El cuento del Mercado

Lectura: 3 minutos

#ElCuentoDelMercado

Había una vez un mercado que era famoso por la calidad y variedad de productos que ahí se vendían.

Se veían frutas y verduras de la mayor calidad. Los cárnicos y los quesos que se mostraban en las vitrinas refrigeradas eran variados, abundantes y de excepcional calidad. Las marchantas presumían el color de sus limones y el sabor de sus aguacates. Los pasillos, repletos de puestos, eran recorridos por un sinnúmero de personas, todos los días.

La “seño” Genoveva era una cliente asidua del mercado. Ahí siempre encontraba todo lo que buscaba. Una vez por semana, los lunes, iba al mercado y compraba lo que necesitaría para la semana. Le daba orgullo llegar ahí y ver todos los productos que podía comprar. Ya tenía a sus marchantas consentidas, con las que llegaba y compraba la misma calidad que en otros puestos, pero a mejor precio. De repente compraba en otros puestos que estaban de oferta, y sus marchantas de cabecera veían cómo le hacían para mejorar los precios de sus productos cada semana.

mercado Jamaica flores

Había una señora, la marchanta María, que siempre complacía a la seño Genoveva.

—Pásele, señito —le decía María— hoy sí le tengo sus aguacates al precio que le compró la semana pasada a mi comadre Perlita. Ya sé que usté siempre anda buscando mejor precio, y yo se lo consigo, jefecita.

A la seño Genoveva le encantaba ese gesto de María. Igual le pasaba con don Jacobo, que le vendía la carne; y con la señora de las flores quien, para colmo, se llamaba Azucena. Todos siempre andaban buscando a los mejores proveedores para ofrecer mejores productos y a muy buenos precios.

La limpieza del mercado era de notarse. Una compañía independiente era la que limpiaba los pasillos y baños, y acomodaban los puestos en las noches cuando cerraba ese galerón.

Mercado México

Un día, doña Genoveva llegó al mercado y lo notó más sucio que otras veces. Encontró a su marchanta Azucena y se lo comentó. La señora de las flores le contestó que ya no estaban pagando el servicio de limpieza, por lo que ahora a cada puesto le correspondía limpiar su pedazo.

Unas semanas más tarde, a la seño Genoveva le extrañó ver que el puesto refrigerado de don Jacobo estaba cerrado y con los refrigeradores apagados, por lo que tuvo que comprar su carne en otro puesto de menor calidad. El problema es que unas semanas después, ya muchos de los puestos se habían quitado. Cada vez había menos puestos, e incluso los de frutas y verduras se fueron cerrando. Unos antes y otros después.

A la marchanta María, a quien antes se le veía optimista, siempre buscando vender sus productos con calidad y oportunidad, ahora se le veía triste, sin brillo; como si le hubieran quitado algo. Ya sus productos no eran tan buenos, pero doña Genoveva se los compraba a ella porque la realidad era que, en todo el mercado, los productos habían tenido una baja en su calidad.

Unas semanas mas tarde, cuando la seño Genoveva llegó al mercado, lo vio cerrado, y se encontró a unos muchachos que sacaban algunos materiales del lugar, se acercó a ellos y les preguntó:

–¿Qué ha pasado? ¿Por qué está cerrado el mercado?

Los muchachos se miraron entre sí y no supieron qué decir. Ya se estaban yendo cuando uno de ellos volteó a ver a doña Genoveva y le dijo:

–Yo no entiendo mucho seño, pero mi jefe me dijo que el mercado se cerró porque alguien tuvo la ocurrencia de fijar los precios.

Y colorín colorado, este cuento del Mercado se ha acabado.

0 0 votos
Calificación del artículo
Subscribir
Notificar a
guest
1 Comentario
Más viejo
Nuevo Más Votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
martha Noemì Zapata

Libre mercado, siempre!

1
0
Danos tu opinión.x