienzos en 22 paneles curvos, de casi dos metros de altura, conformaron su programa que pintó entre 1895 y 1926, un año antes de su muerte. Los también llamados Water Lilies o Nymphéas fueron instalados en un nuevo museo que se había construido en la parte de un invernadero con árboles de naranjos (de ahí su nombre) en un extremo del jardín de las Tullerías. Monet ya no alcanzó a ver el proyecto concluido. La idea original fue que el espectador pudiera adentrarse a su jardín, de ahí que su petición principal para la museografía fue que estuvieran dispuestos en forma de rotonda. Así el público podría disfrutar de ese lugar que tantas veces contempló y que incluso se encargó de embellecerlo.

Al inicio, el resultado fue poco comprendido pues el concepto de obra completa no existía. Los paneles mostraban los sauces llorones –como también se conocen en México–, pero no completos además de que se fundían con el agua y las flores de múltiples colores. No mostraban un panorama horizontal sino partes fragmentadas que uno iría completando en la mente. Los críticos señalaban que se había olvidado de pintar “los bordes” del cuadro. En realidad, y esa es una de las maravillas del sitio, la intención del creador fue precisamente eso. Que no sintiéramos que había una terminación, sino que tuviéramos la sensación de estar inmersos en ella. Y lo consiguió.

monet nenufares
Japanese Footbridge Giverny. 1895. Museo Metropolitano de Nueva York, Estados Unidos.

Entre 2000 y 2006, el Museo de L’Orangerie fue remodelado arquitectónicamente. Una parte fue demolida, se agregó un espacio subterráneo para la colección Walter-Guillaume que completa el acervo del recinto y se diseñaron dos salas de planta elíptica donde se colocaron los distintos paneles de Monet. El nuevo recinto recibe con un letrero que invita a hablar en voz baja. Como si entráramos a un templo del arte.

Todas las obras reciben el nombre inicial de “Las ninfeas (o nenúfares). Estudio de agua” y el artista los captó en distintos momentos del día y posiciones, como también fue costumbre en los artistas impresionistas. El color se veía distinto a distintas horas y ésa era parte de la búsqueda pictórica.

Cuatro en cada sala. En la primera: “sol poniente”, “las nubes”, “reflejos verdes” y “la mañana número 1”. En la segunda: “los dos sauces”, “la mañana número 2”, “reflejos de árboles” y “la mañana con sauces”.

Se puede ver tanto en un dispositivo electrónico como en la computadora; se puede seguir el plano de la planta u ocultarlo para ir directo a las salas. Las flechas nos permiten recorrer la sala e incluso acercarnos a algunos detalles. Disfruta de una de las grandes obras del impresionismo y de un bellísimo estanque y jardín a un click de distancia: Museé de l’Orangerie.

monet nenufares
Claude Monet. Puente sobre un estanque de nenúfares. 1889. Museo Metropolitano de Nueva York, Estados Unidos (Fuente: The Met).

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