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20 de noviembre

Miguel Ángel Sánchez de Armas


Juego de Ojos

Ejército de Pancho Villa (Foto: La Bandera Noticias).

martes 20 de noviembre de 2018

Me confieso tradicional y anticuado. Me gusta imaginar que en otra vida fui un caballero decimonónico. Soy de los que cantan fuerte y de pie el Himno Nacional, se emocionan con las películas de Pedro Infante y jamás critican a su país en el extranjero.

En el sexto año “A” de la escuela 11-233 Florencio M. Del Castillo y bajo la mirada generosa del maestro Toledo, fui el orador en la ceremonia de fin de cursos que nos puso, chavales nerviosos, camino a la educación secundaria, preparatoria y universitaria, siempre oficiales y populares. Recuerdo que comparé nuestros pobres salones de escuela pública con el Gran México y a los maestros con los Héroes que nos dieron Patria.

No me apena decir que se me hace un nudo en la garganta cuando el cielo se ilumina con el reflejo de los fuegos artificiales en la noche de la Independencia y la bandera se mece a los acordes del Huapango de Moncayo. También sostengo que en el mundo no existe aire musical más tierno que los ojos de papel volando de la mujer mexicana.

Mi abuelo paterno, de quién heredé el nombre, fue revolucionario. Salió de su casa en los altos de Jalisco y se fue con los villistas. Anduvo en la División del Norte y con Los Dorados y volvió a su pueblo para formar una familia y ayudar en la construcción del nuevo México como albañil y yesero. Ya muy anciano no podía explicarse bien a bien por qué después de tanto dolor, de tanta sangre y de tantos muertos, los pobres seguían igual de jodidos que antes de la Revolución y los ricos eran más ricos.

ejército revolucionario

Pancho Villa y la División del Norte, 1914 (Foto: Library of Congress, Washington D. C., EU).

Muchos nos hacemos la misma pregunta. ¿Por qué si somos tan ricos estamos tan pobres? ¿Por qué si somos herederos de grandes y vigorosas culturas tenemos tantas debilidades sociales y nuestra imagen en el mundo está tan deslavada? ¿Por qué si en las entrañas de nuestra tierra yacen enormes riquezas hay mexicanos que sobreviven en peores condiciones que en las zonas de guerra del Medio Oriente? ¿Por qué si el siglo pasado abanderamos la lucha por la educación, hoy nuestro sistema escolar está devastado? ¿Por qué en el país que dio ejemplos de moral social y política se dan los degradantes espectáculos de estos días? ¿Por qué en la tierra en donde se dio la primera revolución social del siglo XX hoy campea la desigualdad, la marginación, la falta de oportunidades y una brutal impunidad?

Serán muchas las respuestas posibles a estas y otras preguntas. Pero yo no soy ningún sociólogo, sino un reportero que tiene ojos y ve lo que pasa a su alrededor y lo compara con lo que ha visto en otros países. Pienso que un primer paso para sacudirnos las pesadas cargas que nos lastran para avanzar hacia un mejor país, es conocer y aceptar nuestra historia. Los mexicanos somos los maestros del subterfugio. En Sudáfrica hay un Museo del Apartheid para que nadie olvide esos años horribles. En Polonia, en Alemania, en Estonia, en Francia, donde hubo campos de concentración nazis hay memoriales que alertan de lo que sucede cuando la locura secuestra a la política. En Israel hay recintos en donde se conserva la memoria del dolor del Holocausto. En México conmemoramos el aniversario de nuestra Revolución con un desfile deportivo y aún no podemos aceptar que Cortés y Díaz pusieron su impronta en el país en el que vivimos.

Nuestra historia oficial es una esquizofrenia de ángeles y demonios, de buenos y malos. Denostamos al dictador general Díaz, pero una calle recuerda al coronel héroe del 2 de abril. ¡Como México no hay dos, hijos de tal por cual!

Porfirio Díaz

‘Batalla del 2 de abril’, José Cusachs, Museo Nacional de Historia, INAH.

El síndrome de la crinolina describe nuestro miedo a llamar las cosas por su nombre. En México no hay niños de la calle, sino menores en situación extraordinaria. No hay indígenas que mueren de hambre, sino poblaciones vulnerables. No existen lisiados, tullidos, mancos o ciegos, sino ciudadanos con capacidades diferentes. Vaya, ni siquiera tenemos ancianos, sino adultos mayores -o como sea que ahora se les llame a los más que sesentones como yo-.

Pero como buenos mexicanos, encontramos consuelo: los males que padecemos no son consecuencia de nuestros errores sino del imperialismo yanqui, del nuevo orden mundial y de las clases políticas de todas las corrientes. Somos un país periférico y dependiente, ¡qué le vamos a hacer! Nuestra única esperanza es la Virgen de Guadalupe…

Creo que debemos recuperar, conocer y aceptar nuestra historia. Creo que el 20 de noviembre debiera ser una jornada de lucha contra la inequidad, contra la impunidad, contra la corrupción y contra la simulación. Sólo así honraríamos la memoria de quienes dieron su sangre porque creyeron que era la única manera de cambiar las cosas.

Miguel Ángel Sánchez de Armas

 

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Sobre Miguel Ángel Sánchez de Armas

Miguel Ángel Sánchez de Armas
Doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad de Sevilla y diplomado en estudios avanzados por la misma institución, Maestro en Comunicación por la UPAEP y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, se ha desempeñado en la academia, en la docencia, en el periodismo y en la comunicación institucional. Fue discípulo de Manuel Buendía, en cuya memoria estableció la fundación que lleva el nombre del periodista asesinado en 1984. Fundó las revistas Mexicana de Comunicación, Mexicana de Cultura Política y Mexican Journal of Communication. Milita en organizaciones de comunicadores de México y de América Latina y es integrante de la Academia de Historia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Ha ocupado asientos en congresos nacionales e internacionales y fue miembro de la Junta de Gobierno del International Institute of Communications de Londres. Entre sus publicaciones figuran El peligro mexicano: comunicación y propaganda en la expropiación petrolera de 1938; Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia; En estado de gracia: conversaciones con Edmundo Valadés; Medio pan y un libro y Retrato del General. Fue jurado del Premio Nacional de Periodismo, consejero electoral propietario en el D.F., recipiendario del “Micrófono de oro” de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España y becario Ashoka. Desde 1990 escribe la columna semanal “Juego de ojos” que publican diversos medios en México, Estados Unidos, España y Centroamérica. Su ficha curricular está incluida en el Diccionario biográfico mexicano.