Juan Pablo II

El Estado laico y la Virgen de Guadalupe

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Ciertamente que una “abrumadora” mayoría de mexicanos es católico, ciertamente también que eso es un derecho consagrado en nuestra Constitución Política. Entonces de igual forma, cada persona puede de acuerdo con sus convicciones religiosas, declararse guadalupana, o seguidora de la santa muerte o de Valverde, con eso no tengo problema. Nadie debemos de tener problema, pero otra cosa muy diferente es cuando la autoridad se declara guadalupana, con esto sí tengo problema, y todos deberíamos tenerlo.

En 1990 en el marco de la visita del Papa Juan Pablo II a México y particularmente a Monterrey, se instaló a un costado de una de las avenidas más importantes de la ciudad, la avenida Constitución, una imagen monumental de la virgen de Guadalupe.

La imagen forjada en acero tiene un peso aproximado de 10 toneladas y una altura de 13 metros. Pues bien, esa escultura fue derrumbada y sepultada en el lecho del río Santa Catarina en julio del 2010 por el huracán Alex, y ahora 10 años después con el paso del huracán Hanna, la imagen-escultura reapareció nuevamente.

virgen de guadalupe monterrey
Fotografía: Reporte Índigo.

Como buenos guadalupanos, decenas de regios se dieron cita en torno a la imagen de la virgen semi enterrada, unos se conformaban con verla, otros más con tocarla y algunos más recogían piedras cercanas a la imagen o bien agua estancada que consideraban como bendita, según reportaron los diferentes medios de comunicación local.

Hasta aquí la historia no tiene mayor trascendencia, pues como adelanté, cada quien puede creer en lo que desee, yo por ejemplo sigo creyendo en Tláloc y estoy convencido que las últimas lluvias en mi ciudad son producto de que él hizo caso de mis plegarias.

Nunca imaginé que mis rezos a un dios derivaran en la reaparición de una virgen, pero bueno, insisto en que cada quien le reza a quien quiere, en lo que sí no estoy de acuerdo, es que con recursos públicos nuestro guadalupano alcalde de Monterrey inmediatamente ordenó que cuadrillas de la Dirección de Servicios Públicos municipales acudieran a desenterrar a la virgen.

También con recursos públicos –hoy por hoy escasos, escasísimos– se gastó en grúas y transporte pesado para trasladar la imagen de la virgen a un taller en donde será reparada. No lo han dicho, pero sospecho que dichos costos también serán cubiertos con recursos públicos.

desvio de recursos
Imagen: Pinterest.

Eso sí que no se vale, menos en el momento actual, en donde cada peso del erario debería estar destinado al combate a la pandemia del COVID-19. No es correcto y es éticamente censurable que un funcionario público o varios –el alcalde, el director de servicios públicos y quién sabe cuántos más– estén desviando dinero para el rescate de una imagen que, como adelanté, pesa toneladas. No importa si son muchos los seguidores de esta virgen porque por más que sean no son la totalidad, por más que nuestro pueblo sea guadalupano, el mandato constitucional para los servidores públicos es que deben actuar bajo el principio de laicidad.

En realidad, lo que está haciendo el alcalde (et al.) es un delito, ya que está desviando recursos para una causa que no está y no debe estar entre las obligaciones de un Ayuntamiento.

Si fuéramos una sociedad que respeta la pluralidad, una sociedad verdaderamente democrática y laica, estas cosas no deberían de suceder. Lamentablemente, todo indica que nuestras autoridades son católicas, apostólicas, romanas y guadalupanas. Una pena, una vergüenza, ver este tipo de espectáculos.


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El pensamiento católico sobre la dignidad y la vocación de la mujer

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La interpretación de la Iglesia de algunos textos bíblicos y de su tradición milenaria (el aggiornamento), reconoce la aportación insustituible y la influencia de la mujer en el mundo contemporáneo, a tal grado, que la hace representante y arquetipo de todo el género humano, descubre en Dios cualidades femeninas, reconoce la igualdad esencial entre hombre y mujer en el matrimonio, así como los derechos de la mujer, incluyendo el de su desarrollo profesional, sin oponerlo y sin menospreciar su primordial trabajo en el hogar familiar y en la educación de la prole, derivado de su rol exclusivo en la maternidad.

Se sea o no creyente de la trascendencia de la vida, y se sea o no practicante de alguna religión, puede interesar al lector conocer o profundizar en la visión que la Iglesia Católica tiene sobre la dignidad y la vocación de la mujer, especialmente en estos momentos en que todos nos inquietamos ante la magnitud de los feminicidios que ocurren en el mundo entero y en nuestro país en particular.

mujer torturada
“El martirio de Santa Águeda”, Sebastiano del Piombo (1520).

Aunque la Iglesia ha producido una enorme cantidad de documentos sobre el tema, el documento principal de la época moderna es la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II, precisamente sobre la dignidad y la vocación de la mujer, publicada en 1988. Se trata de la continuación de los documentos del Concilio Vaticano II que reconocían ya la influencia, el peso y el poder alcanzados por la mujer en el mundo y la ayuda que pueden dar a que la humanidad no decaiga.

El principio bíblico en el que se funda esa visión es el que señala que “creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó” –el humanum integrum conforme al cual los dos sexos constituyen lo humano–.  El texto reconoce la igualdad esencial entre el hombre y la mujer desde el punto de vista de su humanidad. Se trata de la compañera de la vida con la que el hombre se puede unir como esposa, llegando a ser una sola carne y abandonando por esto a su padre y a su madre. El hecho de que el ser humano, creado como hombre y mujer sea imagen de Dios, significa que hombre y mujer son creados como unidad de los dos en su común humanidad, existen recíprocamente el uno para el otro, para la ayuda recíproca y complementaria, desde las diferencias que existen entre ellos.

Aunque Dios es espíritu y no posee en sí mismo cualidades masculinas ni femeninas, en el lenguaje bíblico se encuentran comparaciones que atribuyen a Dios cualidades masculinas y también femeninas. En efecto, al referirse al supuesto abandono de Yahveh, se utiliza las siguientes analogías femeninas “¿acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?”, y “como uno a quien su madre lo consuela, así yo os consolaré”, se trata del amor femenino de la madre como característica de Dios. 

primera mujer y primer hombre
“Adán y Eva”, grabado de Durero (1504).

La descripción bíblica del pecado original en el Génesis, independientemente de la distribución de papeles entre Adán y Eva, es pecado del hombre, creado por Dios varón y mujer, esto es de nuestros progenitores. Con claridad meridiana en la Carta Apostólica se sustenta la igualdad entre hombre y mujer en el matrimonio y que “la mujer no puede convertirse en objeto de dominio y de posesión masculina”, como algunos textos antiguos señalan. Se reconoce que en nuestro tiempo la cuestión de los “derechos de la mujer” ha adquirido un nuevo significado y se acepta la justa oposición de la mujer frente a lo que expresan las palabras bíblicas en torno al matrimonio de “él te dominará”, pero se señala que esto no puede conducir a la masculinización de las mujeres, pues perderían su riqueza esencial, ya que los recursos personales de la feminidad no son menores que los recursos de la masculinidad, son sólo diferentes.  

Cristo fue ante sus contemporáneos el promotor de la dignidad de la mujer, pues era cercano a ellas, a grado tal que los fariseos lo acusaban por recibir a pecadoras y permitirles ungir sus pies con aceite perfumado. En el Evangelio aparecen gran número de mujeres de diversa edad y condición, incluso pecadoras públicas y adúlteras. Ante la mujer sorprendida en adulterio, Jesús parece cuestionar a los acusadores: “¿no es quizás también y, sobre todo, la confirmación de vuestras transgresiones, de vuestra injusticia masculina, de vuestros abusos?”, Jesús también protege la dignidad de la mujer al decir al hombre, en el Sermón de la Montaña, “todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

En cuanto a las mujeres cercanas a Jesús, se recuerda a aquellas que estaban a sus pies en la cruz, su madre, la hermana de su madre y María Magdalena, quienes mostraron una fidelidad más fuerte que los apóstoles. También fueron mujeres las primeras en llegar al sepulcro a constatar la resurrección, todo lo cual pone de manifiesto la importancia que la tradición dio a la mujer desde los primeros tiempos.

mujer con manto de jesus
“Santa Verónica”, Hans Memling (1475).

Con su potencial maternidad, la mujer es la que paga directamente por ese común engendrar, que absorbe las energías de su cuerpo y alma, por lo que el hombre contrae una deuda con ella. El hombre se encuentra siempre fuera del proceso de gestación y nacimiento del niño y debe conocer su propia paternidad a través de la madre. La mujer como madre y como primera educadora del hombre tiene precedencia específica sobre el hombre. El paradigma bíblico de la mujer culmina en la maternidad de la Madre de Dios y se materializa en la Carta a los Efesios al decir “maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”, “el que ama a su mujer se ama a sí mismo”.

En la Conclusión de la Carta Apostólica, la Iglesia da gracias por todas las mujeres, al genio femenino de todos los tiempos, tanto por las que velan por el ser humano en la familia y por las consagradas a Dios en su virginidad, como por las que trabajan profesionalmente, cargadas de gran responsabilidad social.

Como se podrá apreciar, no coincide con el pensamiento católico, aquél que use, abuse, se aproveche, denigre o maltrate a una mujer. Ahora todos tenemos la oportunidad de construir juntos una cultura renovada de la igual dignidad de la mujer y del hombre, aplicada en todos aquellos aspectos familiares, religiosos y sociales. Ojalá no la desaprovechemos.


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