Consumir a consciencia

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#ConsumirAConsciencia

Voy a iniciar este artículo haciéndole al lector una pregunta: ¿cuántas cosas tiene guardadas en su casa, que no utiliza? Seguro muchísimas y a esa primera pregunta le puedo agregar una segunda: ¿cuántas cosas ni siquiera las usó? Aquí el número podrá disminuir, pero estoy seguro que muy pocos se salvan de ese pequeño dispendio que es comprar “algo” que luego no se usa o no se consume. Hemos creído que entre más tenemos más felices somos, y así nos hemos organizado, sobre todo los países occidentales. Hoy quiero reflexionar un poco sobre este tema. Que hagamos un alto en el camino y pensemos qué tan importante es tener. Me encanta oír frases como: “Ese señor era tan pobre que lo único que tenía era dinero”. No me vayan a malinterpretar pensando que no estoy a favor de que se haga dinero, o que éste se utilice no sólo para cubrir nuestras necesidades básicas, sino para comprarse cosas padres y disfrutarlo. El problema es cuando se vuelve uno eso. Un consumidor y un acumulador que olvidó todo lo demás. En México estamos muy influenciados por el país más consumista del mundo, Estados Unidos, y esa voracidad consumista de nuestro vecino del norte ha permeado en nuestra Gran Tenochtitlán.

Los raudales de información que por medio de un click inundan nuestros celulares, llegan siempre acompañados de ofertas; de cosas para comprar. Ya prácticamente ningún video de YouTube se salva de ser interrumpido por un anuncio que ofrece algo. En nuestra vida cotidiana recibimos día a día, y de diferentes maneras, ofertas de servicios y productos de todo tipo. Es un bombardeo constante de información que invita al consumo rampante. Si no hacemos consciencia, terminamos comprando cosas que realmente no necesitamos. Philip Graves, autor experto en conductas del consumidor, señala en su libro “¿Por qué consumimos?” que el consumidor toma decisiones rápida y eficientemente, de manera inconsciente. ¡Y cómo no! Si las 24 horas del día nos están incitando a comprar de esto y de aquello. No estoy tan claro en cuán eficientes son dichas compras para nosotros los consumidores, pero no me queda duda que lo hacemos de forma inconsciente.

Entonces, la frase clave es: hacer consciente lo que hoy no lo es. Yo ya estoy trabajando en eso y estoy haciendo el siguiente ejercicio que consta de hacerme dos preguntas y que de algo me ha servido (me confieso un comprador compulsivo). Primero, ¿necesito realmente esto que me voy a comprar?; y segundo, ¿si tengo algo similar, estoy dispuesto a donarlo, venderlo, regalarlo o cualquier cosa que no me haga acumularlo junto con eso nuevo que estoy adquiriendo?; si me respondo que si a las dos, voy de gane y ya compré ese producto o servicio. Si dudo, no lo hago, o por lo menos intento no hacerlo, aunque a veces me gane la inconsciencia.

Reflexionemos sobre este mensaje que se le atribuye a Buda que dice: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”; y ocupémonos más en ser, que en tener. Estoy seguro que eso nos hará personas más felices y plenas. Sobre hacer consciencia, eso nos servirá en todos los ámbitos de nuestra vida.

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