El enorme corazón de Karina Gidi

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El teatro es el medio donde los actores pueden ejercer su trabajo a detalle. A diferencia del cine donde la verdadera (oculta) estrella es el director, o de la televisión donde los guiones y la dirección de cámara son superlativos, la experiencia teatral brinda a los asistentes un viaje que comanda la imaginación del actor. Si el intérprete puede imaginar una realidad, el público la pueda sentir, se puede emocionar con ella.

En el teatro no hay trucos, no hay efectos especiales, no hay edición. Aunque se tenga la escenografía más pirotécnica, el vestuario más costoso o una exquisita iluminación, sin un actor sensible a su mundo interior nada funciona.

Siempre es digno de celebración encontrar a un actor dispuesto a arriesgarse con su trabajo; llevar al límite su terreno imaginario para traducirlo con su cuerpo y voz. Un ejemplo para celebrar y admirar lleva el nombre de Karina Gidi. Ella ha contado historias que van desde lo ortodoxo hasta lo experimental; tiene en su carrera interpretaciones brillantes gracias a la ayuda de grandes directores; el año pasado ganó el premio a la Mejor Actriz por parte de la Asociación de Críticos y Periodistas Teatrales por la exitosa obra “Incendios” dirigida por Hugo Arrevillaga.

Pero ¿qué la hace tan especial? Sus recursos y habilidades para simpatizar con el público. Más allá de lo necesario para actuar, de las virtudes del riesgo, Gidi encanta al espectador para sintonizarlo en la misma frecuencia emocional que tiene cada uno de sus personajes. Gracias a su trabajo, conoces las vísceras de las mujeres representadas sin posibilidad de desconectarte de ellas.

Este mes está trabajando en la obra “La pequeña habitación al final de la escalera” de Carole Frechette. Cuenta la historia de una mujer que, al casarse con un hombre millonario y en apariencia encantador, se va a vivir a una casa enorme donde tiene prohibida la entrada a una pequeña covacha; ésta se convierte en un simbolismo de la permanente insatisfacción de su vida.

¿Qué pasa si abre la puerta y conoce el diminuto cuarto? ¿Cuáles serían las consecuencias de enfrentarse al miedo que engendra la insatisfacción? En este viaje, la acompañan un marido con demasiados secretos; la madre con las fallas de la sobreprotección; una hermana atrapada en la envidia y los celos; y una sirvienta enamorada secretamente del señor de la casa.

El texto trabaja demasiado con la sensorialidad; necesita, en su papel protagónico, una actriz extra-ordinaria para transmitir al espectador los colores, texturas, sabores, olores, espacios a pesar de su ausencia; evocarlos. Gidi cumple el objetivo y magnetiza los ojos del público de principio a fin; siempre me sorprende la sutileza en sus interpretaciones: parece que no hace ningún esfuerzo para lograr verosimilitud en sus personajes, sin embargo, está haciendo todo el esfuerzo del mundo.

El grupo de actores hace lo necesario para el lucimiento de Gidi. No estoy hablando de una deficiente calidad actoral, sino más bien de una necesidad del texto que obliga a los intérpretes a entender la fuerza de la protagonista, Gracia, para lograr cierta mesura respecto a ella. La dirección de Mauricio García Lozano plantea un sorprendente movimiento escénico al dibujar trayectos parecidos a los de un laberinto en un espacio pequeño; la ligereza en el ritmo y la claridad en la construcción de personajes permiten entender la historia a pesar de la fuerte carga simbólica.

La escenografía de Jorge Ballina es discreta pero con una gran sentido de la funcionalidad; ayuda a recrear las atmósferas adecuadas en los momentos más oscuros. A nivel de texto dramático, le haría falta una conclusión contundente a los personajes secundarios; Gracia es la estrella de la obra pero se requiere una resolución de conflicto en los argumentos circundantes; la adaptación del francés al español tiene ciertas expresiones alejadas del uso coloquial del lenguaje y eso le resta puntos para la empatía con la historia.

“La pequeña habitación al final de la escalera” es una celebración para la trayectoria de Karina Gidi. Vale la pena ir a conocer su disciplina extraordinaria, su capacidad inconmesurable para emocionar al espectador y quedar magnetizados por su enorme amor al teatro.

“La pequeña habitación al final de la escalera”
De: Carole Frechette
Dirección: Mauricio García Lozano
Foro la Gruta del Centro Cultural Helénico (Avenida Revolución 1500 colonia Guadalupe Inn)
Lunes 20:30 hrs.

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